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sábado, 14 de febrero de 2026

 


QUISAS TE HAYA PASADO .....EN ALGUN MOMENTO DE TU VIDA ..

POR QUE SOY ANARQUISTA

Me puse político después de sufrir mi primer ataque racista a los siete años. No entendía ninguna teoría política, solo sabía que me habían ofendido, y sabía que había otra manera. Unos años más tarde, cuando tenía quince años, un vehículo policial marcado me paró cuando caminaba en Birmingham a primeras horas de la mañana, tres policías salieron del coche, me empujaron hacia la puerta de una tienda y luego me golpearon. arriba. Regresaron a su auto y se marcharon como si nada hubiera pasado. No había leído nada sobre política policial, ni nada sobre la llamada ley y orden, solo sabía que me habían ofendido. Cuando obtuve mi primer trabajo como pintor, no había leído nada sobre la teoría de las luchas de la clase trabajadora o cómo los ricos explotaban a los pobres, pero cuando mi jefe aparecía cada dos días en un superdeportivo diferente,

Crecí (como la mayoría de las personas que me rodean) creyendo que el anarquismo significaba que todos se estaban volviendo locos y el fin de todo. Soy muy disléxico, por lo que a menudo tengo que usar un corrector ortográfico o un diccionario para asegurarme de que he escrito las palabras correctamente. Escuchaba palabras como Socialismo y Comunismo todo el tiempo, pero incluso los socialistas y comunistas con los que me encontré tendían a despedir a los anarquistas como un grupo marginal, a quien siempre culpaban si había problemas en las manifestaciones o soñadores. Incluso ahora, acabo de marcar un corrector ortográfico y describe el anarquismo como caos, desorden, caos y desorden. Me gusta el desorden, pero para la persona "promedio", el desorden significa caos, desorden y caos. Las mismas cosas que se les dice que teman más.

Lo mejor que he hecho por mí mismo es aprender a pensar por mí mismo. Comencé a hacer eso a una edad temprana, pero es realmente difícil hacerlo cuando hay cosas a tu alrededor todo el tiempo que te dicen cómo pensar. El capitalismo es seductor. Limita su imaginación, y luego le dice que debería sentirse libre porque tiene opciones, pero sus opciones se limitan a los productos que le presentan, o los límites de su imaginación ahora limitada. Recuerdo haber visitado São Paulo hace muchos años cuando introdujo su Ley de Ciudad Limpia. El alcalde no se convirtió repentinamente en anarquista, pero se dio cuenta de que las personas de marketing continuas y ubicuas a las que estaban sujetos no solo eran feas, sino que distraían a las personas de sí mismas. Así que se retiraron más de 15,000 vallas publicitarias de marketing. Autobuses, taxis, Todos los anuncios de neón y de papel estaban prohibidos. Al principio parecía un poco extraño, pero en lugar de mirar, o tratar de no mirar anuncios publicitarios, caminé, y mientras caminaba miré a mi alrededor. Descubrí que solo compré lo que realmente necesitaba, no lo que me dijeron que necesitaba, y lo más notable fue que me reuní y hablé con personas nuevas todos los días. Estas conversaciones tendieron a ser relevantes, políticas y significativas. El capitalismo nos mantiene compitiendo entre nosotros, y las personas que manejan el capitalismo realmente no quieren que hablemos unos con otros, no de manera significativa

No voy a continuar con el capitalismo, el socialismo o el comunismo, pero está claro que una cosa que todos tienen en común es su necesidad de poder. Luego, para respaldar su impulso por el poder, todos tienen teorías, teorías sobre el poder y lo que quieren hacer con el poder, pero ahí radica el problema. Teorías y poder. Me convertí en anarquista cuando decidí abandonar las teorías y dejar de buscar el poder. Cuando dejé de preocuparme por esas cosas, me di cuenta de que la verdadera anarquía es mi naturaleza. Es nuestra naturaleza. Es lo que estábamos haciendo antes de que llegaran las teorías, es lo que estábamos haciendo antes de que nos animaran a competir unos con otros. Se han escrito algunas grandes cosas sobre el anarquismo, y supongo que eso es teoría anarquista, pero cuando trato de hacer que mis amigos lean estas cosas (estoy hablando de libros grandes con grandes palabras), Tienen dolores de cabeza y se alejan. Entonces, apago la publicidad (la televisión, etc.) y me siento con ellos, y les recuerdo lo que pueden hacer por sí mismos. Les doy ejemplos de personas que viven sin gobiernos, personas que se organizan, personas que han recuperado su propia identidad espiritual, y entonces todo tiene sentido.

