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miércoles, 5 de noviembre de 2025

 



Editorial | Vamos a contar mentiras

Por Javier F. Ferrero

El jefe de gabinete de Ayuso, Miguel Ángel Rodríguez, y su pareja, Alberto González Amador, han mentido una y otra vez ante el Tribunal Supremo.

Y lo han hecho con total impunidad.

1️⃣ Miguel Ángel Rodríguez (MAR), mano derecha de Isabel Díaz Ayuso, volvió al Supremo para defender lo indefendible: el fraude fiscal de su protegido, Alberto González Amador, pareja de la presidenta madrileña.

Dijo que “no es un delincuente ni un defraudador”.

Pero la Agencia Tributaria ya acreditó un fraude de 350.951 euros.

2️⃣ La inspección descubrió 1,7 millones en facturas falsas con las que González Amador intentó reducir sus impuestos.

No son acusaciones políticas.

Son datos certificados por la Agencia Tributaria.

3️⃣ También mintió cuando dijo que “nunca confesó nada”.

Su abogado reconoció “dos delitos fiscales” al intentar un acuerdo con la Fiscalía.

Era la única forma de evitar la cárcel.

4️⃣ MAR aseguró que “Hacienda no quiso llegar a un acuerdo”.

Otra mentira.

Hacienda no podía: cuando el fraude supera los 120.000 € anuales, la ley obliga a denunciar.

Y el caso pasa a los tribunales.

5️⃣ Después vino el bulo más grave:

MAR dijo que el pacto se había “parado por órdenes de arriba”.

No hay ni una prueba.

Solo una insinuación conspirativa que sirvió para atacar al fiscal general y a la prensa.

6️⃣ El relato se completó con insultos y amenazas a periodistas.

A Esther Palomera, de elDiario.es, MAR le dijo:

Os vamos a triturar. Vais a tener que cerrar. Idiotas.”

Eso no es “una conversación impropia”.

Es un abuso de poder.

7️⃣ Dijo además que no sabía que los mensajes eran de elDiario.es.

Mentira.

El periodista José Precedo se identificó desde el primer momento.

Y MAR lo sabía todo: el fraude, los correos, las cifras.

Porque 22 meses antes ya conocía los problemas con Hacienda.

8️⃣ Cuando el caso salió a la luz, el abogado de González Amador confirmó que el pacto con la Fiscalía seguía en pie.

Pero MAR prefirió mentir y decir que lo habían “boicoteado”.

Mintió sabiendo que mentía.

Y lo hizo desde el despacho de la Puerta del Sol.

9️⃣ González Amador, por su parte, también se ha declarado víctima.

Dice que “el fiscal general le mató públicamente”.

No fue el fiscal.

Fueron sus propias facturas falsas, sus mordidas y su codicia.

🔟 Ahora ambos están imputados no solo por fraude y falsedad documental, sino también por corrupción en los negocios: una empresa comprada por medio millón de euros a su jefe, sin apenas valor.

1️⃣ 1️⃣ MAR no es periodista.

Pero usa el discurso del periodista para mentir, para convertir la falsedad en relato político.

Lo hace desde el poder, con recursos públicos y sin asumir ni una sola consecuencia.

1️⃣ 2️⃣ Y Ayuso calla.

O peor: los defiende.

Transforma el fraude fiscal en una “cacería política”.

Es el mismo guion de siempre: la mentira convertida en bandera de libertad.

1️⃣ 3️⃣ La pregunta ya no es si mintieron.

Eso está probado.

La pregunta es:

¿cuánto más puede soportar la democracia cuando quienes gobiernan mienten bajo juramento y atacan al periodismo que los destapa?

1️⃣ 4️⃣ En España, el fraude no solo se mide en dinero.

También en palabras.

Y cuando el poder miente sin vergüenza, lo que se corrompe no es solo la Hacienda Pública,

es la verdad misma.

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Artículo completo:

https://spanishrevolution.net/editorial-vamos-a-contar...


