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martes, 14 de abril de 2026

 


¿Que los papas son personas humildes?

Se supone que su modelo es Jesús, quien decía de sí mismo que era humilde (Mateo 11:29). Pero además la gente piensa que Jesús era humilde, porque en una ocasión lavó los pies a sus discípulos (Juan 13:4-5). Y como sabemos, la humildad es una actitud de vida basada en la sencillez y la ausencia de orgullo. Los creyentes, sin embargo, suelen omitir otros pasajes donde Jesús muestra una actitud arrogante (Juan 4:10-12, Marcos 7:24-30, Mateo 15:21-28, Lucas 10:23-24).

¿O se refieren más bien a que Jesús era pobre? —Porque su familia habría sido de una clase trabajadora que vivía cerca del límite de la subsistencia. Una familia de artesanos (con un padre tektōn, término griego que se traduce como “carpintero”). Por eso, cuando acudían al Templo de Yahvé en Jerusalén, su ofrenda era de dos palominos o tórtolas, porque no podían ofrecer un cordero (Lucas 2:22-24). Sin embargo, ser pobre no es equivalente a ser humilde.

Ahora, en el caso de los papas, ¿podemos decir que tienen una actitud de vida basada en la sencillez y la ausencia de orgullo? ¿Será que al menos viven en pobreza material, o aunque sea con un poco de austeridad?

Lo que podemos observar es que los papas de nuestra época tratan de proyectar una imagen pública de “humildad”, pero como sinónimo de sencillez, modestia o austeridad. Y el ejemplo más representativo es el papa Francisco, de quien se señalaba que renunció a vivir en el lujoso Palacio Apostólico, optando por la Casa de Santa Marta, una residencia más sencilla que opera de forma similar a un hotel o casa de huéspedes. Francisco habitó la suite 201, que consistía en un estudio sencillo y un dormitorio. Su sucesor, sin embargo, el papa León XIV, se trasladó a vivir al Palacio Apostólico en marzo de 2026, revirtiendo la decisión de su antecesor.

Se resalta también que Francisco dejó de usar la tradicional cruz pectoral de oro macizo que portaban los papas anteriores, con una cadena también de oro. El precio aproximado del conjunto podría variar entre 15.000 y 25.000 dólares. Francisco la sustituyó por la misma cruz de plata y sin gemas que usaba cuando era arzobispo y cardenal en Argentina. Y León XIV decidió portar también una cruz de plata, pero réplica de la utilizada (en oro) por el papa León XIII (1878-1903).

Así también, se ha indicado que Francisco prefería usar mitras y casullas sin piedras preciosas, y transportarse en vehículos sencillos, en lugar de los coches oficiales blindados o de lujo, que podrían costar entre 200.000 y 900.000 dólares, dependiendo del modelo base. Sin embargo, cuando viajaba no dejó de usar los famosos papamóviles, fabricados o adaptados específicamente para sus visitas internacionales, que pueden costar entre 500.000 dólares (un Mercedes-Benz Clase G eléctrico personalizado) y 950.000 dólares (un Lamborghini Huracán personalizado). Sólo para un rato, para una ocasión.

Un detalle curioso es que tradicionalmente todos los papas (incluso Juan Pablo II y Benedicto XVI), usaron unos zapatos rojos especiales hechos a la medida en cuero fino. Se señala que Francisco decidió sustituirlos por zapatos negros, comunes al menos en apariencia. Sin embargo, los mismos artesanos tradicionales que han fabricado los zapatos rojos, siguen trabajando actualmente para el Vaticano, aunque el color del calzado depende ahora de la preferencia del “pontífice”. Y esos talleres de zapatería exclusiva atienden además las “necesidades” de otros altos cargos eclesiásticos.

Porque, los cardenales que actúan como príncipes en la corte papal, utilizan también calzado a la medida. Y muchos de ellos adquieren su vestimenta y calzado en sastrerías históricas de Roma, como Gammarelli o Euroclero, que fabrican desde sotanas hasta zapatos y accesorios eclesiásticos hechos a mano. Su precio es un dato confidencial.

Y es que históricamente el papado fue una monarquía absoluta, con todos los símbolos del poder terrenal. Por eso los papas contaban con cortes completas: asistentes, guardias, servidores —además de los príncipes-cardenales— y protocolos ceremoniales complejos. Varios papas acumularon mucha riqueza personal y familiar, además de poder político. En el pasado eran incluso transportados en la “sedia gestatoria”, un trono portátil cargado en hombros por sirvientes. Juan Pablo I (el humilde “papa sonriente”) la utilizó en 1978, poco antes de su “misterioso” fallecimiento. Y su sucesor, Juan Pablo II, también la usó brevemente al inicio de su pontificado, pero pronto la abandonó por completo (¿Le habrá resultado incómoda?).

