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domingo, 18 de enero de 2026

 

 


Antonio Collado·

*-Una foto muy incómoda en España.

Ha fallecido la hermana de la reina Sofía y tía del actual rey, Felipe VI. No es casualidad que sea una desconocida en España y que la mayoría no tengan referencias de la familia de Sofía, que fue reina durante casi 40 años. La razón, claro está, es que hay mucho que ocultar: Federica de Hannover, abuela de Felipe VI y madre de Sofía (y de la fallecida Irene), tiene, junto a sus hermanos, pasado nazi. Perteneció a las Juventudes Hitlerianas.

Diversos trabajos periodísticos y de divulgación señalan que los padres de Federica la inscribieron en la Liga de Muchachas Alemanas, sección femenina de las Juventudes Hitlerianas. La Liga era una organización oficial del régimen destinada a adoctrinar a las jóvenes en la ideología nazi y en los roles de género del Reich, integrada en la estructura de las Juventudes Hitlerianas. Desde la prensa del corazón hasta la institucional, el relato sobre Sofía en España ha tendido a presentar a su familia como “realeza griega” o “europea” sin entrar en la genealogía política alemana de entre guerras.

Existe, en cambio, abundante literatura periodística y blogs políticos con las fotos de Federica y sus hermanos en uniformes juveniles nacionalsocialistas y habla abiertamente de “familia nazi de la reina Sofía”, algo prácticamente ausente del discurso oficial en España

Sofía, el propio Felipe VI han perdido a una figura cuya genealogía remite a un linaje que España prefiere olvidar: los Hannover prusianos. No es casual que la Casa Real destaque la “intimidad familiar” en su nota, evitando cualquier mención a la abuela Federica, cuyo apellido evoca los uniformes de la Bund Deutscher Mädel

Federica, hija de Ernesto Augusto de Brunswick y Victoria Luisa- nieta de Guillermo II- creció en un entorno donde el nazismo era el aire que respiraba la nobleza alemana de los años treinta. Inscrita en la Liga de Muchachas Alemanas, rama femenina de las Juventudes Hitlerianas, participó en desfiles y actividades que combinaban folklore germánico con la exaltación del Führer, un rito de paso para miles de jóvenes de su clase. Sus hermanos, igualmente fotografiados en uniformes nacionalsocialistas, ilustran a esos aristócratas que vieron en Hitler no un demagogo, sino un restaurador del orden imperial; el duque de Windsor, el propio Mosley o las hermanas Mitford no eran excepciones, sino síntomas de una élite europea que coqueteó con la esvástica hasta que las bombas de Londres la disuadieron.

La propaganda del Tercer Reich usó las imágenes de Federica y su familia para vender la idea de una juventud aria pura. En Grecia, tras su matrimonio con Pablo I, Federica mutó en reina filantrópica, pero el pasado no se evaporó: sus hermanas, casadas con oficiales de la Luftwaffe, y su cuñado, el príncipe Cristóbal, muerto en combate nazi, salpican el árbol genealógico con cruces gamadas. España, sin embargo, ha optado por el olvido quirúrgico: ni libros oficiales ni documentales de TVE aluden a esta herencia, prefiriendo el relato de la “europea Sofía” que encubrió, durante la Transición, cualquier sombra nazi. El pasado nazi de la abuela real se confina a blogs y columnas marginales. Esta opacidad no es un accidente, sino una estrategia: el 48,5% de los españoles , según encuestas recientes, desconfía de las instituciones reales, intuye estos silencios sin poder nombrarlos.

Lucio Martinez Pereda en X(Twitter).


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