¿Que
los papas son personas humildes?
Se
supone que su modelo es Jesús, quien decía de sí mismo que era
humilde (Mateo 11:29). Pero además la gente piensa que Jesús era
humilde, porque en una ocasión lavó los pies a sus discípulos
(Juan 13:4-5). Y como sabemos, la humildad es una actitud de vida
basada en la sencillez y la ausencia de orgullo. Los creyentes, sin
embargo, suelen omitir otros pasajes donde Jesús muestra una actitud
arrogante (Juan 4:10-12, Marcos 7:24-30, Mateo 15:21-28, Lucas
10:23-24).
¿O
se refieren más bien a que Jesús era pobre? —Porque su familia
habría sido de una clase trabajadora que vivía cerca del límite de
la subsistencia. Una familia de artesanos (con un padre tektōn,
término griego que se traduce como “carpintero”). Por eso,
cuando acudían al Templo de Yahvé en Jerusalén, su ofrenda era de
dos palominos o tórtolas, porque no podían ofrecer un cordero
(Lucas 2:22-24). Sin embargo, ser pobre no es equivalente a ser
humilde.
Ahora,
en el caso de los papas, ¿podemos decir que tienen una actitud de
vida basada en la sencillez y la ausencia de orgullo? ¿Será que al
menos viven en pobreza material, o aunque sea con un poco de
austeridad?
Lo
que podemos observar es que los papas de nuestra época tratan de
proyectar una imagen pública de “humildad”, pero como sinónimo
de sencillez, modestia o austeridad. Y el ejemplo más representativo
es el papa Francisco, de quien se señalaba que renunció a vivir en
el lujoso Palacio Apostólico, optando por la Casa de Santa Marta,
una residencia más sencilla que opera de forma similar a un hotel o
casa de huéspedes. Francisco habitó la suite 201, que consistía en
un estudio sencillo y un dormitorio. Su sucesor, sin embargo, el papa
León XIV, se trasladó a vivir al Palacio Apostólico en marzo de
2026, revirtiendo la decisión de su antecesor.
Se
resalta también que Francisco dejó de usar la tradicional cruz
pectoral de oro macizo que portaban los papas anteriores, con una
cadena también de oro. El precio aproximado del conjunto podría
variar entre 15.000 y 25.000 dólares. Francisco la sustituyó por la
misma cruz de plata y sin gemas que usaba cuando era arzobispo y
cardenal en Argentina. Y León XIV decidió portar también una cruz
de plata, pero réplica de la utilizada (en oro) por el papa León
XIII (1878-1903).
Así
también, se ha indicado que Francisco prefería usar mitras y
casullas sin piedras preciosas, y transportarse en vehículos
sencillos, en lugar de los coches oficiales blindados o de lujo, que
podrían costar entre 200.000 y 900.000 dólares, dependiendo del
modelo base. Sin embargo, cuando viajaba no dejó de usar los famosos
papamóviles, fabricados o adaptados específicamente para sus
visitas internacionales, que pueden costar entre 500.000 dólares (un
Mercedes-Benz Clase G eléctrico personalizado) y 950.000 dólares
(un Lamborghini Huracán personalizado). Sólo para un rato, para una
ocasión.
Un
detalle curioso es que tradicionalmente todos los papas (incluso Juan
Pablo II y Benedicto XVI), usaron unos zapatos rojos especiales
hechos a la medida en cuero fino. Se señala que Francisco decidió
sustituirlos por zapatos negros, comunes al menos en apariencia. Sin
embargo, los mismos artesanos tradicionales que han fabricado los
zapatos rojos, siguen trabajando actualmente para el Vaticano, aunque
el color del calzado depende ahora de la preferencia del “pontífice”.
Y esos talleres de zapatería exclusiva atienden además las
“necesidades” de otros altos cargos eclesiásticos.
Porque,
los cardenales que actúan como príncipes en la corte papal,
utilizan también calzado a la medida. Y muchos de ellos adquieren su
vestimenta y calzado en sastrerías históricas de Roma, como
Gammarelli o Euroclero, que fabrican desde sotanas hasta zapatos y
accesorios eclesiásticos hechos a mano. Su precio es un dato
confidencial.
Y
es que históricamente el papado fue una monarquía absoluta, con
todos los símbolos del poder terrenal. Por eso los papas contaban
con cortes completas: asistentes, guardias, servidores —además de
los príncipes-cardenales— y protocolos ceremoniales complejos.
Varios papas acumularon mucha riqueza personal y familiar, además de
poder político. En el pasado eran incluso transportados en la “sedia
gestatoria”, un trono portátil cargado en hombros por sirvientes.
Juan Pablo I (el humilde “papa sonriente”) la utilizó en 1978,
poco antes de su “misterioso” fallecimiento. Y su sucesor, Juan
Pablo II, también la usó brevemente al inicio de su pontificado,
pero pronto la abandonó por completo (¿Le habrá resultado
incómoda?).
