Antonio Llamas Ordoñez
Hablan de orden mientras gestionaban un sistema basado en la extorsión de las familias más vulnerables.
Hablan de valores mientras blanqueaban el expolio de miles de niños a sus legítimos padres, condenando a familias enteras a una búsqueda de décadas en las cunetas y en los archivos sellados.
Es la prueba definitiva de que para el bando que ustedes defienden, la vida humana siempre fue un instrumento al servicio del poder, y la fe, una máscara para ocultar la ausencia total de humanidad.
¿Qué es lo siguiente que van a intentar justificar?
¿Los paseos bajo palio del dictador mientras el pueblo moría de hambre en la autarquía o quizás el papel de las órdenes religiosas en los centros de adopción ilegal donde el dinero compraba la conciencia de una madre?
Es fascinante ver cómo se les llena la boca defendiendo una moralidad que, en la práctica, no fue más que una empresa de tráfico de personas amparada por el poder absoluto.
No busquen lecciones de ética aquí; el olor a naftalina de su discurso no puede tapar el hedor de las fosas y de los expedientes de adopción falsificados que todavía claman por una justicia que ustedes, los defensores de aquel régimen, siguen intentando impedir a toda costa.
Juan Ramón Vázquez Mejías.
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