Feijóo, el líder sin liderazgo: el miedo a la moción de censura
destapa la ausencia de un proyecto real para España
El líder del PP fía toda su suerte al ruido
mediático y judicial mientras huye de la moción de censura mientras
que el bloque de la investidura retrata su falta de proyecto
Elena Herreros
10-6-26
ElPlural
En el tablero político actual, hay gestos que definen la
talla de un líder mucho mejor que cualquier programa
electoral o mitin diseñado por sus asesores de campaña. Y la cruda
realidad es que al jefe
de la oposición no se le mide por sus constantes hipérboles
ni por su histrionismo verbal; queda perfectamente retratado por su
estrategia de la parálisis y su pánico a asumir la iniciativa
parlamentaria.
Es precisamente lo que está ocurriendo con Alberto Núñez Feijóo
y su persistente negativa a registrar una moción de censura contra
el Gobierno de coalición, a pesar de su hiperbólica
retórica apocalíptica diaria. La moción de
censura —esa herramienta fundamental que la
Constitución concibió no solo como un mero mecanismo de
sustitución, sino como un verdadero ejercicio de
responsabilidad democrática— ha sido reducida drásticamente
por Feijóo a un "riesgo innecesario" o a una simple
"incomodidad estratégica".
Un examen de solvencia política suspendido
Fuentes del bloque progresista y parlamentario no han tardado en
afear la actitud del líder de la oposición. Desde las filas del
PSOE y de Sumar coinciden en un diagnóstico claro:
las mociones de censura no nacieron únicamente para
garantizar el éxito numérico de quien las
presenta.
Su espíritu constitucional va mucho más allá: nacieron
también para obligar a la oposición a exponer de cara a la
ciudadanía si existe, verdaderamente, una alternativa real de
gobierno. Son, en ambos casos, un examen público de solvencia
política que Feijóo se niega sistemáticamente a realizar.
La historia de nuestra democracia, de hecho, deja en
evidencia este temor al debate del líder del PP. Conviene recordar
que Felipe González ya presentó una moción de censura en
1980 sabiendo perfectamente que no contaba con los
votos necesarios para ganarla; lo hizo con la valentía de
quien quería presentar un proyecto de país alternativo ante
los españoles. ¿El resultado? En las siguientes
elecciones generales, el PSOE arrasó. Cabe preguntarse
entonces: ¿Por qué Feijóo no presenta su proyecto para
España? ¿Es que acaso no lo tiene? La respuesta parece
implícita en su silencio.
Dirigentes del Ejecutivo recuerdan estos días que la
política no consiste en lanzar ráfagas de ruido mediático desde la
barrera. Ministros del Gobierno han ironizado con que el
líder del PP parece preferir el "cuanto peor, mejor",
en lugar de saltar a la arena parlamentaria con un programa
alternativo. "No presenta la moción porque no tiene
números, pero sobre todo porque no tiene un proyecto que ofrecer a
los españoles que no sea la foto de Colón revivida junto a
Vox", señalan fuentes parlamentarias de la mayoría de
investidura.
El mensaje original es demoledor: NO se trata
únicamente de si los números dan para llegar al Palacio de
la Moncloa, sino de si existe algo más que una constante
retórica de desgaste.
La estrategia del desgaste ajeno y la
incapacidad de dialogar
Y es ahí donde el líder 'popular' queda
retratado. Feijóo ha decidido no presentarse, actuando
como si la política fuese un cómodo espacio de espera; una sala de
estar donde aguardar a que el poder llegue simplemente por el
desgaste ajeno y el ruido mediático, y no por la afirmación
rotunda y valiente de un proyecto propio.
El colmo de la ironía llega cuando se analiza el éxito de Pedro
Sánchez en 2018. El actual presidente firmó la única
moción de censura victoriosa de nuestra democracia expulsando a
Mariano Rajoy, y lo consiguió gracias a una virtud que en
el PP parece ciencia ficción: LA DISCRECIÓN.
Sánchez no se dedicó a mendigar apoyos en tertulias televisivas
ni a lanzar ultimátum a otras fuerzas políticas en portadas de
periódicos. Negoció en los despachos, con madurez, entendiendo que
la política es un arte basado en el diálogo, la entente y la
capacidad ceder a favor del otro porque su opción es
mejor que la actual, aunque no sea la preferida. De ceder por el bien
común.
La verdadera política no consiste en insultar a los partidos
desde un plató para luego exigirles el voto por imperativo
legal, amenazando con tumbar al Ejecutivo "con
ellos o sin ellos". Esa soberbia solo demuestra una
preocupante desconexión con la realidad: en el parlamentarismo
actual, si no sumas, no eres nada.
La política real no consiste en pedir el voto a otras fuerzas
desde los grandes medios de comunicación para luego, si no te lo
dan, dedicarte a criticarlos con dureza, ir contra ellos y asegurar
con soberbia que vas a derrocar al Gobierno "con
su apoyo o sin él". Más que nada porque se sabe
que no es verdad: LOS NECESITAS.
El "síndrome de Galicia" y el
portazo de la realidad
En los pasillos del Congreso se comenta estos días cómo se nota
que a Alberto Núñez Feijóo se lo han puesto siempre
fácil y se ha acostumbrado a ello. Acostumbrado a encadenar
mayorías absolutas en Galicia que le permitían hacer y
deshacer a su antojo, al llegar a Madrid se ha topado de bruces
con que la política estatal es otra cosa muy diferente. Aquí no lo
tiene ni lo va a tener tan fácil. Al final, es precisamente en estos
momentos complejos cuando realmente se aprecia la capacidad de un
líder: cuando las cosas no vienen rodadas ni como uno esperaba.
