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viernes, 20 de febrero de 2026

 


El 18 de febrero de 1911 nació en Madrid Julián Grimau, político comunista condenado a muerte y ejecutado por la dictadura franquista, acusado ante el tribunal militar que lo juzgó en Consejo de guerra de supuestos crímenes cometidos en la retaguardia durante la guerra civil española en su condición de miembro de los servicios policiales y como jefe de la Brigada de Investigación Criminal. La oposición a la dictadura, tanto en el interior como en el exterior, cuestionó la validez de las pruebas presentadas en el juicio y denunció las torturas a las que fue sometido durante su detención.

Establecido en La Coruña, donde trabajaba en una editorial, Julián Grimau se interesó desde muy joven por la política. Ya en Galicia había militado en la ORGA (Organización Republicana Gallega Autónoma), y, tras la proclamación de la república en 1931, regresó a Madrid y se afilió al Partido Republicano Liberal. Ingresó en el cuerpo de policía y fue inspector de la Brigada de Investigación Criminal en Barcelona. Con el estallido de la guerra civil, participó en julio de 1936 en el asalto al Cuartel de la Montaña e ingresó en el Partido Comunista de España (PCE).

Finalizada la guerra civil, se exilió a Francia y Cuba y prosiguió su actividad política. En 1943 regresó a Europa; en 1954, en el congreso de Praga, fue elegido miembro del Comité Central del PCE. Establecido en Francia, desde 1959 pasó clandestinamente algunas temporadas en España, dedicado a la organización en el propio territorio de la oposición al régimen de Francisco Franco.

El día 8 de noviembre de 1962 varios inspectores de la Brigada Político-Social detuvieron a Grimau en un autobús, en la madrileña Glorieta de Cuatro Caminos. Hacía varios días que el militante comunista era vigilado. En los locales de la Dirección General de Seguridad, y mientras era sometido a interrogatorio, Grimau "cayó desde una ventana del cuarto piso del edificio". En una rueda de prensa convocada por Manuel Fraga al día siguiente del hecho, el ministro dijo: "Se trata del jefe de un pequeño grupo comunista, muy avisado, y que si se sometió a la pirueta de arrojarse por el balcón de la calle fue porque no quería declarar ninguna palabra más de las que había declarado. Está perfectamente identificado: estuvo en el Cuartel de la Montaña, y con nombre supuesto ha circulado dentro y fuera de España durante tres años, y no se puede todavía añadir nada más sobre este particular por cuanto su estado de gravedad ha impedido tomarle nuevas declaraciones".

El llamado "caso Grimau" ha merecido siempre un tratamiento especial entre los historiadores por las condiciones en que se produjo y sus derivaciones internacionales. Durante el régimen franquista, después de la intensa represión de 1939-1944, se habían producido episodios como éste con otras personas por actividades contra la dictadura. En 1962, sin embargo, la guerra quedaba ya lejos, y el clima político estaba marcado por las expectativas liberalizadoras.

Julián Grimau era un inculpado de gran importancia y los sectores más extremistas del régimen impusieron realizar con él un castigo ejemplar. El proceso alcanzó una gran espectacularidad. Varios médicos franceses que le interrogaron concluyeron que podía descartarse el intento de suicidio y que la ausencia de cortes en el rostro y las manos invitaban a considerar que había sido arrojado por la ventana, con el conocimiento perdido a causa de las presiones físicas ejercidas sobre él. El capitán Alejandro Rebollo cuidó de la defensa de Grimau, quien fue acusado de "crímenes cometidos contra bienes y personas durante la Cruzada". Lo cierto es que, sorprendentemente, la defensa del capitán Rebollo fue brillante y sincera, solicitando la absolución por los hechos imputados durante la guerra y reclamando una pena de tres años de cárcel por las actividades del procesado contra la "legalidad vigente". Ese capitán tuvo posteriormente dificultades en su vida profesional.

