El Noé de Ghana y el eterno disparate
En pleno siglo XXI, una era de computadoras cuánticas, Inteligencia Artificial y teléfonos inteligentes en cada bolsillo, en Ghana —país del África Occidental cuyo idioma oficial es el inglés y donde el cristianismo es la religión dominante (71,2% en el censo de 2010)—, un autoproclamado profeta logró lo impensable: que miles de personas se tomaran en serio la idea de otro Diluvio Universal, anunciado para el pasado 25 de diciembre, y que algunos acudieran a ver —y otros a venerar— unas arcas de madera manufacturadas como si la ciencia jamás hubiera existido. Este singular personaje, conocido como Ebo Noah, ronda los treinta años y no pertenece a ninguna iglesia reconocida. El suyo es más bien un emprendimiento religioso personal, de esos que florecen con fuerza en las redes sociales. Y su profecía, como era de esperarse, no se cumplió. Pero el verdadero fenómeno digno de estudio no es la lluvia que nunca cayó, sino la facilidad con la que, una vez más, el miedo y la superstición logran imponerse al pensamiento crítico.
La escena es sin duda cómica, pero a la vez trágica: fieles y curiosos observando estructuras rústicas que prometían salvarlos de un apocalipsis acuático, mientras que otros cristianos —no menos creyentes— se apresuraban a señalar a Ebo como “falso profeta”, apareciendo aquí una de las joyas conceptuales del cristianismo contemporáneo, que bien podría resumirse en este diálogo que suele citarse en forma sarcástica:
—¿Quién es un falso profeta?
—Si dice ser profeta, definitivamente es falso.
Claro… salvo cuando el profeta pertenece a mi secta, en cuyo caso es un “ungido”, un “escogido” o “instrumento de Dios”. O sea, el problema no es la profecía en sí, sino la competencia.
El caso es que cada fin de año el calendario parece activar un resorte psicológico colectivo: surgen por todas partes agoreros del mal, visionarios del desastre y expertos en anunciar calamidades. Terremotos, guerras finales, pandemias definitivas y, por supuesto, el ya clásico “Jesús regresa, ahora sí, de verdad, esta vez sin falta”. Da igual que lleven dos mil años fallando el pronóstico; siempre hay quien está convencido de que esta vez sí acertarán. Aunque la historia demuestra que el apocalipsis es como el horóscopo: siempre se puede reprogramar para el próximo mes, el próximo año o la próxima generación.
Sin embargo, conviene tener presente un hecho fundamental que resulta ofensivo a los “profetas profesionales”: el futuro no se puede predecir. Lo único que puede hacerse es formular hipótesis basadas en probabilidades, datos y modelos, como hace la ciencia. Y eso mismo —aunque sin rigor— es lo que hacen adivinos y supuestos “profetas”: lanzar predicciones vagas, emocionalmente potentes y fácilmente reajustables cuando fracasan. La diferencia es que algunos lo saben y otros no.
Pero al final, quien afirma ver el futuro por inspiración divina se mueve entre dos posibilidades poco halagadoras: o es un charlatán (y en el peor de los casos, un estafador), o realmente cree en lo que dice, lo que apunta a un problema psiquiátrico. Pero en ninguna de las dos opciones hay intervención sobrenatural.
Lamentablemente, este caso de Ghana no es una anomalía africana ni un episodio exótico; es un espejo incómodo de una credulidad global que se resiste a desaparecer. Cambian los escenarios, los nombres y las fechas, pero el mecanismo es siempre el mismo: miedo, fe ciega y una narrativa apocalíptica que promete salvación exclusiva.
Pero mientras tanto, el mundo real sigue funcionando con sus leyes físicas, no con revelaciones privadas. Y el diluvio que nunca llega deja al descubierto algo mucho más preocupante que la supuesta lluvia: la persistente fragilidad del pensamiento crítico frente a la superstición, incluso —o especialmente— cuando se disfraza de fe respetable, y cuando el anuncio catastrófico lo hace un “verdadero profeta”, algo que como sabemos, no existe.
[Godless Freeman]
[Crédito de imagen: Noticias del Fin]
https://timesofindia.indiatimes.com/.../art.../125820156.cms
https://www.arabtimesonline.com/.../world-ending-on.../
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