Los
papas lucían además en su cabeza tiaras con oro, perlas y piedras
preciosas, recibiendo honores similares —o superiores— a los
monarcas europeos. Las tiaras, símbolos de poder monárquico, son un
tipo de corona, piezas históricas con valores potenciales de cientos
de miles a millones de dólares. Y aunque dejaron de ser usadas en
1963 por Pablo VI, hay fotos en que se ve a Benedicto XVI con una en
su cabeza. Pero en general, desde Juan Pablo I en 1978, los
pontífices prefirieron usar una mitra, un tocado alto que simboliza
autoridad, y que es mucho más barata que una tiara.
Hoy
se intenta suavizar la imagen de ostentación de los papas, pero los
objetos de lujo siempre están presentes, y su valor es real. Las
sotanas papales son hechas por la sastrería Gammarelli, pudiendo
costar miles de dólares cada una. Así como las capas ceremoniales
(pluviales) bordadas a mano, cuyo valor varía entre uno y varios
miles de dólares.
Está
además el “Anillo del Pescador”, de oro de 18 kilates, símbolo
oficial del papa, que podría costar entre 7.000 y 13.000 dólares.
Sin
embargo, la “humildad” papal no sólo es tema de vestimenta y
accesorios, también hay otros detalles: como que el papa cuenta con
chefs profesionales dentro del Vaticano. Su cocina ha sido
históricamente de estilo italiano refinado, con ingredientes de alta
calidad. Y más allá de lo visible, el papa cuenta también con
otros privilegios, como:
-
Atención médica personalizada de punta, con acceso a hospitales de
élite (porque no confía en la oración como sanadora de
enfermedades).
-
Seguridad personal permanente (porque tampoco confía en la
protección divina).
-
Residencias opcionales dentro del Vaticano, con mantenimiento
completo y personal asignado (ya sea que las use o no).
-
Personal de servicio personal (y administrativo proporcional a sus
privilegios).
-
Viajes internacionales con logística de alto nivel.
Aunque
como dijimos, los lujos y privilegios eran mayores en el pasado,
antes de Pablo VI (1963–1978), quien fue el primero en renunciar a
la tiara papal, y vendió o donó algunos bienes simbólicos,
abandonando parte del protocolo monárquico. ¿Por qué lo hizo? —No
fue por “revelación divina”, sino por otros factores, como el
auge de los medios de comunicación, un público con mayor educación
científica y pensamiento crítico, escándalos financieros dentro
del Vaticano, y desigualdad global cada vez más visible. Todo esto
hizo que la opulencia dejara de ser admirable y comenzara a ser
incómoda.
En
fin, los papas actualmente pueden no ser personalmente ricos, pero
sin duda viven en el centro de una de las instituciones más ricas de
la historia, disfrutando plenamente de su fortuna. Y claro, esto
podría justificarse considerando que el papa es también un Jefe de
Estado. Pero si tomamos como ejemplo un presidente de un país
nórdico, las cosas no cuadran.
Un
presidente o monarca nórdico vive en residencias funcionales y
sobrias, y usa mobiliario estatal moderno o histórico, pero sin
lujo. El papa en cambio, habita en un entorno como el Vaticano, con
privilegios muy especiales (además de estar rodeado de arte
renacentista y barroco cuyo valor es literalmente incalculable).
En
países nórdicos no existen joyas personales obligatorias para
ejercer el cargo de Jefe de Estado, y los símbolos de poder son
minimalistas. Ellos no necesitan tiaras ni mitras, ni tronos, ni
capas bordadas a mano como símbolos de autoridad. Mientras que en el
papado hay anillos, vestimentas litúrgicas y objetos ceremoniales de
alto valor material. Esto, junto a tesoros acumulados durante siglos
(aunque algunos ya no se usen).
Mientras
un presidente nórdico usa ropa formal, pero industrial o de lujo
moderno, el papa puede acceder a talleres históricos como
Gammarelli, que le proporcionan vestimentas de alto valor elaboradas
con técnicas artesanales antiguas.
Pero
quizás más importante es que en los países nórdicos el gasto
público es altamente transparente, y hay fuerte presión social
contra cualquier exceso. En el Vaticano hay un nivel nulo de
escrutinio público directo, y una opacidad en el manejo financiero.
Mientras un Jefe de Estado nórdico administra un Estado moderno con
presupuesto regulado, el papa en cambio, está al frente de una
institución bimilenaria, con un patrimonio global manejado a
discreción.
O
sea, un Jefe de Estado nórdico puede tener seguridad particular,
residencia oficial, personal a su mando y una logística costosa.
Pero no tiene lujos o excesos, ni la acumulación de riqueza
histórica del Vaticano.
Entonces,
vienen ahora las preguntas: ¿Creen ustedes que el papa tiene un
nivel de vida similar al de Jesús? Incluso considerándolo Jefe de
Estado —algo inimaginable en Jesús—, ¿no podría el papa vivir
en residencias funcionales y sobrias (no en palacios), y usar algún
tipo de vestimenta formal no artesanal con zapatos normales
industriales él y su séquito, sin anillos o joyas especiales
protocolarias de alto valor material? ¿No podrían los papas manejar
un presupuesto regulado, con un gasto público transparente?
Sinceramente,
¿creen ustedes que los papas son humildes?
[Godless
Freeman]