Si seguimos hablando de teorías, entonces solo podemos hablar con personas que son conscientes de esas teorías, o tienen teorías propias, y si seguimos hablando en torno a las teorías, excluimos a muchas personas. Las mismas personas que necesitamos alcanzar, las mismas personas que necesitan librarse de las cadenas de la esclavitud capitalista y moderna. La historia de Carne Ross es inspiradora, no porque escribió algo, sino porque la vivió. Me encanta el trabajo de Noam Chomsky y me encanta la forma en que la abuela de Stuart Christie lo convirtió en un anarquista, pero estoy aquí porque entiendo que la policía racista que me golpeó tiene el estado detrás y el estado mismo es racista. Estoy aquí porque ahora entiendo que el jefe-hombre que me explotó para hacerse rico no se preocupaba por mí. Estoy aquí porque sé cómo los Marrons en Jamaica se liberaron y tomaron las colinas y demostraron a todas las personas esclavizadas que ellos (los Marrons) podían arreglárselas. No me malinterpretes, me encantan los libros (soy escritor, por cierto), y sé que necesitamos personas que piensen profundamente, todos debemos pensar profundamente. Pero mis mayores inspiraciones provienen de las personas de la vida cotidiana que dejan de buscar el poder para sí mismos, o buscan a los poderosos para rescatarlos, y hacen la vida por sí mismos. He conocido a personas que viven el anarquismo en India, Kenia, Jamaica, Etiopía y Papua Nueva Guinea, pero cuando les digo que son anarquistas, la mayoría me dirá que no han oído hablar de esa palabra, y lo que están haciendo es natural. y sin complicaciones. Soy anarquista porque me han hecho daño, y he visto que todo lo demás falla.

Pasé los fines de los setenta y los ochenta viviendo en Londres con muchos activistas exiliados del ANC. Después de una larga lucha, Nelson Mandela fue liberado y los exiliados regresaron a sus hogares. Recuerdo haber visto una foto del primer gobierno elegido democráticamente en Sudáfrica y darme cuenta de que conocía a dos tercios de ellos. También recuerdo haber visto una foto del recién elegido gobierno de Blair (Nuevo Laborista) y darme cuenta de que conocía a una cuarta parte de ellos, y en ambas ocasiones recuerdo cómo me llené de esperanza. Pero en ambos casos, no pasó mucho tiempo para ver cómo el poder corrompió a tantos miembros de esos gobiernos. Estas eran personas a las que llamaría y dirían: "¿Qué estás haciendo?", Y la respuesta siempre fue algo como "Benjamin, no entiendes cómo funciona el poder". Bueno lo haré. Joder el poder, y vamos a cuidarnos unos a otros.

La mayoría de la gente sabe que la política está fallando. Eso no es una teoría o mi punto de vista. Pueden verlo, pueden sentirlo. El problema es que simplemente no pueden imaginar una alternativa. Les falta confianza. Simplemente borré toda la publicidad, apagué la "visión de mentira" y comencé a pensar por mí mismo. Entonces realmente empecé a conocer gente y, créanme, no hay nada mejor que conocer gente que se lleva la vida, dirigiendo granjas, escuelas, tiendas e incluso economías, en comunidades donde nadie tiene poder.

Por eso soy anarquista.

Benjamín Zephaniah es escritor, poeta y anarquista. Su último libro es La vida y las rimas de Benjamin Zephaniah (Simon and Schuster).

 


 


 


El compañero y además amigo Juan Colino, ha publicado una carta dirigida al señor González, cuyo contenido comparto literalmente de principio a fin.

Para los que no lo hayan podido leer, ahí va su contenido:

"Felipe González. Eres un poco mayor que yo. Nos

conocimos en torno al año 1975. Por esa época te

acompañe en un viaje raro clandestino a Yugoslavia. Nos hemos saludado con respeto en

varias ocasiones. La ultima fue en San Sebastián en el funeral de Txiqui Benegas. Tenemos algunos

amigos comunes.

He defendido tu obra política porque es también la

de nuestra generación. Somos muchos los mimbres, muchos también sin renombre (hace unos días murió en Toledo, Manuel Fuentes Lazaro, y unos meses antes Paco Fernández Marugan) los que nos unimos a tu indiscutible liderazgo para conseguir que España fuese un país democrático, y que participase como el resto de las democracias en esa realidad lamada entonces Mercado Común. Mi aportación a esa obra es seguramente mínima. Lo mucho o poco que pude aportar a la reconstrucción del PSOE en Valladolid, y en Castilla y León, por mi trabajo como Diputado en el Congreso y posteriormente como Eurodiputado.

Por ello te aseguro que no reniego en absoluto de la enorme labor realizada bajo tus Presidencias,

incluidas aquellas actuaciones más incomprendidas.

Pero sí me parecen injustas tus recientes manifestaciones. Magnificadas y ampliadas, como no puedes desconocer que sucedería por ciertos

medios. Me referiré a dos. Lo de "yo no votare al

PSOE de Pedro Sánchez" y a una "cierta equivalencia entre VOX y Bildu", aunque haciendo

de peor condición a Bildu, rematada con un dardo

contra la Consejera de Justicia del País Vasco, de

procedencia socialista.

¿Te imaginas Felipe, nuestra reacción, sí algún

compañero entre los años 1974 y 1993, en

cualquiera de los niveles desde una Agrupación Local al Comité Federal hubiese dicho eso de yo no votaré al PSOE?. Imagino tu respuesta, "Coño, qué haces aquí?

