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martes, 9 de diciembre de 2025

 



La derecha madrileña presume de Ayuso, pero detrás de los focos hay una historia muy distinta… Hoy os traemos 20 cosas que tal vez no conocías de Díaz Ayuso. 💥

1️⃣ 🧾 Contrato sanitario firmado por su hermano

En 2022 se confirmó oficialmente que el hermano de Ayuso cobró 55.850 € en comisiones por intermediar en un contrato de mascarillas para la Comunidad de Madrid. Aunque no fue declarado ilegal, generó una fuerte polémica por conflicto de interés y falta de transparencia.

2️⃣ 🏥 Su gestión en las residencias durante la pandemia

Un informe interno del propio Gobierno autonómico reveló los llamados “protocolos de exclusión”, que desaconsejaban derivar a hospitales a ciertos mayores residentes en centros sociosanitarios. La oposición y expertos denunciaron que contribuyó a un número de muertes muy elevado.

3️⃣ 📉 Cierre de urgencias extrahospitalarias

La reapertura de las urgencias de Atención Primaria en 2022 generó caos: falta de médicos, centros cerrados sin avisar y protestas masivas de sanitarios. Los sindicatos la calificaron como “la peor reorganización sanitaria en décadas”.

4️⃣ 📚 Críticas por los recortes en educación pública

Bajo su mandato, la Comunidad fue señalada por mantener las ratios más altas y un aumento del presupuesto a la concertada mayor que a la pública, lo que generó manifestaciones de docentes y familias.

5️⃣ 🚗 Caso Avalmadrid

Ayuso estuvo vinculada a la polémica por el crédito impagado concedido a una empresa de su familia. Aunque no se abrió causa penal contra ella, sí se investigó por presuntas irregularidades en la concesión y trato preferente.

6️⃣ 🏙️ Incremento del precio de la vivienda

Madrid es la comunidad donde más ha subido la vivienda en alquiler, mientras Ayuso ha defendido políticas de desregulación y venta de suelo público, criticadas por favorecer la especulación inmobiliaria.

7️⃣ 💬 Declaraciones polémicas sobre feminismo

Ha hecho comentarios muy criticados, como afirmar que el feminismo actual es “puro hembrismo” o que el 8M “solo divide”, distanciándose incluso de sectores moderados.

8️⃣ 🐂 Uso del dinero público para promover la tauromaquia

Ha incrementado partidas dedicadas a la tauromaquia mientras se denunciaban recortes en servicios sociales, generando críticas por prioridades presupuestarias.

9️⃣ 📰 Choques con la prensa crítica

Ayuso ha atacado en numerosas ocasiones a periodistas de medios como RTVE, elDiario.es, Infolibre o La Sexta, acusándolos de “militancia”, lo que ha cuestionado su relación con la libertad de prensa.

🔟 🚑 Privatización progresiva de la sanidad

Durante su mandato se han ampliado contratos con empresas privadas, subcontratación de servicios y externalización de pruebas diagnósticas. Los sindicatos denuncian un debilitamiento deliberado de la sanidad pública.

1️⃣ 1️⃣ 💸 Rebajas fiscales que benefician más a rentas altas

Los análisis del Instituto de Estudios Fiscales y de organizaciones independientes coinciden en que sus rebajas de impuestos benefician mayoritariamente a los tramos altos, disminuyendo recursos para servicios públicos.

1️⃣ 2️⃣ 📢 Comparaciones polémicas con dictaduras

En varias entrevistas comparó las restricciones por COVID con “dictaduras comunistas”, comentarios criticados como exagerados e irresponsables en un contexto de crisis sanitaria.

1️⃣ 3️⃣ 🛒 El comercio no contagia”: contradicciones durante la pandemia

Defendió medidas más laxas frente al COVID, incluso cuando Madrid tenía los peores datos de Europa, priorizando la actividad económica sobre recomendaciones sanitarias.

1️⃣ 4️⃣ 🏘️ Apoyo a macroproyectos urbanísticos controvertidos

Respaldó iniciativas como Madrid Nuevo Norte, que organizaciones vecinales y ecologistas denuncian por su impacto ambiental y por promover un modelo urbanístico especulador.

1️⃣ 5️⃣ 🧪 Polémica del Zendal

El Hospital Isabel Zendal costó más de 100 millones adicionales respecto al presupuesto inicial. También se denunciaron sobrecostes, falta de personal y contratación de empresas investigadas en otros casos.

1️⃣ 6️⃣ 👮 Choques con el Gobierno central y uso político de la pandemia

Ayuso convirtió la gestión del COVID en una batalla directa con Moncloa, criticada por electoralizar la crisis sanitaria en plena emergencia.