Feijóo esperaba plácidamente que, con la batería de
asuntos judiciales que le iban a salir al PSOE —todos ellos
concentrados "casualmente" en apenas dos semanas—, las
fuerzas nacionalistas como el PNV o Junts correrían a darle su apoyo
en una moción de censura. Pero las casualidades en política
no existen; estamos más bien ante una evidente relación de
causalidad. Y el plan le ha salido mal: se ha encontrado con un
portazo absoluto. ¿Por qué será?
La respuesta es obvia si se analiza el peligroso juego de
alianzas del PP. El partido que dirige Feijóo acaba
de sellar pactos de gobierno con la extrema derecha de Vox en
hasta tres Comunidades Autónomas, sumándose a lo que ya hicieron
previamente en la Comunidad Valenciana o en la Región de Murcia.
Conviene recordar que Vox es una formación
que aboga abiertamente por disolver las
autonomías para centralizar todo el Estado; un ansia de
aglutinar y concentrar todo el poder en una misma persona y lugar que
resulta peligrosamente propio de las dictaduras. Representa
el control absoluto, el deseo de controlarnos a todos, llegando
incluso a plantear la ilegalización de partidos que
vayan contra la "unidad de España".
¿En qué momento pensó el PP que obtendría los votos del
PNV o de Junts pactando activamente con un partido que busca su
disolución y la desaparición de las ideas que defienden?
¿En qué momento creyó el líder popular que estas fuerzas le
apoyarían tras años criticándolos, despreciándolos y demonizando
al Gobierno de Sánchez por el simple hecho de sentarse a dialogar
con ellos en ese juego democrático donde a veces toca ceder?
Feijóo ha preferido el ataque y la mofa antes que la
negociación. Se llegó a burlar públicamente del
ofrecimiento de Junts, quienes le transmitieron que si
quería su apoyo tendría que ir a Waterloo a hablar con
Carles Puigdemont. Pero claro, ¿cómo se va a sentar
Feijóo cara a cara después de haberlo demonizado y de haber
calificado la amnistía como el fin del mundo?
Lecciones de falsa transparencia: el show de
Tellado
El esperpento alcanza niveles insostenibles cuando los voceros de
Génova intentan desviar la atención con escenificaciones baratas.
Ha sido el caso del portavoz en el Congreso, Miguel Tellado,
quien con su habitual tono faltón y chulesco ha
salido en rueda de prensa exigiendo a Pedro Sánchez que "salga
de la Moncloa con las manos en alto" y afirmando de
manera temeraria que es "imposible creer que no estaba
al corriente" de los asuntos judiciales. Resulta
ciertamente sonrojante que un partido político
como el PP, con sede en Génova, pretenda dar
lecciones de limpieza democrática e higiene institucional a este
país.
Hablan los mismos que acumulan en sus vitrinas una
histórica sentencia en firme de la Audiencia Nacional que
certifica que el PP funcionó como una estructura para lucrarse
mediante una organización criminal en
la trama Gürtel. Hablan quienes
tienen a sus espaldas el banquillo de la trama Kitchen —donde
presuntamente usaron los fondos reservados del Estado y a la policía
patriótica para robar pruebas que destruyeran a su propio
partido—, la macrocausa de la Púnica o
el indiscutible récord de haber sido el Gobierno, bajo el mandato de
Mariano Rajoy, con el mayor número de ministros y altos
cargos encausados e imputados por corrupción sistemática en toda la
historia de nuestra democracia.
Que Tellado y Feijóo salgan a rasgarse las vestiduras y a
exigir salidas "con las manos en alto" mientras arrastran
ese hedor judicial es un insulto directo a la inteligencia de los
españoles y la confirmación de que solo les queda el fango.
"El que pueda hacer, que haga"
En definitiva, la política NO es el arte de
esperar sentado en un sofá a que "LOS QUE PUEDAN
HACER, QUE HAGAN" te pongan en bandeja de plata un
momento de ventaja para presentar una moción y ganarla.
La política tampoco es esperar en el despacho a que,
si "casual o causalmente" se da ese escenario ventajoso con
la ayuda de esos entes que ya están actuando, el resto de
las fuerzas políticas te regalen sus votos tras
haberles lanzado un órdago desde un plató o un titular, sin haberte
sentado a escuchar, negociar y ceder.
Feijóo ha demostrado que no sabe, ni sabrá
escuchar ni ceder, porque su trayectoria en Galicia, le
ha acostumbrado a que todo le caiga del
cielo. Quizás no quiera tanto a España como afirma en sus
mítines si es incapaz de sentarse con otras fuerzas
políticas a hablar por el bien del país. Tampoco demuestra
amor a la democracia cuando aplaude con entusiasmo
las declaraciones del expresidente de su partido, José María
Aznar, quien no duda en amenazar a los ciudadanos con
bulos alarmistas, asegurando que si Sánchez vuelve a formar
gobierno, la Constitución, las instituciones y la propia democracia
caerán.
¿Qué forma de hacer política es esa? Ninguna. La
política es justamente lo contrario. Parece que las filas del PP no
tienen nada mejor que ofrecer a los españoles para ganar su
voto en las urnas que amenazas falsas y mentiras.
Y mientras tanto, el transcurso de los acontecimientos y los
indicios, nos permiten deducir —o divagar, al
más puro estilo de lo que hace la UCO en algunos
de sus informes— quiénes son esos entes fácticos a
los que Aznar marcó el paso con su ya famoso "El que
pueda hacer, que haga". Y vaya si están haciendo.
Demasiado, empiezan a pensar ya muchos españoles. Demasiadas
causalidades, que no casualidades.
“El que quiera entender, que entienda”