El militante comunista fue condenado a muerte. El diario Le Monde del último día de abril de aquel 1963 explicó: "En la reunión del Consejo de Ministros para decidir sobre la suerte de Julián Grimau, Franco no habló una sola vez durante las catorce horas de discusión. Por irónico que parezca, la incapacidad del Caudillo alarma a los liberales españoles [...] Al parecer, el proceso y la condena de Grimau constituye una victoria de la Vieja Guardia y el fin de la tentativa de liberalización promovida con la llegada a la vicepresidencia del general Muñoz Grandes. La decisión en favor de la ejecución fue adoptada por un voto de mayoría: votaron por ella todos los generales y dos civiles. Uno de los generales era Agustín Muñoz Grandes, quien se mostró contrario, pero no quiso romper la solidaridad con sus compañeros de armas".

Según explica Manuel Fraga en sus memorias, "la cuestión de si se amnistiaba o no a Grimau fue uno de los debates más difíciles que recuerdo; predominó la tesis negativa y la sentencia se cumplió". Por el indulto se movilizaron numerosas instituciones internacionales y personalidades del mundo político y cultural. El profesor Giorgio La Pira, alcalde de Florencia y miembro influyente de la Democracia Cristiana de su país, encabezó una acción de protesta secundado por los poetas Salvatore Quasimodo, Giuseppe Ungaretti y Alberto Moravia. En Francia se movilizaron personalidades como Jean-Paul Sartre, Yves Montand, André Malraux y muchos más, así como la reina madre de Bélgica y el papa Juan XXIII, quien hizo llegar a Franco "una exhortación a la caridad cristiana".

Quizás el hecho más destacado fuera el envío por Nikita Kruschev a Franco de un telegrama solicitando el indulto: "Ninguna razón de Estado podría justificar el hecho de que 25 años después de terminar la Guerra Civil de España se pueda juzgar a una persona según leyes de tiempo de guerra. Guiado por sentimientos de humanidad me dirijo a usted convencido de que atenderá el ruego de modificar esta sentencia". La respuesta de Franco fue: "Los crímenes horrendos cometidos, de los que hay pruebas abrumadoras, y la continuada acción subversiva hasta el momento mismo de su detención, impiden el ejercicio de la gracia del indulto".

Finalmente Grimau fue fusilado el 20 de abril de 1963. El diario católico francés La Croix afirmó: "Sin inmiscuirnos en los asuntos internos de España, puede considerarse que la ejecución de Grimau no facilita el apaciguamiento de los espíritus ni la paz". El dirigente católico italiano Aldo Moro opinó que "este fusilamiento adquiere caracteres no de justicia, sino de venganza política". El diario romano La Stampa concluyó: "La impresión provocada en El Vaticano ha sido francamente negativa. Un portavoz papal afirmó que no habían faltado apelaciones a la clemencia, lamentándose de que de nada hubieran servido".

El caso Grimau fue el más espectacular en aquel contexto de fortísima represión vivido en el bienio 1962-1963. Pero es necesario señalar que el dirigente comunista no fue el único ejecutado. El 29 de julio de 1963 explotaron en Madrid, en los edificios de la Dirección General de Seguridad y de la Central Nacional Sindicalista, dos artefactos. Unas horas después eran detenidos dos jóvenes anarquistas a los que se acusó de la autoría del hecho: Joaquín Delgado y Francisco Granados. Según una nota publicada en Toulouse por el Consejo Ibérico de Liberación, ambos nada tenían que ver en los citados atentados, afirmando que se trataba de un montaje policial dentro de la oleada de represión. Joaquín Delgado y Francisco Granados, ejecutados a garrote vil, fueron la culminación trágica de aquella oleada represiva. Otra noticia de aquella coyuntura provino de la comarca barcelonesa del Bergadá. A principios de agosto, durante un encuentro armado con la Guardia Civil, resultó muerto el último guerrillero: Ramón Vila Capdevila, conocido con el nombre de Caracremada, un solitario adscrito ideológicamente a la CNT, pero sin vinculaciones orgánicas con la un organización.


 


 


 


Nando Worldcitizen 

✝️ EN LA RELIGIÓN APRENDEMOS A PEDIR PERDÓN DESPUÉS DE HACER EL MAL.

EN LA CLASE DE ÉTICA APRENDEMOS A NO HACERLO.