 


 


 


 



 



229 fallecidos, 229 historias que no merecen caer en el olvido. Por dignidad, justicia y reparación: María de los Desamparados Latorre Escribá, de 90 años, vecina de Paiporta (Valencia)

A María de los Desamparados le gustaba cantar. Esta vecina de Paiporta de 90 años entonaba una canción siempre que se despertaba y se acostaba. Era la alegría de la casa, como recuerdan sus familiares. En honor a su segundo nombre, María dedicó su vida a cuidar de ellos. Primero a sus padres, fallecidos en los años ochenta, y a su hermano soltero. Pero también veló por el hogar que construyó con Luis. Vecinos desde la infancia en el barrio valenciano de Patraix, los dos se casaron al final de su veintena en 1963.

Cuatro años más tarde nació su hija única, también llamada María. En referencia a su madre, afirma en un mensaje a este periódico: “Siempre pensaba en todos antes que en ella misma. No se permitía ningún capricho para que el resto de la familia estuviera bien”.

Por su personalidad, María reaccionaba con extrañeza a los regalos. El 27 de octubre, en la víspera de la inundación, recibió con una sonrisa tímida un presente de unos amigos italianos de su hija: un monedero blanco con el diseño de una bailarina y una boquilla dorada. Ellos siempre le decían “qué grande la abuela” (brava la nonna, en italiano), porque admiraban su fuerza. María era pequeña físicamente, medía 1,40 y pesaba unos 35 kilos. Sin embargo, siempre fue una trabajadora, incluso antes de formar su familia. Había sido costurera hasta su casamiento, cuando pasó a ocuparse de la casa. María ha dejado sin consuelo a su hija, que sobrevivió a la dana en Paiporta, y a sus nietos.

Por mucho que pasen los años, nadie olvidará lo sucedido, nadie perdonará lo que pasó. Arrebatásteis 229 vidas, destrozásteis a 229 familias para siempre. Por María y por todos los que ya no están con nosotros. Lucharemos por vosotros.

Fuente y redacción: El País - Un año sin las vidas que se llevó la DANA // Domitila Diez, Alan García Loza, Pablo Seguí Olmedilla, Caio Mattos, Laura Llach, Óscar Martínez Martín, Stephanny Pinzón Triana Mikel Muñoz, Rodrigo Cardona, Hannah Slack, Daniela Gutiérrez, Sebastián Forero Rueda, Natalia Jiménez Segura, Álvaro Ruiz


 


Paca la Culona alias Miss Islas Canarias Criminalísimo por la Gracia de Dios

 

Díaz, sobre el rey emérito: “Solo me interesa que rinda cuentas y explique lo que hizo con el dinero público”

La vicepresidenta segunda del Gobierno ha proclamado que lo único que le interesa del rey emérito es que “rinda cuentas” y dé explicaciones

Andrea Estañán

5-11-25

ElPlural



Tras la publicación de las memorias del rey emérito Juan Carlos I, la vicepresidenta segunda del Gobierno, Yolanda Díaz, ha indicado de que lo único que le interesa del rey emérito es que “rinda cuentas” y dé explicaciones sobre lo que “ha hecho” con el dinero público de los españoles.

Durante una entrevista en el programa de ‘Antena 3’, ‘Espejo Público’, Europa Press ha recogido como Yolanda Díaz ha tachado de “desacierto” las opiniones del emérito en esta publicación que ya han salido publicadas en la prensa.

“Es evidente que este hombre ha tenido unas responsabilidades (en alusión a las acusaciones de presuntas irregularidades fiscales) que no han sido depuradas de ninguna manera y no han rendido cuentas. Los españoles merecemos respeto y tenemos derecho a saber lo que ha pasado”, argumentada la vicepresidenta segunda del Gobierno.

Respecto a su opinión en la decisión de Junts de romper el pacto de investidura con el Gobierno, Díaz ha aludido a que la formación de Carles Puigdemont se “contradice bastante” y que recientemente llegaron a un acuerdo con el Ministerio de Derechos Sociales para votar a favor de la ley de atención al cliente.

