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miércoles, 21 de enero de 2026



 

¿De dónde viene la fe?

La fe no nace de la fortaleza, sino de la carencia.

Es la fuerza que necesitas cuando no tienes voluntad. Es la ilusión que abrazas cuando no tienes facultad para enfrentar la realidad. Es el refugio que construyes cuando tu mente no soporta el peso de lo incierto.

La fe no responde preguntas: las silencia.

No resuelve problemas: los posterga. No libera: tranquiliza. Funciona como un anestésico emocional que convierte la duda en pecado y la razón en amenaza.

Donde hay fe, suele haber miedo. Miedo al vacío, al fracaso, a la muerte, a la insignificancia. Y en lugar de enfrentar esos abismos con pensamiento crítico, se les cubre con promesas invisibles y castigos eternos.

La fe no es valentía. Es rendición decorada de esperanza. No es fuerza interior: es dependencia externa.

No es luz: es consuelo ante la oscuridad que no se quiso entender.

Y así, más que una virtud, la fe se convierte en una muleta para la debilidad humana, una narración cómoda para quienes prefieren creer antes que comprender.


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