Los papas lucían además en su cabeza tiaras con oro, perlas y piedras preciosas, recibiendo honores similares —o superiores— a los monarcas europeos. Las tiaras, símbolos de poder monárquico, son un tipo de corona, piezas históricas con valores potenciales de cientos de miles a millones de dólares. Y aunque dejaron de ser usadas en 1963 por Pablo VI, hay fotos en que se ve a Benedicto XVI con una en su cabeza. Pero en general, desde Juan Pablo I en 1978, los pontífices prefirieron usar una mitra, un tocado alto que simboliza autoridad, y que es mucho más barata que una tiara.

Hoy se intenta suavizar la imagen de ostentación de los papas, pero los objetos de lujo siempre están presentes, y su valor es real. Las sotanas papales son hechas por la sastrería Gammarelli, pudiendo costar miles de dólares cada una. Así como las capas ceremoniales (pluviales) bordadas a mano, cuyo valor varía entre uno y varios miles de dólares.

Está además el “Anillo del Pescador”, de oro de 18 kilates, símbolo oficial del papa, que podría costar entre 7.000 y 13.000 dólares.

Sin embargo, la “humildad” papal no sólo es tema de vestimenta y accesorios, también hay otros detalles: como que el papa cuenta con chefs profesionales dentro del Vaticano. Su cocina ha sido históricamente de estilo italiano refinado, con ingredientes de alta calidad. Y más allá de lo visible, el papa cuenta también con otros privilegios, como:

- Atención médica personalizada de punta, con acceso a hospitales de élite (porque no confía en la oración como sanadora de enfermedades).

- Seguridad personal permanente (porque tampoco confía en la protección divina).

- Residencias opcionales dentro del Vaticano, con mantenimiento completo y personal asignado (ya sea que las use o no).

- Personal de servicio personal (y administrativo proporcional a sus privilegios).

- Viajes internacionales con logística de alto nivel.

Aunque como dijimos, los lujos y privilegios eran mayores en el pasado, antes de Pablo VI (1963–1978), quien fue el primero en renunciar a la tiara papal, y vendió o donó algunos bienes simbólicos, abandonando parte del protocolo monárquico. ¿Por qué lo hizo? —No fue por “revelación divina”, sino por otros factores, como el auge de los medios de comunicación, un público con mayor educación científica y pensamiento crítico, escándalos financieros dentro del Vaticano, y desigualdad global cada vez más visible. Todo esto hizo que la opulencia dejara de ser admirable y comenzara a ser incómoda.

En fin, los papas actualmente pueden no ser personalmente ricos, pero sin duda viven en el centro de una de las instituciones más ricas de la historia, disfrutando plenamente de su fortuna. Y claro, esto podría justificarse considerando que el papa es también un Jefe de Estado. Pero si tomamos como ejemplo un presidente de un país nórdico, las cosas no cuadran.

Un presidente o monarca nórdico vive en residencias funcionales y sobrias, y usa mobiliario estatal moderno o histórico, pero sin lujo. El papa en cambio, habita en un entorno como el Vaticano, con privilegios muy especiales (además de estar rodeado de arte renacentista y barroco cuyo valor es literalmente incalculable).

En países nórdicos no existen joyas personales obligatorias para ejercer el cargo de Jefe de Estado, y los símbolos de poder son minimalistas. Ellos no necesitan tiaras ni mitras, ni tronos, ni capas bordadas a mano como símbolos de autoridad. Mientras que en el papado hay anillos, vestimentas litúrgicas y objetos ceremoniales de alto valor material. Esto, junto a tesoros acumulados durante siglos (aunque algunos ya no se usen).

Mientras un presidente nórdico usa ropa formal, pero industrial o de lujo moderno, el papa puede acceder a talleres históricos como Gammarelli, que le proporcionan vestimentas de alto valor elaboradas con técnicas artesanales antiguas.

Pero quizás más importante es que en los países nórdicos el gasto público es altamente transparente, y hay fuerte presión social contra cualquier exceso. En el Vaticano hay un nivel nulo de escrutinio público directo, y una opacidad en el manejo financiero. Mientras un Jefe de Estado nórdico administra un Estado moderno con presupuesto regulado, el papa en cambio, está al frente de una institución bimilenaria, con un patrimonio global manejado a discreción.

O sea, un Jefe de Estado nórdico puede tener seguridad particular, residencia oficial, personal a su mando y una logística costosa. Pero no tiene lujos o excesos, ni la acumulación de riqueza histórica del Vaticano.

Entonces, vienen ahora las preguntas: ¿Creen ustedes que el papa tiene un nivel de vida similar al de Jesús? Incluso considerándolo Jefe de Estado —algo inimaginable en Jesús—, ¿no podría el papa vivir en residencias funcionales y sobrias (no en palacios), y usar algún tipo de vestimenta formal no artesanal con zapatos normales industriales él y su séquito, sin anillos o joyas especiales protocolarias de alto valor material? ¿No podrían los papas manejar un presupuesto regulado, con un gasto público transparente?

Sinceramente, ¿creen ustedes que los papas son humildes?

[Godless Freeman]

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