"Ya le digo yo que vamos a llevar (al Congreso) la (ampliación) de los permisos por duelo ante fallecimiento y cuidados paliativos y ya se verá cómo hasta el PP tiene enormes dificultades para votar en contra", ha sostenido Díaz. 

Díaz ha subrayado que las normas que plantea su departamento se ciñen a elementos "muy importantes para la vida de la gente y las empresas españolas" y esto "no permite muchos juegos", teniendo presente que en esta legislatura hay una compleja aritmética parlamentaria.

Memorias del rey emérito

El rey Juan Carlos publicará a finales de año sus memorias, una autobiografía escrita en primera persona bajo el título de ‘Reconciliación’. Estas memorias han salido ya a la venta en Francia, publicadas en francés bajo el título 'Réconciliation. Mémoires. Juan Carlos I d´Espagne'. Una obra de más de 500 páginas donde el rey emérito aborda ciertos episodios de su vida, y por lo tanto de su reinado.

Además, este lunes la editorial Stock ha distribuido una serie de extractos de las memorias del rey emérito donde se incluían pasajes sobre temas como Corinna, su abdicación o el nacimiento de Felipe VI. Juan Carlos I expresa dentro de la obra su deseo por volver a España y de "renovar una relación armoniosa" con su hijo, el rey Felipe VI.

La autobiografía arranca con una contundente dedicatoria, “a mis padres, a mi hermano y mis hermanas. A mi mujer. A mis hijos. A mis nietos y a todos aquellos que me han acompañado en la transición democrática”, relata.

Dentro de la obra, Juan Carlos comienza con una reflexión que dice haber “dado la libertad a los españoles, inurando la democracia”. “Ahora que mi hijo me ha dado la espalda por deber, que los que decían ser amigos han desaparecido, me ha dado cuenta que jamás he sido libre”, argumenta desde su exilio en Abu Dabi.


 


 


 



El Estado español confirma la entrega de la Mezquita al Vaticano ¡La Mezquita de Córdoba es de las andaluzas!

El Estado español, por boca de su actual gobierno estatal (PSOE/SUMAR) presidido por Pedro Sánchez, ha declarado su conformidad con que la propiedad de la Mezquita de Córdoba sea del Obispado de Córdoba (o sea, al Estado Vaticano) en una respuesta el pasado 16 de octubre en el Congreso. Se escuda en un informe de la Abogacía General del Estado del 9 de abril de 2014, cuando gobernaba el Partido Popular con M. Rajoy, para entregarle un elemento patrimonial andaluz de primer orden a la Iglesia Católica. De la misma forma que Franco entregó nuestro suelo andaluz para que los estadounidenses pusieran las bases militares de muerte de Rota y Morón y Felipe V entregó Gibraltar a Reino Unido para que hiciera de él un enclave colonial.

Córdoba, la capital de Al Ándalus, fue conquistada por los invasores castellanos el 29 de junio de 1236. Su Mezquita Aljama fue usurpada por Fernando III y consagrada como Catedral en 1238. En marzo de 2006 el Cabildo Catedralicio de Córdoba inmatriculó (inscribió por primera vez en el Registro de la Propiedad) la Mezquita con el nombre de “Santa Iglesia Catedral de Córdoba” amparándose en dos artículos (el art. 206 de la Ley Hipotecaria y el art. 304 del Reglamento Hipotecario) que equiparan a la Iglesia Católica con una Administración pública y a los Diocesanos católicos con los fedatarios públicos. No bastándole a la Iglesia con la apropiación ilegal e ilegítima de un bien que ha sido siempre del pueblo cordobés está percibiendo actualmente unos ingresos anuales por la venta de entradas disfrazada como “donativo” que rondaron los 22,4 millones de euros en 2024, por los cuáles ni declara ni tributa.

La Iglesia Católica dio cobertura religiosa a la criminal conquista de Al-Andalus, de la que fue una de sus principales beneficiarias. Desde entonces, durante siglos, ha amparado la situación de explotación, desigualdad socioeconómica e incluso esclavitud del Pueblo Trabajador Andaluz. En pago a sus servicios, el Estado español en su actual “gobierno de progreso” vuelve a legitimar este robo a las andaluzas. Por todo ello desde Nación Andaluza:

Rechazamos rotundamente esta postura del gobierno estatal que regala al Vaticano un bien que debe seguir perteneciendo al pueblo que lo construyó y lo ha venido usando durante siglos.