Miércoles de Ceniza: un ritual público de culpa, que hace a algunos sentirse orgullosos

¿No es esto contradictorio? —Sí, pero no es nada de extrañarse en las religiones.

Cada año en España y gran parte de Hispanoamérica, ocurre la misma escena: personas vestidas para ir al trabajo, a la universidad o para hacer compras cotidianas, caminan por la ciudad con una cruz de ceniza dibujada en la frente; en señal de penitencia, pero a la vez con una especie de orgullo grupal. Y no es un accidente, ni una broma, ni maquillaje artístico: es Miércoles de Ceniza, el día que comienza la Cuaresma, es decir, los cuarenta días previos a la llamada "Pascua de Resurrección”, "Pascua Florida” o “Domingo de Resurrección” (la Pascua cristiana).

Se supone que es un período destinado a la "preparación espiritual” de los cristianos para la celebración de la supuesta resurrección de Jesús, durante el cual realizan diversos tipos de "penitencia”.

El día anterior correspondió al Martes de Carnaval o Mardi Gras, el último día del Carnaval, que es un período festivo de origen precristiano, celebrado por diferentes culturas, en que se practica todo tipo de excesos, para en el caso de los cristianos, a partir de hoy Miércoles de Ceniza, buscar el arrepentimiento y la reconciliación con "Dios”.

Desde una mirada antropológica —y crítica— el fenómeno es sin duda interesante: una marca ritual visible que convierte la identidad religiosa en señal pública; un recordatorio corporal de culpa, mortalidad, pero a la vez de pertenencia comunitaria.

Ya en el siglo IV existía la idea de un período de "preparación espiritual” antes de la celebración de la supuesta resurrección de Jesús.

Pero el detalle curioso es que originalmente no comenzaba en miércoles sino en domingo (porque la resurrección también se celebra un domingo).

El problema es que los domingos eran considerados días festivos, y no se ayunaba. Así que entre los siglos VI y VII, cuando el ayuno penitencial se volvió central, la Iglesia movió el inicio de la cuaresma para el miércoles anterior, para que así cuadraran las cuentas penitenciales. Y de esta forma nació el primer Miércoles de Ceniza: no por revelación divina, sino por logística litúrgica.

¿Y por qué ceniza? —Se supone que es una práctica que expresa arrepentimiento y culpa, siendo considerada como una especie de "pago” por algo "malo” que la persona cree que hizo.

Ya los hebreos acostumbraban a manifestar su humillación, luto y arrepentimiento cubriéndose la cabeza de ceniza.

Eso equivalía a reconocerse culpable ante la divinidad.

EN LA RELIGIÓN APRENDEMOS A PEDIR PERDÓN DESPUÉS DE HACER EL MAL.

EN LA CLASE DE ÉTICA APRENDEMOS A NO HACERLO.

La Biblia menciona por ejemplo un episodio en que Judit cayó "rostro en tierra”, y "echó ceniza sobre su cabeza", para humillarse ante su dios Yahvé-Jehová (Judit 9:1, Biblia de Jerusalén). Y según los evangelios, el mismo Jesús esperaba que la gente realizara estas humillantes prácticas penitentes o de arrepentimiento, "en ceniza” (Mateo 11:21).

Pero además, el Miércoles de Ceniza es una ocasión propicia para recordar aquella frase bíblica de: "polvo eres, y al polvo volverás” (Génesis 3:19). Así que el sacerdote marca una cruz en la frente del creyente mientras pronuncia esa frase.

Osea que el cristianismo heredó esa simbología y la institucionalizó.

¿Y de dónde sale la ceniza? —Resulta de quemar los ramos "bendecidos” que se usaron el año anterior para la procesión y misa del Domingo de Resurrección o Domingo de Ramos.

Pero, ¿quiénes practican este rito? —No es exclusivo de los católicos, también lo practican los anglicanos, los luteranos, los metodistas, los presbiterianos y hasta algunos bautistas. Sin embargo, en la cultura iberoamericana el fenómeno visible es sobre todo entre los católicos: millones de personas reciben la cruz en la frente hoy, y luego continúan su vida diaria portándola todo el día (como penitencia, pero a la vez con cierto orgullo).

