Felicidades,
Pedro.
.
Hoy
quiero dirigirme a ti. Los progresistas esperamos que se lleven a
cabo medidas valientes, aunque muchas de ellas te las echen para
atrás. Pero, al menos, habrás conseguido que se retraten todos esos
que se hacen llamar «patriotas», cuando están muy lejos de serlo.
La derecha que campea por nuestro país tiene de patriota lo que yo
de cura. Por eso, cuanto antes se desenmascare, mejor. Que el pueblo
vea realmente a qué se enfrenta.
Empezaría
por incluir las jubilaciones en los Presupuestos Generales del
Estado. Los presupuestos son la mayor herramienta de presión
política que existe, ya que hay partidos que los utilizan para
desgastar al Gobierno de turno. Es decir, anteponen sus intereses
partidistas al bienestar de la ciudadanía y les importa un pimiento
que, con su postura del «no», se deje de favorecer a quienes más
lo necesitan. Si las jubilaciones dependieran directamente de los
presupuestos y estos se bloquearan, como podría ocurrir ahora tras
varios años sin ser aprobados, quienes actuaran de esa manera
pagarían en las urnas las consecuencias de sus maquiavélicas
políticas.
En
cuanto a la vivienda, en España hay suficientes casas y pisos vacíos
como para aliviar el déficit de oferta si salieran al mercado, ya
fuera en alquiler o en venta. Quien tenga una, dos o incluso tres
viviendas para complementar sus ingresos no debería verse afectado.
Pero quien supere esa cifra debería estar obligado a poner el resto
en el mercado. Tanto los alquileres como los precios de venta
tendrían que tener un límite en función de la zona. Los fondos
buitre y los especuladores deberían buscar negocio fuera de nuestras
fronteras.
Quien
más tiene, más debe pagar. Es de Perogrullo. Y hay que hacerlo sin
temblar el pulso. Si algunos deciden marcharse, que se marchen; otros
volverán. No se puede sostener un Estado social sin recursos. Frente
al lema de «primero los españoles», yo prefiero otro mucho más
acertado: «antes lo público».
Respecto
a los sindicatos, el Gobierno debería dejar de subvencionarlos
directamente. A cambio, una pequeña parte de la nómina de cada
trabajador iría destinada al sindicato que este eligiera. Un
sindicato independiente siempre será más fuerte que el modelo
actual, en el que muchos trabajadores solo se afilian cuando tienen
un problema y se marchan cuando todo va bien.
Todas
las empresas o colectivos elegirían libremente su sindicato, y la
cuota sería igual para todos. Estos sindicatos negociarían cada año
un convenio colectivo para cada sector, primero de ámbito nacional,
después autonómico y, finalmente, local. Nadie debería quedar
fuera de un convenio correspondiente a su profesión.
Además,
los propios sindicatos se encargarían de coordinar las ofertas de
trabajo. Si hubiera empleo en una zona cercana y un trabajador en
paro perteneciera a ese gremio, no podría rechazar el puesto sin una
causa justificada. De lo contrario, perdería la prestación por
desempleo. No es de recibo que haya más de dos millones
cuatrocientas mil personas desempleadas y, al mismo tiempo, existan
puestos sin cubrir. Eso supone una sangría para el conjunto de la
sociedad. Nadie debería quedarse sin protección, pero tampoco
debería permitirse que nadie abuse del sistema.
Los
jóvenes que estén en edad de trabajar, no tengan empleo y hayan
abandonado los estudios deberían incorporarse obligatoriamente a
escuelas de artes y oficios para aprender una profesión que les
facilite su incorporación al mercado laboral. Mientras dure esa
formación, recibirían una ayuda económica adaptada a sus
necesidades.
Quienes
difundan bulos deberían ser sancionados en proporción al daño
causado. En caso de reincidencia, podría llegarse incluso al cierre
del medio o plataforma desde la que actúan.
Los
chivatos no pueden tener carta blanca ni pasearse por la sociedad
como personas honorables. Lo ocurrido con Aldama clama al cielo y
deja en mal lugar a la justicia. No puede ser que el delincuente que
corrompe a otros salga prácticamente de rositas y, además, se le
perdonen 3,7 millones de euros que debía devolver.
Las
organizaciones ultraderechistas no deberían poder presentar
querellas basándose únicamente en lo publicado por un periódico.
Bastante trabajo tienen ya defendiendo sus propias ideas como para
convertir los tribunales en un instrumento de presión política.
.Tampoco
debería existir la figura del insolvente como vía para eludir
responsabilidades. Quien delinque debe responder ante la sociedad. Si
no puede hacerlo con dinero, debería hacerlo mediante trabajos en
beneficio de la comunidad, acordes con la gravedad del delito y
teniendo en cuenta la posible reincidencia.
Y
no sigo. Creo que, por hoy, ya he expuesto unas cuantas propuestas.
Tengo muchas más, pero será en otra ocasión.
.
El
Bellotero .