Pedimos a la Junta de Andalucía que recupere la Mezquita de Córdoba para el Pueblo Andaluz, como centro de interpretación de nuestro rico pasado histórico, sin las tergiversaciones ni manipulaciones históricas a las que nos ha tenido acostumbrados el Cabildo Catedralicio.

Consideramos además que el pueblo cordobés, que ha sufrido históricamente la marginación económica y una situación de pobreza endémica inducida por el subimperialismo español, debe ser el que se beneficie de los cuantiosos ingresos que genera uno de nuestros monumentos más representativos, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1.984.

¡La Mezquita de Córdoba es de las andaluzas!

Secretariado Permanente de la Comisión Nacional de Nación Andaluza.

Andalucía, 4 de noviembre de 2025

 



José Sarriá


CARADURA

Hay que tener una desfachatez monumental para que Juan Carlos I se permita dar lecciones de moral sobre la vida de su nieto Froilán. Resulta casi grotesco escuchar al antiguo monarca lamentarse de que: "el divorcio y la falta de autoridad paterna le condujeron a una vida desvergonzada", cuando su propio historial personal es una enciclopedia del exceso y la inmoralidad. Porque si de desvergüenza hablamos, pocas biografías ofrecen tantos capítulos: las amantes públicas, los viajes de lujo pagados por otros, la caza de elefantes, los negocios turbios y una larga colección de escándalos que arruinaron la credibilidad de la Corona.

Hablar de “vida desvergonzada” por parte de quien paseaba a Corinna por medio mundo, a cara de perro y a plena luz del día ante la mirada atónita de la reina Sofía, no es una ironía: es de una desfachatez y cinismo inconmensurable.

Si algo enseña este episodio es que, en la España del espectáculo, la memoria es corta y la hipocresía larga. Pero hay verdades que no se maquillan: quien predicó con el mal ejemplo debería ser el último en dar sermones sobre decoro.


 


 



Incluso los más corruptos tienen siempre una coartada moral. El cerebro humano funciona así: necesita mantener la coherencia, encontrar un equilibrio entre las palabras y los hechos, entre nuestros actos y los principios que decimos defender.

Nadie se reconoce a sí mismo como una mala persona, un egoísta o un ladrón. Tampoco quienes realmente lo son.

La memoria es cómplice. Con el tiempo, la realidad se deshilacha y los recuerdos acaban siendo lo que nosotros mismos nos hemos contado. No lo que realmente pasó.

Es un mecanismo de defensa. Un fusible del cerebro que los psicólogos explican con otros términos: “disonancia cognitiva” o “autojustificación moral”. Para ellos, las memorias de Juan Carlos de Borbón son un auténtico filón. Aún solo conocemos algunos extractos y una entrevista publicada esta semana en el diario francés Le Figaro. Pero cuesta encontrar un ejemplo mejor de disonancia cognitiva: un abismo mayor entre lo que escribirán los historiadores y lo que el rey emérito dice que ocurrió.

Juan Carlos de Borbón: ​​“No es común que un jefe de Estado (...) decida expatriarse. No me obligaba a ello ninguna guerra, ni tampoco ninguna persecución judicial. Ante la presión de los medios de comunicación y del Gobierno, tras la revelación de la existencia de una cuenta bancaria que yo poseía en Suiza y de acusaciones totalmente infundadas de comisiones, decidí marcharme para no entorpecer el buen funcionamiento de la Corona”.

Falso. Las acusaciones sobre el cobro de comisiones estaban más que fundadas. Y si no fueron investigadas penalmente fue por la inviolabilidad del rey.

