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jueves, 12 de febrero de 2026

 

¿Cómo se frena a Vox?

"No hay un virus fascista, sino muchísima incertidumbre y la falta de un liderazgo capaz de convencer a la gente de que hace falta más democracia"

Rubén Rozas

12-2-26

ElPlural



Extremadura primero, y Aragón después, podrían haber servido como antesala a unas elecciones generales. Esto no para y, con la mirada ya puesta en Castilla y León, que celebra comicios el próximo 15 de marzo, la amenaza de la extrema derecha es evidente, y negarla, poco menos que un suicidio.

En los resultados autonómicos, el PP ha ganado, es cierto, pero no puede concebirse como el gran triunfador de la fiesta de la democracia, pues en ambos escenarios Vox ha duplicado resultados y convertido en clave para formar gobierno.

Este crecimiento de los movimientos reaccionarios responde a unos motivos. No va de criminalizar a los votantes, sino más bien comprenderlos, seguramente también en hacer autocrítica dentro de la izquierda. Todo ello con el objetivo inmediato de contestar a la pregunta del millón: ¿Hay tiempo para frenar a una ultraderecha envalentonada? En caso afirmativo, ¿por dónde pasa esa solución?

Andrés Villena, sociólogo y autor de Las redes de poder de la extrema derecha se refiere en declaraciones a ElPlural.com a ese entendimiento. Y a partir de ahí, ponerse manos a la obra, a poder ser a la mayor brevedad posible, ya que las elecciones generales están a la vuelta de la esquina: “Es imprescindible entender a la extrema derecha. Hay que entender cómo funciona. Pero no las razones de las cosas que hace, en este caso, Santiago Abascal, y empatizar con él, sino por qué los votantes se inclinan por su opción”.

"El miedo por su llegada ya no es eficaz"

Hasta ahora, asegura, el fenómeno radical ha servido “como agitador de movilizaciones”, pero esta vía, que funcionó en 2019, “se ha agotado”. Así, es hora de “cubrir la carencia que la extrema derecha está siendo capaz de cubrir de forma muy simplista”. “El miedo por la llegada de la extrema derecha ya no es eficaz, quizá podría funcionar en aspectos relacionados con la mujer, el colectivo LGTBI, pero el votante tiene que ver compromisos serios en materia de Vivienda, por ejemplo”, relata: “Alertar de que hay un peligro ultraderechista no es mentir, pero basar toda la campaña en eso no va a funcionar”.

Villena, que el próximo 23-F -expresado así a petición del autor por la trascendencia de la fecha- publicará otro libro para ampliar sus investigaciones -Las élites que dominan España. Una historia alternativa desde 1939 (Libros del K.O)- hace una lectura del presente, sin dejar de mirar al pasado. “El déficit de la izquierda es un déficit antiguo. Cuando en los años 80 eclosiona la globalización”, cifra en primera instancia. “La capacidad de la izquierda de obtener ingresos para distribuir riqueza y mantener los niveles de vida de los votantes de clase media, baja y obrera que antes disfrutaba de más bienes y servicios del Estado se ha deprimido”.

“Ese déficit ya lo conocemos. Lo hemos llamado la crisis de la socialdemocracia, la crisis fiscal… Básicamente, no hay suficiente dinero para cubrir las demandas sociales y hay población que se queda descubierta (…) Que además va viendo que existen unas demandas identitarias que no se atienden, y aparece un Vox que sí”, relata, sosteniendo que “esa recuperación del terreno social se puede hacer, pero se tiene que hacer frente a los intereses que lo hacen imposible”.

En estos términos, el sociólogo expresa la necesidad de “recuperar la soberanía nacional desde España, primero desde el punto de vista económico, y luego territorial”. “Hay una realidad muy incómoda para el votante de izquierdas. El PSOE se ha apoyado en Comunidades Autónomas que exigen legislaciones y cesiones económicas que dejan a otras comunidades en una situación de privación relativa”, indica, apuntando a Felipe González. “A lo mejor dejó al partido en una situación de crisis no competitiva con el PP, por lo que lo han hecho con una radiografía del mapa de España que han reforzado ese granero electoral en el cual es muy votado en País Vasco o Cataluña, pero no así en Madrid, donde se ha creado una bomba nacionalista”.

"La alternativa no puede pasar por una reedición de Sumar"

Respecto del escenario más actual, y a corto plazo, deja claro que hay cuestiones que escapan a un Gobierno central. “Se echa en falta una plataforma de izquierdas a la izquierda del PSOE alternativa”, dice tajante, refrendando que ésta “no puede pasar”, a su juicio, por una “reedición de Sumar para mantener los escaños”, sino unas siglas que “atiendan a la realidad federal, confederal, plurinacional” y, en definitiva, “que pueda ir más allá”.

En este punto, aparece inevitablemente el nombre de Gabriel Rufán. El portavoz de ERC ha sido protagonista esta semana después de poner sobre la mesa nuevamente de un frente común de izquierdas. Por el momento, está diluido, ya que el resto de grupos que podrían formar parte de esa suma de fuerzas no lo ve con buenos ojos, ni siquiera su partido. Sin embargo, algo así “puede ser la opción”, según el protagonista de estas líneas.

Pero esto, claro está, no resulta sencilla, dado que “implica incluir a Podemos, llegar a un pacto con las burguesías catalanas y vascas y respetar el mapa de Sánchez pero con lo que ellos conciben que es un compromiso real”. Y esto, a su vez, supone “reparto de escaños, programa político y trabajo para los representantes”.

Villena no deja de poner en valor algunas medidas gubernamentales, como la prohibición del Ejecutivo a los menores de 16 años para acceder a las redes sociales: “Me parece una medida muy interesante para lo que hablamos, porque elimina ese criadero de ultras que se mueven por un pensamiento muy simple, en un espacio donde confluyen dos actores clave: la ultraderecha propiamente dicha y las grandes corporaciones”.

Pese a todo, este es solo uno de los espacios que habría que intervenir desde la lógica. “Las redes tienen un papel, está claro, pero esto es una ola internacional y los factores son varios”, emite, abriendo miras con una idea clara que se repite en todas las partes en las que gobierna o ha crecido la ultraderecha. “No hay un virus fascista, sino muchísima inseguridad, incertidumbre y la falta de un liderazgo intelectual que sea capaz de convencer a la gente de que no hace falta menos democracia, sino más; al margen de una gran irresponsabilidad por parte de algunos medios de comunicación”.


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