Sobre la segunda manifestación quiero pensar que tienes mucho que matizar. Bildu es también el

esfuerzo de muchos socialistas, vascos en primer

lugar, pero también de otras partes de España, que

pese a su dolor, sus lágrimas, su rabia, la

incomprensión se esforzaron porque el terrorismo

dejara las armas y decidiese hacer política con la

palabra. De eso hace ya unos cuantos años. Hay una renuncia real, evidente al terrorismo y desde luego no he oído a ninguno de Bildu volver a ensalzar al terrorismo. Pero de VOX no puedo decir lo mismo. En el mismo Congreso han ensalzado al golpe de estado de 1936. Se han negado a repudiar el golpe de estado contra la República. Juzgan la etapa del franquismo como necesaria y exitosa. En los acuerdos a que llegan con el PP se niegan a hacer efectiva cualquier medida ligada a la recuperación de nuestra Memoria histórica. Las palabras con que el Sr. Abascal, define día tras día al Gobierno, de "club mafioso", "asesino" no son precisamente halagos y tengo claro que su gobernación supondría un importante retroceso de las libertades

Solo encuentro una explicación. Tu mandato estuvo recorrido por la lacerante presencia del terrorismo, por el sufrimiento moral y emocional que nos producía. Pero hoy, año 2026, el caballo que cabalga, se llama exclusión del diferente, sea por sexo, raza, inclinación sexual, autoritarismo, particularismo, destrucción de Europa, sometimiento a la ley del más fuerte.

Con todo mi respeto y aprecio, Juan Colino Salamanca".

 


 


 

Óscar Puente se acuerda de Zapatero para reaccionar al vínculo de Aznar con Epstein y el enfado en el PP: "Ni que hubiéramos dicho"

El ministro ha rescatado la polémica y ha denunciado lo que considera un doble rasero al comparar las informaciones sobre ambos casos

Chistina Duran

13-2-26

ElPlural



El ministro de Transportes de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, ha reaccionado con ironía al comunicado difundido por la fundación FAES en el que el expresidente del Gobierno José María Aznar advertía de que no tendría ningún problema en acudir a los tribunales si desde el Ejecutivo se le seguía vinculando con el depredador sexual y financiero Jeffrey Epstein.

Puente ha respondido a través de su perfil oficial en la red social X con un mensaje cargado de sarcasmo: “¡¡¡Ni que hubiéramos dicho que pertenece al cartel de los soles!!! Ah no, que eso es lo que dicen ellos de ZP”. Con esta frase, el ministro ha contrapuesto la amenaza legal de Aznar con las acusaciones que distintos sectores de la derecha llevan lanzando desde hace varios meses contra el también expresidente José Luis Rodríguez Zapatero.

La reacción de Puente ha llegado después de que FAES publicara una nota en la que censuraba unas palabras del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, quien durante una sesión de control recordó que Aznar figuraba en los llamados “papeles de Epstein”, aunque subrayó que no acudía al Congreso “a traer acusaciones”. Tras ello, desde el entorno de Aznar tomó cartas en el asunto y advirtieron de posibles acciones legales si se seguía sugiriendo cualquier implicación en actividades ilícitas, por ser consideradas alusiones inaceptables.

Los documentos a los que se hace referencia proceden de archivos vinculados a Epstein y publicados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos. En ellos aparecen numerosos nombres de personas e instituciones mencionadas en correos o documentos del financiero estadounidense, y, en el caso de Aznar, su nombre figura en un correo de 2015 en el que un interlocutor mencionaba una reunión con una fundación vinculada al expresidente, así como en registros de envíos y anotaciones administrativas.

El entorno del exdirigente ya señaló en su momento que Aznar no conocía a Epstein y que desconocían el origen de esos documentos. Aun así, la publicación de los archivos generó un intenso debate político que ahora ha vuelto a reactivarse tras el cruce de declaraciones entre el Gobierno y FAES, y que ha derivado en la respuesta irónica de Puente.

La alusión al "Cártel de los Soles"

La referencia del ministro al llamado “Cártel de los Soles” alude a las acusaciones que en los últimos años han circulado en determinados ámbitos contra Zapatero, a quien algunas organizaciones y dirigentes han tratado de vincular con el régimen venezolano y con supuestas tramas de narcotráfico.

Entre esas iniciativas figura la querella presentada por la asociación HazteOir ante la Audiencia Nacional, en la que se atribuían al expresidente delitos como tráfico de drogas, blanqueo de capitales y pertenencia a organización criminal. Dichas acusaciones se apoyaban en la tesis del llamado Cártel de los Soles, una estructura cuya existencia ha sido objeto de fuerte controversia.

Es por ello por lo que Puente ha utilizado esa comparación para ridiculizar la indignación expresada por Aznar ante las menciones a su nombre en los archivos relacionados con Epstein.


jueves, 12 de febrero de 2026

 


 




 


 

¿Cómo se frena a Vox?