La palabra clave es Zagatka: una opaca fundación que manejaba decenas de millones de dólares escondidos en paraísos fiscales. Su administrador era un primo y amigo del monarca, Álvaro de Orleans Borbón. De esa fundación salieron al menos ocho millones de euros para pagar gastos personales del rey: los vuelos privados que realizaba al margen de su agenda oficial –cuando no utilizaba el Falcón–.

Si ese dinero no era suyo, ¿por qué disponía libremente de él? ¿De dónde procedía?

Su responsabilidad en esos cobros era tan evidente que, en 2021, el rey emérito pagó a Hacienda más de cuatro millones de euros en otra regularización fiscal –lleva ya tres– para presentar esos pagos como un “donativo” de su primo y evitar que lo acusaran de un delito fiscal.

Juan Carlos de Borbón: “Al final, mi vida ha estado dictada por las exigencias de España y del trono. Di libertad a los españoles instaurando la democracia, pero nunca pude disfrutar de esa libertad para mí mismo. Ahora que mi hijo [el rey Felipe VI] me ha dado la espalda por deber, que mis supuestos amigos han desaparecido, me doy cuenta de que nunca he sido libre”.

Tras toda una vida de absoluto privilegio, el rey emérito se disfraza de víctima, de alguien que nunca fue libre. Como un hombre que se sacrificó en aras de una responsabilidad que sin duda tuvo, pero que es dudoso que realmente llegara a asumir.

Nunca se sometió a las exigencias del trono. Más bien al contrario. Como saben bien hoy los españoles, se aprovechó de ese honor para llevar una vida irresponsable, de puro lujo, al margen de cualquier límite ético o incluso legal.

¿Qué clase de sacrificio fue aquel safari para cazar elefantes en Botsuana durante la peor crisis económica de las últimas décadas? ¿Qué sentido del deber justifica pagar con dinero público la construcción de una villa para su amante, en pleno monte de El Pardo, a pocos kilómetros de donde vivía su esposa? ¿En qué capítulo de “las exigencias del trono” figura usar el servicio secreto para tapar las miserias de su vida privada? ¿O comprar con dinero público el silencio de una de sus muchas amantes, Bárbara Rey?

Si aquello le parecía poca libertad, que se imagine la vida de cualquier ciudadano común, que –descontadas las horas de sueño– dedica alrededor de un tercio de su vida adulta a trabajar.

Su libertad era tan amplia que se extendía por encima de la ley, amparada por su impunidad penal. No solo tuvo libertad para defraudar, sino también el privilegio de no asumir ningún reproche judicial. Fue tan grande esa libertad que incluso se libró de ser investigado por varias demandas de paternidad.

También es falso que él “diera” la libertad a los españoles. Como explicamos en el último número de nuestra revista, esa libertad se ganó en la calle: no fue un regalo del rey. Y el verbo correcto no es dar, sino recuperar. Porque antes –el Borbón siempre lo olvida– hubo un golpe de Estado de unos militares que robaron esa libertad a los españoles durante 41 años, de 1936 a 1977.

Juan Carlos de Borbón: “[Tuve] la debilidad de confiar en hombres de negocios que me fueron presentados y de ceder a lo que hoy percibo como presiones. (...) [Me he dejado aconsejar por] ciertos empresarios poco escrupulosos que actuaban en mi nombre, pero sobre todo por su propio beneficio”.

No fue exactamente así. Fue una relación simbiótica, entre empresarios que se beneficiaban del favor real y que, al tiempo, le regaron de favores. ¿O es que el rey cree que esos ricos que le pagaron yates de lujo, coches deportivos, relojes carísimos o espectaculares monterías lo hacían por patriotismo? ¿Por generosidad?

Mario Conde. Javier de la Rosa. Manuel Prado y Colón de Carvajal. Todos ellos, corruptos con condenas a prisión. Todos ellos, grandes amigos del rey.

Juan Carlos de Borbón (sobre el 23F). “No hubo un golpe, sino tres golpes. El golpe de Tejero, el de Armada y el de los políticos cercanos al franquismo. Alfonso Armada estuvo 17 años a mi lado. Le quería mucho y me traicionó. Convenció a los generales de que hablaba en mi nombre” (...) “Montaron un estudio de urgencia en mi despacho. Me puse la chaqueta de general, pero no los pantalones, para ir más rápido”.

