LA AMNESIA DEL PP CON RTVE
Por Javier F. Ferrero
Vamos a pegar un repaso a esta derecha que exige neutralidad como quien exige una herencia que nunca le perteneció. Un repaso a la épica de cartón que repiten estos días sobre la “televisión pública secuestrada por el Gobierno”. Un repaso a su memoria flexible, moldeada como el barro: se endurece cuando les conviene y se reblandece cuando la hemeroteca les roza.
Un repaso, en definitiva, a lo que nunca cuentan.
Porque lo que hoy denuncian con solemnidad —manipulación, control político, falta de independencia— es exactamente lo que hicieron cuando pudieron. 1997. José María Aznar. Fernando López-Amor: diputado del Partido Popular, sin experiencia audiovisual, con una sentencia firme por abuso de autoridad… y colocado como director general de RTVE. Ahí empieza la historia que ahora pretenden borrar.
Entonces no hablaron de injerencia. No hablaron de colonización. No hablaron de respeto institucional. Hablaron de “normalidad democrática”. La palabra favorita de quienes confunden gobernar con poseer.
Durante año y medio, RTVE fue un cortijo modernizado: telediarios alineados, intentos de recortes masivos, sindicatos enfrentados, programas blanqueando el franquismo, presupuestos rechazados por el propio Consejo de Administración. Uno de los periodos más convulsos de la radiotelevisión pública desde la Transición. Pero no verás a Feijóo o Ayuso mencionarlo. La memoria selectiva es el último gran invento neoliberal: recordar solo lo que conviene y tachar lo demás con rotulador grueso.
Hoy presentan a RTVE como víctima de una conspiración progresista. Silencian que ellos ya probaron antes el manual completo: control editorial, purgas, recortes y un diputado convertido en director general. El hombre fuerte de Aznar pilotando la televisión de todas y todos como si fuera una extensión de FAES.
La manipulación no les indigna.
Lo que les indigna es no dirigirla.
Por eso este repaso: para no dejar que reescriban lo que vivimos, lo que documentamos, lo que tantas trabajadoras y trabajadores de RTVE sufrieron.
La derecha quiere un país sin memoria porque un país sin memoria es más fácil de gobernar, más fácil de engañar y más fácil de vender.
Y ya sabemos quién intenta comprar el mando a distancia.
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