"No hay un virus fascista, sino muchísima incertidumbre y la falta de un liderazgo capaz de convencer a la gente de que hace falta más democracia"

Rubén Rozas

12-2-26

ElPlural



Extremadura primero, y Aragón después, podrían haber servido como antesala a unas elecciones generales. Esto no para y, con la mirada ya puesta en Castilla y León, que celebra comicios el próximo 15 de marzo, la amenaza de la extrema derecha es evidente, y negarla, poco menos que un suicidio.

En los resultados autonómicos, el PP ha ganado, es cierto, pero no puede concebirse como el gran triunfador de la fiesta de la democracia, pues en ambos escenarios Vox ha duplicado resultados y convertido en clave para formar gobierno.

Este crecimiento de los movimientos reaccionarios responde a unos motivos. No va de criminalizar a los votantes, sino más bien comprenderlos, seguramente también en hacer autocrítica dentro de la izquierda. Todo ello con el objetivo inmediato de contestar a la pregunta del millón: ¿Hay tiempo para frenar a una ultraderecha envalentonada? En caso afirmativo, ¿por dónde pasa esa solución?

Andrés Villena, sociólogo y autor de Las redes de poder de la extrema derecha se refiere en declaraciones a ElPlural.com a ese entendimiento. Y a partir de ahí, ponerse manos a la obra, a poder ser a la mayor brevedad posible, ya que las elecciones generales están a la vuelta de la esquina: “Es imprescindible entender a la extrema derecha. Hay que entender cómo funciona. Pero no las razones de las cosas que hace, en este caso, Santiago Abascal, y empatizar con él, sino por qué los votantes se inclinan por su opción”.

"El miedo por su llegada ya no es eficaz"

Hasta ahora, asegura, el fenómeno radical ha servido “como agitador de movilizaciones”, pero esta vía, que funcionó en 2019, “se ha agotado”. Así, es hora de “cubrir la carencia que la extrema derecha está siendo capaz de cubrir de forma muy simplista”. “El miedo por la llegada de la extrema derecha ya no es eficaz, quizá podría funcionar en aspectos relacionados con la mujer, el colectivo LGTBI, pero el votante tiene que ver compromisos serios en materia de Vivienda, por ejemplo”, relata: “Alertar de que hay un peligro ultraderechista no es mentir, pero basar toda la campaña en eso no va a funcionar”.

Villena, que el próximo 23-F -expresado así a petición del autor por la trascendencia de la fecha- publicará otro libro para ampliar sus investigaciones -Las élites que dominan España. Una historia alternativa desde 1939 (Libros del K.O)- hace una lectura del presente, sin dejar de mirar al pasado. “El déficit de la izquierda es un déficit antiguo. Cuando en los años 80 eclosiona la globalización”, cifra en primera instancia. “La capacidad de la izquierda de obtener ingresos para distribuir riqueza y mantener los niveles de vida de los votantes de clase media, baja y obrera que antes disfrutaba de más bienes y servicios del Estado se ha deprimido”.

“Ese déficit ya lo conocemos. Lo hemos llamado la crisis de la socialdemocracia, la crisis fiscal… Básicamente, no hay suficiente dinero para cubrir las demandas sociales y hay población que se queda descubierta (…) Que además va viendo que existen unas demandas identitarias que no se atienden, y aparece un Vox que sí”, relata, sosteniendo que “esa recuperación del terreno social se puede hacer, pero se tiene que hacer frente a los intereses que lo hacen imposible”.

En estos términos, el sociólogo expresa la necesidad de “recuperar la soberanía nacional desde España, primero desde el punto de vista económico, y luego territorial”. “Hay una realidad muy incómoda para el votante de izquierdas. El PSOE se ha apoyado en Comunidades Autónomas que exigen legislaciones y cesiones económicas que dejan a otras comunidades en una situación de privación relativa”, indica, apuntando a Felipe González. “A lo mejor dejó al partido en una situación de crisis no competitiva con el PP, por lo que lo han hecho con una radiografía del mapa de España que han reforzado ese granero electoral en el cual es muy votado en País Vasco o Cataluña, pero no así en Madrid, donde se ha creado una bomba nacionalista”.

"La alternativa no puede pasar por una reedición de Sumar"

Respecto del escenario más actual, y a corto plazo, deja claro que hay cuestiones que escapan a un Gobierno central. “Se echa en falta una plataforma de izquierdas a la izquierda del PSOE alternativa”, dice tajante, refrendando que ésta “no puede pasar”, a su juicio, por una “reedición de Sumar para mantener los escaños”, sino unas siglas que “atiendan a la realidad federal, confederal, plurinacional” y, en definitiva, “que pueda ir más allá”.

En este punto, aparece inevitablemente el nombre de Gabriel Rufán. El portavoz de ERC ha sido protagonista esta semana después de poner sobre la mesa nuevamente de un frente común de izquierdas. Por el momento, está diluido, ya que el resto de grupos que podrían formar parte de esa suma de fuerzas no lo ve con buenos ojos, ni siquiera su partido. Sin embargo, algo así “puede ser la opción”, según el protagonista de estas líneas.

Pero esto, claro está, no resulta sencilla, dado que “implica incluir a Podemos, llegar a un pacto con las burguesías catalanas y vascas y respetar el mapa de Sánchez pero con lo que ellos conciben que es un compromiso real”. Y esto, a su vez, supone “reparto de escaños, programa político y trabajo para los representantes”.

