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jueves, 22 de enero de 2026

 


Mislata y su gente
Quiero dejar algo claro desde el principio: no he votado nunca al PSOE. Precisamente por eso me resulta aún más llamativo lo que se está viendo estos días. Hay personas señalando al Gobierno como responsable del accidente de los trenes cuando no se conoce todavía la causa. Las investigaciones están en marcha y todo apunta a que llevará tiempo saber qué ocurrió realmente. Aun así, ya hay tertulias, redes sociales y opinadores improvisados que lo saben todo antes que la Guardia Civil y los técnicos.

Lo curioso es que a esa misma gente jamás la he visto criticar a otros responsables políticos ante hechos gravísimos y contrastados. Nunca les oí decir nada de Mazón, tranquilamente de comilona mientras su gente se ahogaba. Ni una palabra de Ayuso, responsable de que más de siete mil ancianos murieran solos en residencias, sin atención médica, sin auxilio y sin dignidad. Silencio absoluto sobre el que se cree Dios y metió a España en una guerra basada en mentiras, provocando los atentados de Atocha y señalando primero a la banda terrorista que más convenía a su relato. Tampoco recuerdo demasiada indignación con Trillo, que envió a soldados españoles a volar en una chatarra con alas y, tras el accidente, se apartó marchándose a Estados Unidos como embajador. Ni con el Gobierno que, ante la mayor catástrofe medioambiental de nuestra historia, habló de “hilillos de plastilina” mientras el Prestige se partía en dos y arruinaba costas, vidas y ecosistemas........

Nada. Silencio. Amnesia selectiva.

Y, sin embargo, muchos de los que hoy gritan y señalan se benefician directamente de políticas que su partido votó en contra: pagas y ayudas, la subida del SMI, la regulación del precio de la luz, la subida de las pensiones..... Son personas que acuden al hospital cada dos por tres y que no podrían permitirse jamás un seguro médico privado. Personas cuyo bienestar depende, en gran medida, de lo público… y que aplauden o votan a quienes intentan desmontarlo pieza a pieza.

Por eso la única explicación que encuentro es profundamente triste: en este país no se vota a favor de nadie, se vota en contra de alguien. Da igual el programa, da igual la coherencia, da igual la memoria. La derecha y la ultraderecha, cada vez más próximas y cada vez menos disimuladas, han conseguido algo inquietante: que mucha gente les vote aun sabiendo que lo hace contra sus propios intereses. Han convertido la política en un ejercicio de odio, de revancha y de consignas simples, donde la realidad importa menos que el enemigo al que se quiere castigar.

Y así estamos: señalando culpables antes de conocer los hechos, blanqueando responsabilidades pasadas y votando con el estómago aunque luego sea el bolsillo, la salud o la dignidad lo que termine pagando la factura. Qué pena de país.😱 😱


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