Porque para ellos no se trata de una simple marca con ceniza, sino de un símbolo que cumple una función social: de identidad, culpa y pertenencia. Y esto, desde el punto de vista antropológico resulta interesante, puesto que esa cruz cumple varias funciones simultáneas:

1. Es una marca de identidad grupal. Una señal pública de afiliación. Porque no basta creer, hay que demostrarlo.

2. Es un ritual de culpa colectiva. La ceniza simboliza arrepentimiento, incluso antes de un pecado concreto. Porque se participa en una deuda moral abstracta heredada.

3. Es un recordatorio de la mortalidad humana. El "volverás al polvo” funciona como pedagogía emocional: someter al individuo recordándole su pequeñez ante la autoridad religiosa.

4. Es una forma de normalización social. Cuando miles lo hacen, el gesto —absurdo por sí mismo— deja de parecer extraño y se convierte en una tradición “respetable”.

Lo curioso es que, en sociedades históricamente católicas, el Miércoles de Ceniza tiene un componente especialmente visible: personas con traje de oficina, uniforme escolar o ropa cotidiana, que llevan la cruz marcada en su frente durante toda la jornada. Algo que no es necesario hacer… pero que se hace. Y ese detalle es clave: la religión deja de ser interior para convertirse en acto performativo.

Algo que desde la perspectiva antropológica se llama "ritual de señalización”: un comportamiento costoso o incómodo que demuestra pertenencia auténtica al grupo.

Al final, lo interesante no es si alguien cree o no cree, sino por qué el ritual sigue funcionando. Porque no es algo que depende de evidencia, sino de emociones profundas: miedo a la muerte, necesidad de comunidad, sentimiento de culpa heredado, y deseo de reconocimiento social.

La ceniza no prueba en realidad nada sobrenatural, pero sí revela algo muy humano: la necesidad de convertir ideas abstractas en acciones físicas.

Resumamos diciendo que el Miércoles de Ceniza no nació de ningún mandato divino, sino por ajustes prácticos del calendario litúrgico, y herencia cultural de antiguas prácticas penitenciales.

Sin embargo, siglos después sigue vigente, porque satisface funciones psicológicas y sociales muy reales. Cada cruz en la frente es menos una señal del cielo… y más una huella de la historia humana: de nuestra tendencia a materializar la culpa, a ritualizar la pertenencia y a convertir la mortalidad en ceremonia.

Pero en definitiva, la ceniza no conecta al creyente con lo eterno.

Lo conecta con algo mucho más comprobable: la tradición.


 


 


   

Edgar Leyva Rodriguez




 


    Juan Carlos Fernández


 


 


 


 

Nando Worldcitizen



 


 




 

Nando Worldcitizen 

✝️ ABUSOS DE LA IGLESIA

La diócesis de Camden, en Nueva Jersey, acordó pagar 180 millones de dólares para resolver denuncias de abuso sexual por parte de miembros del clero.

El obispo Joseph Williams dijo que el acuerdo busca justicia y sanación para las víctimas.

El monto supera pactos anteriores en ciudades como Boston y Filadelfia, aunque queda por debajo del acuerdo de 880 millones alcanzado en Los Ángeles en 2024.

La diócesis ya se había declarado en bancarrota tras una ola de demandas. El acuerdo aún debe ser aprobado por un tribunal.




 


 



Isaac Díaz Pardo·

 

¿HA SIDO UN SABOTAJE EL ACCIDENTE DEL ALDAMUZ?

La primera de las hipótesis se centra en “un problema en las infraestructuras ferroviarias” con tres derivadas: “un carril o riel de fabricación defectuoso”, “una soldadura defectuosa” o el “estado general del conjunto”.

La Guardia Civil identifica el riel que pudo romper, marcado con la inscripción Ensidesa del año 2023 y acero de grado R350HT en sentido Madrid. Los agentes han pedido a Adif todos los datos disponibles sobre los lotes de rieles usados en el tramo del siniestro.