Desde que Tejero entró a tiros en el Congreso, a las 18:23 de la tarde, hasta que Juan Carlos I grabó su discurso televisado para condenar el golpe de Estado, pasada la medianoche, transcurrieron casi seis horas. Hubo tiempo de sobra para ponerse unos pantalones.

Aquel discurso del rey solo se emitió en TVE a la 1:14 de la madrugada, cuando el golpe ya había fracasado: después de que Tejero rechazara la propuesta que le había transmitido Alfonso Armada, el hombre de la máxima confianza del rey.

Juan Carlos de Borbón (sobre el dictador Francisco Franco): “Le respetaba enormemente, apreciaba su inteligencia y su sentido político. (…) Nunca dejé que nadie lo criticara delante de mí” (...) “Nadie pudo destronarlo, ni siquiera desestabilizarlo, lo cual, durante tanto tiempo, es un logro”.

Fue un logro sangriento. Franco alcanzó el poder con un golpe de Estado contra una democracia –eso era la Segunda República española–. Lo consolidó con más de cien mil asesinatos. Lo mantuvo por más de tres décadas mediante la tortura y la represión.

Que el anterior jefe del Estado elogie de este modo a un dictador dice mucho –y nada bueno– sobre este país. Que estemos en 2025 y solo ahora un Gobierno se haya atrevido a honrar la memoria de sus víctimas o a plantear la ilegalización de la Fundación Francisco Franco revela una de las mayores debilidades de nuestra democracia: la amnesia.

Juan Carlos de Borbón, sobre los 100 millones de dólares que le regalaron los saudíes: “Fue un acto de generosidad de una monarquía hacia otra. (...) Un regalo que no supe rechazar. Un grave error”.

Queda la duda de cuál fue exactamente el error: aceptar 100 millones de una dictadura –eso es Arabia Saudí, no solo una “monarquía”– o que esta vez le pillaran. Porque ni siquiera ha sido el primer “regalo” que ha recibido de los saudíes a lo largo de su vida.

En 1975, poco después de su coronación, el rey saudí Jaled bin Abdelaziz regaló a Juan Carlos de Borbón 10 millones de dólares.

En 1989, los saudíes le regalaron 36 millones de dólares más.

Y en 2008 llegaron estos cien millones de dólares que ahora califica de “error”.

Juan Carlos de Borbón: [Los 100 millones de los saudíes fueron] “para garantizar mi retiro” (...) “Soy el único español que no cobra pensión después de casi cuarenta años de servicio”.

La cobró hasta hasta hace cinco años, cuando apareció su cuenta en Suiza y su hijo se la retiró. No era una pensión pequeña: casi 200.000 euros anuales.

Su principal fuente de ingresos nunca fue el pago que recibía del presupuesto de la Casa Real. En su época como jefe del Estado, cobraba 300.000 euros al año. Una propina, al lado de lo que escondía en paraísos fiscales.

La pensión máxima en España es de 45.000 euros brutos anuales. Para alcanzar los 100 millones de dólares del último pago de los saudíes, un pensionista tendría que vivir más de dos mil años desde su jubilación.

Por no hablar de lo anómalo que resulta que un jefe de Estado sobre su mayor sueldo de otro país. ¿Qué clase de patriota puede defender algo así?

Juan Carlos de Borbón: “Para ayudar a mi hijo, busqué un lugar donde los periodistas de mi país no pudieran encontrarme fácilmente”.

Casualmente, Emiratos Árabes es un país donde sus amigos del Golfo le pagan una villa de lujo. También un lugar opaco para la Hacienda española.

El suyo es un exilio peculiar. En los últimos años, Juan Carlos de Borbón ha pasado varias temporadas en España. Aun así, no regresa del todo: si durmiera en este país que tanto dice amar durante más de 183 días al año, también tendría que tributar aquí.

Es difícil de entender qué entiende Juan Carlos de Borbón por “ayudar a su hijo”. Cada vez que habla –y con sus memorias se ha callado poco– tiembla la monarquía española.

