Adamuz
y la fábrica del bulo
- La extrema derecha vuelve a usar una tragedia para intoxicar, señalar culpables sin pruebas y hacer antipolítica con el dolor.
No habían pasado ni dos horas desde el accidente ferroviario de Adamuz cuando la extrema derecha activó su manual de siempre. Con los equipos de emergencia aún rescatando cuerpos y sin datos oficiales sobre las causas, ya había un culpable señalado, un relato cerrado y una batería de mensajes diseñados para sembrar desconfianza. El duelo no interesa cuando el objetivo es el rédito político.
El patrón es viejo y perfectamente reconocible. Ocurrió en la pandemia, se repitió con la dana, volvió con los incendios y ahora se reproduce tras un siniestro que ha dejado 45 personas muertas. Primero llega la acusación política. Después, la amplificación digital. Y finalmente, los bulos que apuntalan la tesis. La investigación estorba. La verdad llega tarde.
En las primeras 72 horas, las redes y los portales ultras difundieron informaciones falsas o manipuladas con un eje común: responsabilizar al Gobierno antes incluso de que los peritos empezaran su trabajo. Se habló de una supuesta “donación” de 247 millones de euros a Marruecos y Uzbekistán para trenes extranjeros mientras se “abandonaba” la red española. Era falso. Se trataba de un crédito reembolsable de 2019, y el tramo afectado había recibido 700 millones de euros en inversiones, con renovación reciente en mayo de 2025. El bulo, sin embargo, ya había circulado.
No fue el único. También se difundieron llamamientos falsos a la ciudadanía para acudir al lugar del accidente, obligando a los servicios de emergencia a desmentirlos públicamente. La desinformación no solo intoxica el debate: puede poner vidas en riesgo. A esto se sumaron imágenes manipuladas, ataques a periodistas y acusaciones directas contra responsables públicos que ya estaban coordinando la emergencia.
Es el “framing de crisis”: la gestión real deja de importar, lo esencial es que cualquier catástrofe encaje en una narrativa previa. Da igual qué haya pasado. Importa quién se quiere culpar. La extrema derecha explota momentos de miedo e incertidumbre porque sabe que ahí la ciudadanía es más vulnerable al ruido constante de mensajes simples y agresivos.
Mientras algunos agitaban bulos sobre raíles inexistentes o piezas “perdidas”, la investigación avanzaba con prudencia. Se han hallado muescas de roce en varios trenes, indicios aún no concluyentes. La diferencia es clara: la investigación necesita tiempo; la antipolítica vive de la urgencia.
Convertir el dolor en arma no es un error, es un modelo.
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Artículo completo:
Adamuz y la industria del bulo: cuando el dolor se convierte en arma política
https://spanishrevolution.net/adamuz-y-la-industria-del...
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