1️⃣ 7️⃣ 🍽️ Críticas por los menús de Telepizza y Rodilla para niños vulnerables

Durante el confinamiento, la Comunidad ofreció menús de comida rápida a menores en riesgo de exclusión, medida criticada por nutricionistas y ONG por ser inadecuada para niños.

1️⃣ 8️⃣ 💊 Falta de psicólogos y salud mental

Madrid es una de las comunidades con menos psicólogos públicos por habitante, situación denunciada por asociaciones y profesionales sin que se hayan impulsado grandes refuerzos.

1️⃣ 9️⃣ 🔍 Transparencia cuestionada

Organizaciones como Civio han criticado la opacidad de la Comunidad de Madrid, especialmente en adjudicaciones de emergencia y acceso a documentación pública.

2️⃣ 0️⃣ 📊 Investigaciones de la Cámara de Cuentas

Este organismo detectó en varias auditorías irregularidades en contratos sanitarios durante los años de pandemia, incluyendo facturas sin justificar y ausencia de controles efectivos.

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Juanlas Ibasque

¿Y todo para condenar al fiscal porque "ÉL O ALGUIEN DE SU ENTORNO", filtraron un email e hizo una nota de prensa para contestar a una mentira pública del número 2 del PP?

¿Jueces que condenan a alguien porque igual un vecino o conocido o de tu oficina.... hizo algo que tú dices que es delito?

Es impresionante la desvergüenza de esos 5 miembros políticos del PP en el Supremo.

Un lawfare de libro.

Asco es poco en este país de InJusticia.




 



Ricardo Miñana

La publicación de la sentencia, *diecinueve días después de concluido el juicio*, ha caído como un jarro de agua fría en una ciudadanía ya exhausta de escándalos y sospechas. El fallo declara “probado” que fue “el fiscal, o alguien de su entorno y con su conocimiento”, quien filtró aquel correo. Y, sin embargo, reconoce que *no se ha podido determinar con certeza quién fue*...

Esa contradicción —ese salto desde la duda a la imputación moral— es la grieta por la que se cuela la sensación de que todo estaba decidido antes incluso de escuchar

a nadie.

Para muchos, esta resolución no solo no despeja incógnitas, sino que las multiplica. Alimenta la impresión de que había un relato previamente escrito, un camino ya marcado, una condena implícita desde el primer día. Y quien no quiera ver esa sombra de sospecha, quien prefiera mirar hacia otro lado, inevitablemente quedará alineado con quienes han contribuido a un desenlace que una parte de la sociedad considera profundamente injusto.

Resulta inevitable recordar declaraciones previas, insinuaciones políticas y movimientos estratégicos que parecían anticipar lo que hoy se ha confirmado. La idea de que había que “quitárselo de en medio”, de neutralizar a quien podía incomodar

a unos o a otros, pesa como un lastre sobre la credibilidad del proceso. Todo ello, además, en un contexto en el que ciertas causas judiciales y determinados intereses privados parecen caminar demasiado cerca unos de otros.

El resultado final —una multa de 7.200 euros que muchos perciben como un gesto casi sarcástico— no hace sino incrementar la frustración. Para algunos ciudadanos, esa cifra es casi una burla, un recordatorio irónico de que el sistema judicial, sostenido con el dinero de todos, parece a veces más dispuesto a *proteger su propia narrativa* que a ofrecer respuestas claras y confiables.

Y así, una vez más, se abre una herida en la ya deteriorada confianza en las instituciones. No es solo indignación: es cansancio, es desafección, es la amarga sensación de que el Poder Judicial se aleja de la gente a la que debería servir. Una democracia fuerte necesita tribunales que inspiren respeto, no descreimiento; y sentencias que iluminen, no que oscurezcan.

Si algo demuestra este episodio es que la credibilidad no se impone: *se gana*, y también se pierde. Y cuando se pierde, recuperarla es una tarea larga y dolorosa.



 

El apagón del NO-DO: así murió la voz oficial del franquismo

Un recorrido por el lento y silencioso final del noticiario que marcó a varias generaciones de españoles

Suren Gasparyan

8-12-25

ElPlural



Antes de Netflix, antes de los tráilers y antes de que los móviles iluminaran las butacas, hubo una voz que dominó los cines españoles: la del NO-DO. Aquella narración grave, casi ceremonial, se adelantaba siempre a la película que el público había ido a ver, funcionando como un recordatorio obligatorio de que, incluso en los momentos de ocio, el Estado era quien tenía la primera y la última palabra. Su desaparición fue más que el final de un noticiario obligatorio; fue el primer silencio real de una España que empezaba a hablar con libertad, el comienzo de un país que podía narrarse a sí mismo sin intermediarios, sin catecismos audiovisuales, sin una voz oficial dictando lo que debía sentir.