En cuanto a la posible soldadura defectuosa, la Guardia Civil ha realizado numerosas gestiones. El análisis se centra en la soldadura del riel de 2023 que se une a otro de 1989. Se ha pedido al juzgado un análisis de cuatro muestras de la soldadura e incluso información al sindicato CGT por sus denuncias sobre el presunto incumplimiento de las distancias entre soldaduras ejecutadas en el tramo.

También se está revisando un estado general del conjunto. Los agentes están mirando las traviesas, el balasto, el carril, los clips y más soldaduras de todo el tramo que Adif renovó.

La segunda de las hipótesis está en que un tren anterior pudiese perder una pieza que a su vez dañase la infraestructura. Se han pedido datos sobre el estado de los trenes que circularon por la zona para ver si se ha perdido alguna pieza o no. Se está recibiendo documentación.

Los agentes no cierran aunque parecen descartar el fallo humano como causa. Se han hecho análisis toxicológicos a los conductores de los trenes (el del Alvia falleció en el acto) y se ha tomado declaración a todo el personal que estuvo con ellos. Es la hipótesis que más fuerza pierde.

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La cuarta hipótesis es la de “otras causas” en la que se alude a un “sabotaje” o actuación “terrorista”, a una falta de prevención, a otra falta de mantenimiento o el uso de materiales inadecuados en la obra.

En cuanto al sabotaje, es donde más se ha centrado la investigación, con numerosas solicitudes de informes. La Guardia Civil ha pedido informes de laboratorio sobre si hay capacidad técnica para determinar “la presencia de trazas mecánicas” que indiquen el “uso de alguna herramienta para el corte” o la presencia de “sustancias explosivas o corrosivas”. Los estudios todavía no se han llevado a cabo y se está a la espera de ellos para poder descartar esta hipótesis.


 


 


 


 


Además de paradigma de la estulticia

 


 


jueves, 19 de febrero de 2026

 


El culto al Sol

Desde las primeras civilizaciones, el Sol fue más que una estrella: fue dios, juez, rey y fuente de vida. Antes de los templos cristianos, ya existían altares orientados al amanecer. Antes de las catedrales, los imperios levantaban obeliscos para honrar su luz.

En Roma, el culto a Sol Invictus (el Sol invencible) se convirtió en símbolo imperial. Su festividad principal era el 25 de diciembre, fecha que más tarde adquiriría otro significado religioso. El Sol representaba poder, eternidad y dominio sobre la oscuridad.

Muchos señalan que ciertos símbolos sacerdotales cristianos, como el Crismón (☧) —una P con una X superpuesta— provienen de las primeras letras griegas de “Cristo” (Chi-Rho). Sin embargo, su forma también recuerda antiguos monogramas solares utilizados en contextos imperiales romanos, donde el emperador se vinculaba con la divinidad solar. La línea entre fe y poder político, en la Antigüedad, era muy delgada.

El Sol fue adorado en múltiples culturas:

☀️ Dioses solares en distintas civilizaciones

Ra – Egipto

Atón – Egipto (reforma de Akenatón)

Helios – Grecia

Apolo – Grecia/Roma (asociado luego al Sol)

Sol Invictus – Roma

Mitra – Persia/Roma (vinculado a la luz solar)

Shamash – Mesopotamia

Inti – Imperio Inca

Huitzilopochtli – Mexica/Azteca

Surya – India védica

Amaterasu – Japón

El Sol ha sido símbolo de resurrección diaria, de victoria sobre la oscuridad, de autoridad suprema. Muchas religiones posteriores heredaron lenguaje, fechas y símbolos que antes ya estaban asociados a su culto.

La cuestión no es negar creencias, sino observar la continuidad histórica.

Y entonces surge la pregunta incómoda:

¿En serio crees que Jesús es tu religión… o a qué dios te reverencias realmente?

Entre ceja y oreja

 


 


 


El jarrón roto

Por Javier F. Ferrero

Felipe González fue durante años el tótem sentimental de una generación. El primer presidente socialista tras la muerte de Franco. El símbolo del cambio. El hombre al que muchos escucharon en los años ochenta prometer una España distinta, moderna, europea, menos gris. Hoy, sin embargo, su figura se ha transformado en algo muy diferente: un recuerdo incómodo que interviene más para torpedear que para construir.

