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lunes, 11 de mayo de 2026

 


El Trono Blanco: la silla del torturador psicológico

​El discurso de los supuestos escatólogos es una maquinaria de miedo. Utilizan la figura del Gran Trono Blanco y el Libro de la Vida no como una enseñanza espiritual, sino como un arma de presión psicológica. Su estrategia es clara: si eres ateo, si no eres un "cristiano verdadero" o si simplemente dudas, tu destino final es un lago de fuego. No intentan convencer a nadie a través de la razón o la bondad, sino que aplastan la voluntad mediante el terror a la muerte, a Satán y al infierno.

​Este discurso se mantiene en un estado de emergencia perpetua. Cada año es el "fin del mundo", cada guerra es una señal profética y cada terremoto es el preámbulo del juicio. Es una táctica de asedio mental para forzar a las personas a buscar refugio en un templo. Sin embargo, hay una hipocresía de fondo: mientras gritan que esperan el "rapto" para huir de este mundo, viven obsesionados con la opulencia material de este mismo plano que dicen despreciar.

​No predican con su vida ni con sus acciones; predican con el tormento. El miedo es su retórica y su moneda de cambio. Sin la amenaza post-morte, su discurso se desmoronaría, porque no tienen nada noble que ofrecer, solo una póliza de seguro contra un incendio que ellos mismos han inventado para controlar la estupidez y la fragilidad ajena.

​El uso de la presión psicológica y el miedo a la muerte no es nuevo, pero las redes sociales lo han transformado en una herramienta de propagación masiva de terror. Ahora, cualquier evento —un terremoto en Indonesia, un conflicto entre Israel e Irán, o una pandemia— es empaquetado instantáneamente como el «fin del mundo» o el «Armagedón». Estos tipos aprovechan la inmediatez de la red para mantener a la población en una zozobra constante, impidiéndoles vivir con plenitud y paz.

​El peligro de esta patología religiosa es real y tangible. Lo vimos recientemente en África, donde falsos apóstoles convencieron a las personas de vender todas sus propiedades bajo la promesa de un rapto inminente. El resultado fue la ruina absoluta: el rapto no ocurrió y las víctimas se quedaron sin nada. No se trata solo de teología; se trata de una estafa organizada que utiliza el tormento psicológico para despojar al individuo de su libertad y de su sustento.

​Las redes sociales han facilitado que el «show del miedo» sea más rentable que nunca. El algoritmo premia el pánico, y los charlatanes escatólogos lo saben. Mientras la humanidad siga consumiendo este terror digital, seguirá siendo presa fácil de quienes venden una «salvación» que en realidad es una cadena de sumisión y despojo.

-- Osmin Zaldaña


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