Villena no deja de poner en valor algunas medidas gubernamentales, como la prohibición del Ejecutivo a los menores de 16 años para acceder a las redes sociales: “Me parece una medida muy interesante para lo que hablamos, porque elimina ese criadero de ultras que se mueven por un pensamiento muy simple, en un espacio donde confluyen dos actores clave: la ultraderecha propiamente dicha y las grandes corporaciones”.

Pese a todo, este es solo uno de los espacios que habría que intervenir desde la lógica. “Las redes tienen un papel, está claro, pero esto es una ola internacional y los factores son varios”, emite, abriendo miras con una idea clara que se repite en todas las partes en las que gobierna o ha crecido la ultraderecha. “No hay un virus fascista, sino muchísima inseguridad, incertidumbre y la falta de un liderazgo intelectual que sea capaz de convencer a la gente de que no hace falta menos democracia, sino más; al margen de una gran irresponsabilidad por parte de algunos medios de comunicación”.


miércoles, 11 de febrero de 2026

 


 


 


 


 


 

Albares le recuerda a Ayuso la senda correcta tras el anuncio de la medalla a Estados Unidos: "El faro del mundo es Europa"

La lideresa regional ha anunciado que entregará a Estados Unidos la medalla honorífica de la Comunidad de Madrid

11-2-26

ElPlural



En un contexto de inestabilidad y tensiones internacionales, y después de que Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) haya perpetrado una redada masiva con la población migrante en Estados Unidos, esta pasada madrugada la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, ha decidido otorgar al país la medalla honorífica de la Comunidad de Madrid, la misma que en 2024 entregó a Javier Milei. A razón de ello, en el pleno del Congreso de este miércoles le han dirigido diferentes críticas a la lideresa madrileña por su reciente acercamiento a la Administración Trump.

De esta forma, el ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación, José Manuel Albares, se ha dirigido a la baronesa popular para recordarle que “el faro del mundo libre somos Europa y los europeos”, después de que la responsable de Sol viera en Estados Unidos el “principal faro del mundo libre. “El faro del mundo es Europa y los valores de Europa son los valores y los principios de la Carta de las Naciones Unidas", ha defendido Albares en declaraciones a los medios en los pasillos del Congreso al ser preguntado por las palabras de Ayuso durante su intervención en 'The Hispanic Prosperity Gala', celebrada en la residencia de Trump en Florida.

Al hilo de todo ello, el titular de la cartera de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación ha insistido en que lo que se necesita en estos momentos es "una Europa más soberana, más independiente, que defienda los valores de la Carta de Naciones Unidas y esos valores de democracia, de paz, de igualdad que tanto está amenazando en estos momentos la extrema derecha global porque quiere un proyecto europeo dividido y débil, porque quiere estados europeos divididos y débiles". "La solución es Europa", ha zanjado el jefe de la diplomacia.

El anuncio de la responsable de Sol

La madrugada del pasado martes, la presidenta madrileña anunciaba que otorgaba a Estados Unidos la medalla honorífica, la misma distinción que aportó a Milei en 2024 y que generó gran revuelo en la política de Madrid.

Siguiendo por ese segundo acto de proximidad, la lideresa regional concedió a EEUU este ‘galardón’ en respuesta al 250 aniversario de la independencia del territorio, según explicó ella misma. En plena polémica por las actuaciones del ICE contra personas migrantes, la lideresa del PP en la Comunidad dio la medalla al país que lo considera el “principal faro del mundo libre”. Si puede haber algo más controvertido en el proceso, es que el premio es en nombre de todos los madrileños.

En su discurso, por vídeo alegando motivos de agenda, Ayuso cargó con dureza contra países socialistas del mundo y puso el foco en México, colocándolo al nivel de otros países de regímenes claramente autoritarios. Así, pidió “que pronto CubaNicaragua y otros países como México -como ha sucedido con Argentina- rompan esas mismas cadenas, recuperen su libertad y se ponga fin a los narcoestados que los dictadores de ultraizquierda están implantando allá donde pueden o de les deja; destruyendo familias, vidas muy jóvenes, creando sucios negocios que destrozan nuestra convivencia, seguridad y prosperidad”.


 


 


Salvó a cientos de soldados en Vietnam… y luego pasó 30 años luchando para que Estados Unidos recordara a las miles de mujeres que sirvieron y regresaron invisibles.

15 de noviembre de 2002. Herndon, Virginia.

Lynda Van Devanter murió a los 55 años en su casa, su cuerpo finalmente rindiéndose tras décadas peleando contra un enemigo que no podía ver: los agentes químicos a los que estuvo expuesta en la guerra.

A Vietnam le tomó treinta y tres años matarla.

Pero antes de eso, se aseguró de que las mujeres veteranas nunca más fueran olvidadas.

Volvamos al principio.

Lynda tenía 21 años, recién salida de la escuela de enfermería, convencida de que podía marcar la diferencia.