No se trata de edad ni de nostalgia. Se trata de coherencia.

González llegó al poder en 1982 con un discurso crítico con la OTAN y con la promesa de un giro social profundo. Poco después, defendió la permanencia en la Alianza Atlántica y abrazó el proyecto europeo como única vía posible. La reconversión industrial disparó el paro en cientos de miles de hogares. Los socialistas, entonces, no le dieron la espalda. Le acompañaron en cada viraje. Le defendieron cuando expropió Rumasa. Le sostuvieron cuando los casos de corrupción erosionaron su credibilidad. Incluso cuando el terrorismo de Estado de los GAL dejó una herida indeleble en la democracia española.

Nunca hubo un ajuste de cuentas interno serio. Nunca un cuestionamiento frontal desde su propio partido. El “señor X” quedó como una sombra, no como una ruptura.

MEMORIA SELECTIVA Y LECCIONES DESDE EL RETROVISOR

Lo llamativo no es el pasado. Lo inquietante es el presente.

Felipe González ha decidido convertirse en ariete contra el actual secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. Le reprocha pactos, cesiones, estrategias parlamentarias. Le incomoda el “no es no” que marcó una ruptura con el establishment interno y externo. Pero conviene recordar que González también pactó. Y que lo hizo en contextos no menos controvertidos.

La diferencia es política y generacional. Sánchez gobierna con una estimación de voto cercana al 30% en un escenario fragmentado, con una derecha radicalizada y con una oposición que ha convertido el insulto en estrategia permanente. En ese contexto, parte de las viejas glorias socialistas parecen más cómodas coincidiendo con los argumentarios de la derecha que defendiendo la autonomía del proyecto que dicen haber construido.

No es una cuestión de discrepancia. Es una cuestión de oportunidad histórica.

España no está en 1982. Tampoco en 1996. El tablero es otro. La extrema derecha es tercera fuerza política. La precariedad es estructural. El salario mínimo ha subido de 735 euros en 2018 a 1.134 euros en 2024. Las pensiones se han revalorizado con el IPC. Se han aprobado impuestos extraordinarios a grandes energéticas y entidades financieras. Son decisiones discutibles, pero no irrelevantes.

Que el debate interno exista es sano. Que se utilice para debilitar en público a quien gobierna mientras la oposición erosiona cada medida, es otra cosa.

EL MITO Y EL PODER

Felipe González fue durante años el “jarrón chino” del socialismo español. Una figura a la que nadie sabía dónde colocar, pero que nadie se atrevía a retirar. Su legado es complejo. Modernizó infraestructuras, impulsó sanidad y educación públicas, consolidó la integración europea. También convivió con escándalos graves y decisiones que marcaron negativamente a miles de trabajadores y trabajadoras.

La historia no es un bloque monolítico. Es una suma de luces y sombras.

El problema surge cuando el mito se convierte en obstáculo. Cuando la autoridad moral se utiliza como herramienta de presión permanente. Cuando el pasado se emplea como vara de medir selectiva. No se puede exigir pureza estratégica desde una trayectoria que también estuvo plagada de pragmatismo extremo.

La izquierda española tiene suficientes desafíos externos como para dedicar su energía a batallas simbólicas con sus propios referentes históricos. Vox no crece por los pactos parlamentarios del PSOE. Crece por el desgaste social, por la fragmentación del espacio progresista y por la incapacidad de articular un relato común frente a la ofensiva cultural conservadora.

El debate sobre liderazgo es legítimo. Pero la nostalgia no puede convertirse en trinchera.

Felipe González fue esperanza. Fue poder. Fue contradicción. Hoy es, sobre todo, un recordatorio de que ningún liderazgo es eterno y de que la política no es un altar sino un campo de disputa permanente.

El jarrón no se rompe por cambiarlo de sitio. Se rompe cuando se usa para golpear a quienes intentan sostener la casa.



 



Daniel Aponte Ramos

 

Tres meses después de morir Charles Chaplin, su tumba apareció abierta y vacía. Alguien había secuestrado el cadáver del cómico más famoso del mundo y los ladrones llamaron a la viuda pidiendo rescate. Su respuesta fue digna de una de sus películas.

