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miércoles, 21 de enero de 2026

 



Marx y la religión

Karl Marx no llamó a la religión “el opio del pueblo” como un simple insulto, sino como una crítica filosófica y social profunda. Para él, la religión no era la causa del sufrimiento humano, sino su síntoma: una respuesta emocional y espiritual a una realidad injusta.

Marx veía la religión como:

Un consuelo para los oprimidos.

Una justificación del orden social.

Un mecanismo que canaliza el dolor hacia la esperanza celestial, en lugar de hacia el cambio terrenal.

Por eso escribió: “La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón… y el opio del pueblo.”

No la atacaba por espiritual, sino porque adormece la conciencia crítica y reduce el impulso revolucionario.

Desde esta perspectiva, el socialismo no es compatible con la religión institucional, porque:

El socialismo busca cambiar las condiciones materiales.

La religión suele promover resignación, obediencia y espera en recompensas futuras.

El socialismo apuesta por la emancipación humana aquí y ahora, no en el más allá.

Así, para Marx, la liberación real no ocurre cuando el pueblo reza más, sino cuando deja de necesitar rezar porque ya no vive oprimido. La crítica a la religión no es un ataque a la fe personal, sino a su uso como herramienta de control social.

Entre ceja y oreja


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