Mientras en casa ardían las protestas y el país discutía la guerra, se ofreció como voluntaria para ir a Vietnam como enfermera del Ejército.

La enviaron a Pleiku: el 71.º Hospital de Evacuación, muy cerca de la frontera con Camboya, una de las zonas de combate más duras del país.

Lo que encontró allí la perseguiría el resto de su vida.

Helicóptero tras helicóptero aterrizaba con chicos —porque eso eran, jóvenes de dieciocho y diecinueve años— con heridas que no deberían ser compatibles con la vida.

Piernas arrancadas. Rostros quemados más allá del reconocimiento. Pechos abiertos por la metralla.

Lynda trabajaba turnos de doce horas que a menudo se estiraban a veinte. Se quedaba de pie junto a una mesa de operaciones, con el uniforme empapado de sangre, sosteniendo la mano de un chico mientras los cirujanos intentaban desesperadamente salvarlo, viéndolo morir de todos modos, y enseguida girándose hacia la siguiente camilla.

Porque siempre había más.

En un año, vio más muerte de la que la mayoría ve en toda una vida.

Volvió a casa en 1970.

Y Estados Unidos no supo qué hacer con ella.

A los veteranos hombres les escupían, los llamaban asesinos de bebés, les decían que olvidaran la guerra y siguieran adelante. Pero al menos la gente reconocía que habían estado allí.

¿Las mujeres veteranas? Eran invisibles.

La gente le preguntaba a Lynda qué había hecho en Vietnam.

Era enfermera”.

Ah, ¿como en MAS*H? Debió de ser interesante”.

Nadie quería oír sobre el chico de diecinueve años que se desangró en sus brazos. Nadie quería saber de las pesadillas, la hipervigilancia, la forma en que se agachaba ante ruidos fuertes.

El Departamento de Asuntos de los Veteranos no ayudó. Las mujeres apenas eran reconocidas en los programas para veteranos. El trastorno de estrés postraumático (TEPT) todavía no se reconocía oficialmente.

Y cuando intentó conseguir ayuda por los misteriosos problemas de salud que estaba desarrollando —dolor articular, fatiga, trastornos autoinmunes— los médicos le dijeron que era estrés. Ansiedad. “Cosas de mujeres”.

Se estaba apagando por la exposición al Agente Naranja, pero nadie quería escucharla.

Así que Lynda hizo algo que lo cambiaría todo:

Empezó a hablar.

En 1979, ayudó a poner en marcha el Proyecto de Mujeres de Vietnam Veterans of America. Por primera vez, las mujeres veteranas tenían una organización que reconocía su servicio, sus sacrificios y su derecho a ser llamadas veteranas.

Luego, en 1983, publicó unas memorias: “Home Before Morning: The Story of an Army Nurse in Vietnam”.

Fue uno de los primeros grandes libros escritos por una veterana sobre la guerra.

Y fue brutalmente honesto: sobre la sangre, la muerte, el acoso sexual, la forma en que se usaba a las mujeres para la moral y después se las olvidaba. Sobre volver a un país que no quería oírla.

El libro se convirtió en un éxito de ventas.

De pronto, Estados Unidos ya no podía ignorar a las mujeres veteranas.

Lynda apareció en programas de televisión. Testificó ante el Congreso. Habló en institutos y universidades.

Escribió sobre el TEPT en mujeres veteranas. Sobre el Agente Naranja. Sobre cómo miles de mujeres habían servido en Vietnam y gran parte del país ni siquiera sabía que existían.

Luchó para que los nombres de las mujeres fueran incluidos y reconocidos en los homenajes a los caídos de Vietnam.

Defendió que las mujeres recibieran los mismos beneficios y el mismo reconocimiento que los hombres.

Ayudó a dejar claro que el servicio de las mujeres era igual de válido, igual de sacrificado, igual de digno de honor.

Y mientras tanto, ella se enfermaba cada vez más.

Enfermedad vascular del colágeno: un trastorno autoinmune que ataca los propios tejidos del cuerpo. Le dolían las articulaciones sin descanso. Combatía una fatiga tan severa que algunos días apenas podía funcionar.

Su sistema inmunitario la estaba destruyendo desde dentro.

Ella sabía que tenía que ver con el Agente Naranja. Lo respiró, tocó equipo rociado con él, comió alimentos cultivados en suelo contaminado.

El mismo químico que deshojaba selvas estaba deshojando su vida.

Pero demostrar la conexión era casi imposible. El gobierno no quería reconocer el alcance total del daño del Agente Naranja —y menos aún en mujeres veteranas, porque eso implicaba ampliar compensaciones—.

Así que Lynda siguió luchando.

Incluso cuando su cuerpo fallaba, siguió hablando, siguió escribiendo, siguió defendiendo.

En 1987, VVA le otorgó su premio a la Excelencia en las Artes. En 2002, le concedieron una medalla de reconocimiento.

Pero el mayor homenaje llegó de miles de mujeres veteranas que le escribieron, la llamaron, la detuvieron en eventos para decirle:

Gracias por hacer que nos vieran”.

Porque eso fue lo que hizo Lynda Van Devanter.