Para entender la dimensión de ese cambio, conviene recordar cómo el NO-DO impregnó la vida cotidiana. Poco después de la Guerra Civil, en 1942, el régimen franquista creó el Noticiario y Documentales Cinematográficos con un objetivo claro: controlar el relato y garantizar que cualquier español, viviera donde viviera, recibiera una versión única y disciplinada de la realidad nacional. El cine, que entonces era un acto social multitudinario, se convirtió en un vehículo perfecto para ese propósito. Antes de que empezara la función, la pantalla devolvía al público un país cuidadosamente editado: Franco inauguraba pantanos, España cosechaba éxitos deportivos, las ciudades prosperaban, los campos florecían. Ningún espectador podía escapar a ese mensaje, porque la ley obligaba a todos los cines a proyectarlo.

A lo largo de décadas, millones de personas interiorizaron aquel ritual sin cuestionarlo demasiado. El NO-DO formaba parte del paisaje mental del país. Había quienes lo veían como una molestia inevitable, quienes lo recibían con indiferencia y quienes, especialmente en los años más duros de la posguerra, lo consideraban una ventana al mundo moderno, aunque esa ventana fuera estrecha y estuviera empañada por la propaganda. En una España con escasa prensa independiente y sin televisión hasta mediados de los cincuenta, aquellas imágenes tenían un peso simbólico enorme: construían el imaginario colectivo, fijaban la idea de progreso y proyectaban una normalidad que ocultaba, deliberadamente, la falta de libertades.

Pero el NO-DO también creaba silencios. Silencios sobre la represión, las huelgas, la miseria y el exilio. Silencios sobre la oposición clandestina, sobre las críticas internacionales, sobre cualquier episodio que pudiera cuestionar la imagen de un país unido y en permanente avance. Ese relato parcial moldeó generaciones enteras. Muchos españoles crecieron creyendo que la voz del locutor era la voz de la objetividad, sin saber que estaban escuchando una representación cuidadosamente construida. La estética en blanco y negro reforzaba la sensación de autoridad: sobria, incontestable, casi sagrada.

¿Eres capaz de descubrir la palabra de la memoria escondida en el pasatiempo de hoy?

Cuando murió Franco en 1975, el NO-DO continuó emitiéndose, pero ya se intuía su anacronismo. La Transición abrió las puertas a un pluralismo que había permanecido clausurado durante décadas. Las nuevas publicaciones, los debates políticos, las primeras elecciones y el creciente protagonismo de la televisión transformaron el paisaje informativo del país. De repente, el NO-DO parecía un eco del pasado, una voz que ya no encajaba en la España que estaba naciendo. Su obligatoriedad decayó y, poco a poco, dejó de proyectarse, más por irrelevancia que por prohibición.

El final del NO-DO, sin embargo, no fue un acto formal ni un titular rotundo. No hubo un día exacto en el que alguien anunciara solemnemente su desaparición. Fue un apagado lento, discreto, casi silencioso, acorde con la naturaleza del propio noticiario: un aparato que funcionaba por inercia y que dejó de hacerlo cuando la sociedad dejó de necesitarlo. Con su retirada, las salas de cine se transformaron. Donde antes había un discurso unidireccional, apareció un espacio vacío. La película comenzó a ser, por fin, el único protagonista de la pantalla. Ese silencio previo, aparentemente trivial, simbolizaba un giro cultural profundo: el Estado renunciaba a ocupar automáticamente el primer plano de la vida social.

Ese vacío fue, en realidad, una forma de liberación. España estaba aprendiendo a escucharse sin mediaciones oficiales. Los nuevos medios dieron voz a debates hasta entonces impensables, y la ciudadanía empezó a verse reflejada en informativos más abiertos, más plurales, más imperfectos también, pero sobre todo más reales. Frente a la épica monolítica del NO-DO, la Transición trajo el ruido democrático: discrepancias, tensiones, opiniones encontradas. Y en ese ruido emergió la posibilidad de la libertad.

Paradójicamente, hoy el NO-DO tiene una segunda vida en los archivos digitalizados. Sus imágenes son objeto de análisis histórico, de humor en redes sociales y de estudios sobre la propaganda y la construcción de la memoria. Ver un NO-DO en 2025 no produce obediencia, sino distancia crítica. Muchos jóvenes se sorprenden de su tono grandilocuente, de sus silencios selectivos, de su insistencia en inaugurar obras sin cesar. Esa distancia permite comprender mejor el funcionamiento de un régimen que pretendía controlar no solo la política, sino también la estética, la narrativa y la emoción.

Hoy, las imágenes del NO-DO sobreviven como documento, como advertencia y como espejo deformado de un país que ya no existe. El día —o, mejor dicho, el proceso— en que el NO-DO dejó de sonar marcó algo más que el fin de un noticiario: marcó el nacimiento de un país capaz de narrarse en sus propios términos. Y en ese silencio inicial, que abrió paso a todas las voces posibles, se encuentra una de las victorias simbólicas más profundas de la democracia española.