El 18 de febrero de 1949 murió exiliado en Buenos Aires Niceto Alcalá-Zamora, político y jurista que ocupó varios ministerios durante el reinado de Alfonso XIII, la presidencia del gobierno provisional de la Segunda República y, finalmente, el cargo de presidente de la República Española entre 1931 y 1936.
Su oposición a la dictadura de Miguel Primo de Rivera le llevó a declararse partidario de la República en 1930, a participar en el Pacto de San Sebastián para derrocar a la monarquía y a presidir el gobierno provisional que se hizo cargo del poder tras la renuncia de Alfonso XIII, el 14 de abril de 1931.
Su presencia en aquel gobierno representaba la adhesión al régimen republicano de sectores conservadores, católicos y de clase media. Pero pronto entró en conflicto con los dirigentes republicanos más avanzados: discrepó sobre todo de la regulación constitucional de las relaciones Iglesia-Estado, hasta el punto de dimitir y ceder la jefatura del gobierno a Manuel Azaña.
No obstante, fue elegido presidente de la República, cargo que ejerció durante cinco años con lealtad a la Constitución; durante el primer bienio entró en conflicto con las predominantes fuerzas de izquierdas; pero no fue mucho mejor su relación con los partidos de derechas que triunfaron en las elecciones de 1933 (enfrentamiento con José María Gil Robles, indulto al general golpista José Sanjurjo contra el parecer del gobierno...).
Tras las elecciones de 1936, que dieron el triunfo al Frente Popular, Alcalá Zamora acabó por ser depuesto como presidente, al haber rebasado el número de disoluciones de las Cortes autorizado por la Constitución en un solo mandato presidencial; una vez más, Manuel Azaña fue el encargado de sucederle. Niceto Alcalá Zamora se exilió en París y, más tarde, en Buenos Aires.
En el balance de su actuación política hay que destacar la voluntad de integración que demostró, aceptando lealmente el juego democrático desde posiciones conservadoras; su aspiración de promover una gran opción política de centro que facilitara el consenso estaba condenada al fracaso en una época de tensiones sociales y políticas tan graves como las que acabaron conduciendo (tres meses después de su destitución) a la Guerra Civil, y, tras la derrota de la República, a la dictadura de Francisco Franco.
Famoso por su elocuencia parlamentaria desde las Cortes de la Restauración, Alcalá Zamora fue miembro de la Real Academia Española y dejó una abundante obra escrita; algunos de sus títulos más destacados son Tres años de experiencia constitucional, Los defectos de la Constitución de 1931 e Inventario objetivo de cinco años de República.
El inicio de la guerra civil española le sorprendió en un viaje por Noruega. Decidió no regresar a España cuando se enteró, según cuenta en sus memorias, reescritas durante el exilio, de que milicianos del Frente Popular habían entrado ilegalmente en su domicilio, robándole sus pertenencias y saqueado asimismo su caja de seguridad (y al menos, otra propiedad de una de sus hijas) en el banco Crédit Lyonnais de Madrid, llevándose el manuscrito de sus memorias, parte del cual fue publicado (con cortes de la censura) en la prensa republicana durante la guerra y ampliamente comentado por Manuel Azaña en sus Memorias. Fijó su residencia en Francia, donde le sorprendió la Segunda Guerra Mundial.
El 17 de enero de 1937, en plena guerra civil, publicó un artículo en el diario suizo Journal de Genève en el que se sumó a la tesis del bando sublevado de que la victoria del Frente Popular en las elecciones generales de febrero de 1936 se había producido gracias a la alteración de las actas electorales por la «ofensiva del desorden» desplegada por el Frente Popular en la calle durante la tarde-noche del mismo día de las elecciones y los días siguientes («la muchedumbre se apoderó de documentos electorales; en muchas localidades los resultados pudieron ser falsificados»), seguida de la manipulación llevada a cabo por la Comisión de Actas («que procedió de manera arbitraria. Se anularon todas las actas de ciertas provincias, donde la oposición resultó victoriosa; se proclamaron a candidatos amigos vencidos. Se expulsó de las Cortes a varios diputados de la minoría»). Así fue como, según Alcalá Zamora, el Frente Popular consiguió la mayoría absoluta en las Cortes cuando solo había obtenido realmente unos 200 escaños muy lejos por tanto de los 237 en que se situaba el umbral de la mayoría absoluta. El Frente Popular logró conquistar la mayoría absoluta «violando todos los escrúpulos de legalidad y de conciencia», concluía Alcalá Zamora.
Terminada la guerra, en 1941 el Tribunal Nacional de Responsabilidades Políticas creado por el bando vencedor le impuso una multa de 50 millones de pesetas por considerarle «uno de los principales responsables, por acción y por omisión, de haber forjado la subversión roja, haber contribuido a mantenerla viva durante más de dos años y a estorbar el triunfo providencial del glorioso Alzamiento», lo que conllevó la confiscación de sus bienes. También le condenó a la pérdida de la nacionalidad española en aplicación del artículo 9 de la Ley, aunque no hay constancia de que el gobierno franquista llegara a aplicar dicho extremo. Después de múltiples penalidades, debido a la ocupación alemana y a la actitud colaboracionista del gobierno de Vichy, salió de Francia y tras un viaje transatlántico de 41 días en barco llegó a la Argentina en enero de 1942, donde vivió de sus libros, artículos y conferencias hasta su muerte.
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