La reputación de Juan Carlos de Borbón no la destruyeron sus enemigos, sino sus propios actos. La destruyó su impunidad. Vivió rodeado de aduladores, protegido por el secreto, sin nadie que le dijera que no. Fue un poder sin apenas límites que recibió como un niño malcriado: sin frustración, sin culpa y sin conciencia de sus actos.

Hoy, a sus 87 años, Juan Carlos de Borbón todavía no ha entendido la diferencia entre lo que está bien y lo que no.

Ignacio Escolar

 


 


 



Este libro marca un antes y un después en la historiografía sobre el franquismo.

Un título que debería ser de obligada lectura en las escuelas. Un catálogo de respuestas a las sempiternas preguntas acerca de nuestro pasado común: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Se ha muerto Paco? El curioso lector podrá exclamar: ¡Esto no venía en mi libro de bachillerato! Su lectura deja un retrogusto de autenticidad y controversia que gustará o no, pero que no dejará indiferente a nadie.

Dos jóvenes, aunque sobradamente preparados, figuras de referencia en sus respectivos campos de creación aúnan esfuerzos para hacer llegar un mensaje a los españoles de bien: tu cuñado miente. Es el fruto del maridaje entre el humor y la academia, un irresistible cóctel que invita a reír y a pensar.

Editorial pasado y presente editores

Rústica, 192 páginas


 


 

Juan José Millás detalla una a una las traiciones de Juan Carlos I y señala cómo pasará a la historia

El escritor ha retratado al emérito como símbolo de una España que confunde la compasión con el perdón

ElPlural

4-11-25




Juan Carlos I
 
está a punto de publicar sus memorias, un libro titulado Reconciliación en el que el rey emérito aborda sin rodeos los temas más significativos y polémicos de su vida. Desde el nacimiento de sus hijos y su relación con la reina Sofía, hasta su abdicación, su relación con Corinna Larsen y su actual distanciamiento de España. Todo ello ha sido abordado por Juan José Millás, que ha reflexionado cómo pasará a la historia el monarca por sus numerosas polémicas.

Concretamente, el tema ha sido analizado en el programa A Vivir, donde Javier del Pino y Juan José Millás han reflexionado sobre cómo será visto en el futuro el monarca. Millás ha introducido una teoría que resume la ambigüedad de su figura: “Juan Carlos nos sirve muy bien. A lo largo de la historia, todos los héroes han tenido que traicionar algo y muchos traidores han pasado a la historia como héroes. Tú date cuenta de que Juan Carlos mata a su hermano. Pero no solo eso”.

El escritor ha recordado que el rey emérito "traiciona a su padre primero, para traicionar a Francisco Franco después": "A su padre porque aceptó el poder de manos del hombre que había mantenido a la familia real en el exilio y al dictador por la apertura democrática de España”. También traicionó "a la reina Sofía con sus múltiples amantes y a España entera por sus cobros irregulares". Aun así, se ha planteado la posibilidad de que pase a la historia como un héroe.

Héroe o traidor

Millás ha subrayado que no se puede ignorar el tipo de emociones que el emérito despierta en ciertos sectores de la sociedad. "He leído una entrevista este fin de semana de una mujer que viene de la nobleza en la que dice que el emérito lo que produce entre la gente de su clase es lástima. Fíjate tú, que al pijerío no le gustaba nada la democracia que proponía el emérito, pero ahora le han convertido en una figura a arropar porque les da lástima", ha señalado el escritor.

Una percepción que parece haber cobrado fuerza tras la publicación de varios fragmentos de Reconciliación, las memorias del rey Juan Carlos I. En ellas, el monarca admite que su relación con Corinna Larsen fue un error: “Esa relación fue un error del que arrepiento amargamente. Puede parecer trivial, pero muchos hombres y mujeres han estado cegados hasta el punto de no ver la evidencia. Esto tuvo un impacto perjudicial para mi reinado y mi vida familiar. Sirvió para horadar la armonía y la estabilidad en los aspectos esenciales de mi existencia, hasta el punto de llevarme a la decisión de abandonar España”.