Hizo que la gente viera.

Hizo que vieran a las enfermeras que sostenían a soldados moribundos. A las mujeres que sirvieron en zonas de combate. A las veteranas que regresaron rotas y a las que les dijeron que no contaban.

Hizo que vieran que el TEPT no entiende de género. Que el Agente Naranja envenenó a todos los que tocó. Que miles de mujeres sirvieron en Vietnam y volvieron a un país que fingió que nunca habían estado allí.

El 15 de noviembre de 2002, Lynda Van Devanter murió en su casa en Herndon, Virginia.

Tenía 55 años.

A Vietnam le tomó treinta y tres años matarla, pero la mató con la misma certeza que si la hubieran abatido en Pleiku.

En su funeral, llegaron cientos: mujeres veteranas a las que había defendido, hombres cuyas vidas había ayudado a salvar en Vietnam, activistas con quienes había trabajado.

Honraron a una mujer que pasó toda su vida adulta sirviendo: primero como enfermera salvando soldados, y luego como defensora salvando a veteranos.

La guerra de Vietnam mató a 58.000 estadounidenses cuyos nombres están en el Muro.

Pero también mató a muchos más lentamente: por el Agente Naranja, por el TEPT, por enfermedades que tardaron décadas en manifestarse.

Lynda Van Devanter fue una de ellas.

Y antes de morir, se aseguró de que las mujeres veteranas nunca más fueran invisibles.

A cada mujer veterana que se haya sentido ignorada:

Lynda Van Devanter luchó durante tres décadas para que fueras reconocida. Se te ve.

A cualquiera que crea que las mujeres no han servido en zonas de combate:

Miles de mujeres sirvieron en Vietnam. Sostuvieron a soldados mientras morían. Son veteranas.

A quienes luchan con heridas invisibles de la guerra:

Lynda ayudó a establecer que el TEPT es real, sin importar el género. La ayuda es tu derecho.

A todos los que hayan visto su servicio minimizado:

Lynda testificó ante el Congreso, escribió un éxito de ventas y cambió la historia para que se te honre.

Hoy, cuando hablamos de mujeres en combate, cuando reconocemos el TEPT en veteranas, cuando aceptamos que las mujeres siempre han servido en las guerras de Estados Unidos… se lo debemos, en gran parte, a Lynda Van Devanter.

No solo salvó vidas en Vietnam.

Salvó el reconocimiento, la dignidad y los beneficios de cada mujer veterana que vino después.

Sostuvo la línea en Pleiku.

Sostuvo la línea por las mujeres veteranas.

Y nunca, nunca dejó de luchar.

Descansa en paz, Lynda.

Fuiste heroína dos veces: una en la zona de guerra, y otra en las décadas de defensa que siguieron.

Y no dejaremos que tu historia sea olvidada.

Fuente: Vietnam Veterans Memorial Fund ("Lynda Van Devanter Buckley", sin fecha indicada)


 


Su motor explotó a unos quince kilómetros sobre la Tierra. Lo que ocurrió después fue peor que caer.

El 26 de julio de 1959, el teniente coronel William Rankin volaba su caza F-8 Crusader sobre el sureste de Estados Unidos cuando el motor falló sin previo aviso.

Iba a 47.000 pies. Eso son casi nueve millas de altura. Más alto que el Everest. Tan arriba que el cielo se oscurece y el aire es demasiado fino para sostener la vida humana sin ayuda. A esa altitud, la temperatura fuera de la cabina rondaba los cincuenta grados bajo cero.

Rankin tenía solo segundos para decidir. Podía intentar planear con el avión dañado hasta una altitud más segura antes de eyectarse, o tirar de la palanca de eyección de inmediato y jugarse el resto.

Humo dentro de la cabina. Controles muertos. Tiró de la palanca.

El asiento eyectable lo disparó hacia el vacío helado. La descompresión repentina le golpeó el cuerpo como un martillazo. A esa altura, la presión es tan baja que el cuerpo sufre una violencia brutal: sangrado, hinchazón, dolor. Su abdomen se distendió y la cara le ardía. Alcanzó a usar oxígeno de emergencia, pero el aire seguía siendo una urgencia constante. Empezó a perder la conciencia.

Entonces el paracaídas se desplegó. Y ahí fue cuando su pesadilla de verdad comenzó.

William Rankin se había eyectado directo al corazón de una tormenta cumulonimbus.

Desde fuera, esas tormentas parecen montañas blancas apiladas en el cielo. Los pilotos las evitan a toda costa porque por dentro son huracanes verticales. Las corrientes ascendentes pueden superar con facilidad los doscientos kilómetros por hora. La violencia ahí dentro roza lo indescriptible.

Rankin cayó de lleno en una.

En lugar de descender hacia la Tierra, quedó atrapado. Una corriente ascendente agarró su paracaídas y lo lanzó hacia arriba. Luego lo arrojó de lado. Luego volvió a tirarlo hacia arriba. Ya no estaba “cayendo”: estaba girando dentro de una tormenta viva que se negaba a soltarlo.