Chaplin descansaba en un cementerio tranquilo de Suiza, hasta que dos mecánicos decidieron que robar el cuerpo era la forma más fácil de hacerse ricos. Para ello, desenterraron el ataúd de roble macizo, que pesaba una auténtica barbaridad, y se lo llevaron en una furgoneta. Era marzo de 1978, y lo que comenzó como un plan supuestamente "infalible" se convertiría en uno de los crímenes más absurdos de la historia moderna.

Los secuestradores eran Roman Wardas, un mecánico polaco de 24 años, y Gantcho Ganev, un mecánico búlgaro de 38 años. Ambos vivían en Suiza, trabajaban juntos, y estaban desesperados por dinero. Después de leer sobre la muerte de Chaplin y su entierro en el pintoresco cementerio de Corsier-sur-Vevey, tuvieron lo que consideraron una idea brillante: secuestrar el cadáver y pedir rescate a la familia. Después de todo, Chaplin había sido increíblemente rico. Su viuda, Oona O'Neill, seguramente pagaría cualquier suma para recuperar a su esposo.

Una noche oscura, armados con palas y determinación, los dos mecánicos cavaron la tumba de Chaplin, levantaron el pesado ataúd de roble, lo cargaron en su furgoneta y se lo llevaron. Lo enterraron nuevamente en un campo de maíz a unos kilómetros de distancia, marcaron cuidadosamente el lugar, y se prepararon para hacer su demanda de rescate.

Cuando llamaron a Oona O'Neill exigiendo 600,000 francos suizos (aproximadamente $250,000 en ese momento), esperaban lágrimas, pánico, desesperación. En cambio, obtuvieron algo completamente diferente. Oona, que había estado casada con Chaplin durante 34 años y había criado a ocho hijos con él, respondió con una calma helada que desconcertó completamente a los secuestradores.

"Charlie me habría encontrado esto ridículo," dijo. "Él no significaba nada más que un montón de huesos. No voy a pagar un centavo".

Los ladrones quedaron atónitos. ¿No iba a pagar? ¿Ni siquiera iba a negociar? Llamaron nuevamente. Y nuevamente. Hicieron más de 200 llamadas telefónicas durante las siguientes semanas, cada vez más desesperados, reduciendo el monto del rescate, amenazando, suplicando. Oona se mantuvo firme. La policía suiza, mientras tanto, estaba grabando cada llamada, rastreando cada movimiento.

Oona había dicho públicamente: "Mi marido está en mi memoria y en mis hijos. No está en una tumba". Era una respuesta perfectamente digna del espíritu de Chaplin, quien había pasado su vida burlándose de la codicia, la autoridad pomposa y los planes mal concebidos. Los ladrones habían secuestrado el cuerpo de un hombre cuya vida entera había sido una crítica a exactamente el tipo de estupidez que estaban demostrando.

Después de semanas de llamadas telefónicas rastreadas, la policía suiza finalmente localizó a Wardas y Ganev. Los arrestaron en mayo de 1978, apenas dos meses después del robo. Bajo interrogatorio, los mecánicos, ahora completamente derrotados, confesaron todo y llevaron a la policía directamente al campo de maíz donde habían enterrado el ataúd.

El ataúd fue recuperado intacto. Chaplin fue devuelto a su tumba. Pero esta vez, la familia tomó precauciones. Construyeron una bóveda de concreto reforzado alrededor del ataúd para asegurarse de que nadie pudiera intentar esto nuevamente. Wardas fue sentenciado a cuatro años y medio de prisión. Ganev recibió una sentencia suspendida de 18 meses como cómplice menor.

Lo que hace que esta historia sea tan peculiarmente apropiada es que toda ella podría haber sido sacada de una de las propias películas de Chaplin. Dos tontos desesperados intentando un plan elaborado que falla espectacularmente. Una viuda con más dignidad y sentido común que los criminales. Las autoridades eventualmente atrapando a los villanos incompetentes. Y en el centro de todo, el cuerpo silencioso de un hombre que había pasado su vida haciendo reír al mundo con historias exactamente como esta.