Esa mezcla entre arrepentimiento y autocrítica ha contribuido a suavizar, en parte, la percepción pública del emérito. Según Millás, incluso entre quienes reconocen sus excesos o comportamientos reprobables, se impone un sentimiento de compasión: “La mujer reconoce en la entrevista que el emérito ha robado y que es un sinvergüenza y tal, pero que lo que no produce ningún tipo de irritación. Que el sentimiento predominante entre la clase, digamos, rica y tal, es de lástima”. Para el escritor, “el sentimiento predominante entre la clase rica es de lástima”, una paradoja que, según él, explica cómo alguien que “ha traicionado a todo el que ha podido y más” puede acabar siendo objeto de indulgencia por parte de buena parte de la sociedad.

El relato de un rey exiliado

“No puedo evitar la emoción al pensar en determinados miembros de mi familia a quienes ya no importo y, sobre todo, en España, a la que tanto añoro”. Con esta confesión arranca Reconciliación, escrita junto a la periodista francesa Laurence Debray. El libro se estructura en tres partes como un “sándwich”, según el propio Juan Carlos.

Habla con ternura de la reina Sofía: “Su presencia a mi lado sigue siendo muy querida, pero sé que no quiere complicar el reinado de su hijo”. Sobre Felipe VI reconoce: “Comprendía que como Rey Felipe adoptara una postura pública firme, pero sufrí que como hijo se mostrara insensible”.

Uno de los capítulos más extensos está dedicado a su relación con Franco, a quien trata con “respeto e incluso cierto cariño”. Recuerda que el dictador, antes de morir, le pidió “mantener la unidad de España” y añade que “Esa fue su última voluntad, no me pidió mantener el régimen ni los principios del Movimiento. Me concedía libertad para actuar, y así lo hice”.

El monarca reivindica su papel en la Transición y la influencia de Torcuato Fernández-Miranda. Evoca una anécdota: “Mientras iba vistiéndome, trataba de ponerme los calcetines sin soltar el teléfono, el profesor Fernández Miranda me tranquilizó por tener que jurar fidelidad a los principios del Movimiento al decirme 'usted puede ir de la ley a la ley pasando por la ley'”.

También ha hecho referencia al  golpe del 23-F, sobre el que recuerda: “Sigo teniendo preguntas y dudas sobre la forma en que se desarrollaron los acontecimientos y el papel de algunos. Lo único que sé con certeza es que algunos militares utilizaron sus armas para burlarse de la joven democracia española. Mi obra, y yo no podía tolerarlo”.

El emérito evita entrar a fondo en sus polémicas financieras, pero admite sus errores personales. “Esa relación fue un error que lamento amargamente”, confiesa sobre Corinna Larsen. También dedica unas líneas a Letizia: “La entrada de Letizia en la familia no ayudó a la cohesión de nuestras relaciones. Le abrí mi despacho, pero nunca vino”. Aun así, valora “la buena educación que ha dado a sus hijas”.


 


 


 


 



En la estricta sociedad victoriana, la modestia era casi una religión. Incluso los actos más cotidianos, como probarse un par de zapatos, debían hacerse sin “comprometer la decencia”.

Por eso, los zapateros de la época utilizaban curiosos dispositivos metálicos con forma de pinza o brazo articulado para ajustar el calzado de una mujer sin tocarla ni mirar bajo su vestido.

Mientras la clienta permanecía sentada, el zapatero, agachado y de espaldas, manipulaba el artilugio desde el extremo del mostrador. Así, podía medir, ajustar y colocar el zapato sin contacto visual ni físico alguno.

Este ingenioso —y algo absurdo— invento reflejaba el ideal moral de una sociedad obsesionada con las apariencias y el pudor, donde incluso un zapato podía ser un asunto de etiqueta y recato.

Una muestra perfecta de cómo la tecnología, a veces, no nace solo del ingenio… sino también de la represión.


 


¿ES ALMUDENA LASTRA LA ARTÍFICE DE TODO ESTO?