Granizo del tamaño de pelotas de golf le martillaba el cuerpo desde todas direcciones. Los relámpagos estallaban tan cerca que sentía la electricidad estática erizándole los brazos y el olor acre del ozono. El trueno ya no era solo sonido: era un golpe físico que le aplastaba el pecho.

La lluvia empapó la vela, la deformó, la hizo perder forma por momentos y lo lanzó a caídas más rápidas; luego volvía a tensarse y lo sacudía hacia arriba otra vez. El movimiento era tan brutal que vomitó. Se desmayó. Despertó aún girando, aún atrapado, aún siendo despedazado por fuerzas que ningún cuerpo debería soportar.

La temperatura cambiaba a lo loco. En lo alto de las corrientes, el frío lo mordía y el hielo se le pegaba al traje, a la piel expuesta, a las pestañas. Luego caía en aire más templado y el hielo empezaba a derretirse, solo para volver a congelarse segundos después cuando lo impulsaban de nuevo hacia arriba.

La lluvia era tan densa que parecía ahogarse en pleno aire. Jadeaba y tragaba agua. Le ardían los pulmones. Estaba amoratado y sangrando por los impactos del granizo. Tiritaba, entumecido, y a la vez sentía la piel quemada por el frío y la fricción.

El tiempo dejó de existir. Los minutos se estiraron como si fueran horas. Más tarde dijo que creyó que iba a morir dentro de esa nube, girando para siempre, sin tocar el suelo.

Y entonces, después de cuarenta minutos de violencia imposible, la tormenta por fin lo soltó.

Salió por la base del nubarrón a unos 10.000 pies. Por primera vez desde la eyección, descendía de forma “normal”. Vio los árboles debajo. Bajaba hacia una zona boscosa de Carolina del Norte.

Atravesó la copa de los árboles. Las ramas crujieron a su alrededor. El paracaídas se enredó, frenándolo lo justo. Se estampó contra el suelo, malherido, pero todavía respirando.

Durante varios minutos quedó inmóvil en el suelo del bosque, incapaz de creer que seguía vivo.

Luego se levantó. Se liberó del paracaídas. Y empezó a caminar.

El cuerpo lo tenía cubierto de ronchas por el granizo. Sufría congelación en manos y cara. Estaba golpeado de arriba abajo, con heridas abiertas, desorientado por la falta de oxígeno y el trauma.

Pero estaba vivo.

Se tambaleó entre los árboles hasta encontrar una carretera. Luego una granja. Un agricultor abrió la puerta y se encontró a un piloto destrozado, con el traje rasgado, plantado en el porche.

William Rankin lo miró y dijo, simplemente: “Acabo de caer del cielo”.

Cuando médicos militares y meteorólogos escucharon su historia, quedaron atónitos. Nadie había sobrevivido a algo así: quedar suspendido dentro de una tormenta severa a esa altitud.

La descompresión debió matarlo. El granizo pudo dejarlo inconsciente para siempre. El frío extremo pudo causarle una hipotermia fatal. Un rayo pudo alcanzarlo en cualquier instante.

Pero todo lo que debía matarlo, de algún modo, no lo hizo.

Pasó semanas recuperándose. Los médicos documentaron hematomas severos, congelación, ronchas, y daños por la violencia del descenso. Acabó hospitalizado en Ahoskie, Carolina del Norte.

En 1960 publicó un libro sobre la experiencia titulado El hombre que cabalgó el trueno. Sigue siendo el relato en primera persona más conocido de una supervivencia así.

Su testimonio ayudó a entender mejor la dinámica interna de las tormentas severas. La seguridad aérea incorporó lecciones de lo que vivió. El entrenamiento de supervivencia a gran altitud cambió para siempre.

William Rankin continuó su carrera militar tras recuperarse. Voló más misiones. Nunca volvió a eyectarse de otro avión.

Cuando le preguntaban por esos cuarenta minutos dentro de la tormenta, decía que fueron los cuarenta minutos más largos de su vida. Como si el tiempo se hubiera detenido. Suspendido entre la Tierra y el borde del cielo, atrapado en una fuerza tan violenta que parecía imposible escapar.

Pero escapó. Por entrenamiento, resistencia física y una cuota de suerte difícil de explicar.

Se retiró del Cuerpo de Marines y llevó una vida discreta, hablando poco en público de lo ocurrido. Murió en 2009, a los 88 años.

Décadas después, meteorólogos siguen citando su caso al estudiar tormentas severas. Los pilotos siguen aprendiendo su historia en formación de supervivencia. Se menciona en manuales y en libros de meteorología y seguridad aeronáutica.

Porque William Rankin demostró algo que parecía imposible. El cuerpo humano puede aguantar lo inaguantable. Cuando todo falla, cuando la naturaleza suelta toda su furia, cuando la muerte parece segura, sobrevivir aún puede ser posible.

Cayó casi nueve millas a través de una tormenta que intentó destruirlo.

Y se fue caminando.

Fuente: HistoryNet ("Conoce al marine que ‘cabalgó el trueno’ y vivió para contarlo", 17 de julio de 2023)