pollo que le montaron a Sánchez la derecha española porque no le dejaba las bases a Trump, decían entre otras sandeces “España se quedará aislada por los caprichos de Sánchez” ahora resulta que los que se han quedado aislados son los cuatro jinetes de la mentira y el falso patriotismo, a saber, “Obascal” si con O como lo llama Trump, Aznar, Feijóo y Ayuso, unos jinetes que desde el primer día se pusieron del lado de Trump y en contra de la razón, porque no es razonable hacer una guerra en contra del derecho internacional, algo que han comprendido y llevado a la práctica todas las naciones y sus gobiernos que tenemos a nuestro alrededor, o sea, Europa.
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Allí donde ponen el punto de mira esta derecha terminan haciendo el ridículo una y otra vez, y a estas alturas, visto lo visto, unos callan, otro recogen cable y el sibilino ya no sabe con qué carta quedarse…
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Los dos últimos baluartes que le quedaban a esta derecha en Europa era Orban, y ha sido barrido por sus ciudadanos, hay que tomar ejemplo cuando llegamos a unas elecciones generales, que estas políticas toxicas se empiezan a desinflar, empezó como una corriente moderna impuesta por la falta de adrenalina y la desesperación de algunos, es decir, estaba todo muy tranquilo y muchos se han dado cuenta de que jugar a las guerras, léase Ucrania, Gaza y ahora Irán repercuten en los sentimientos de muchos al ver morir a un personal inocente y de paso en los bolsillos de todos.
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La otra baza era Meloni, que se ha desligando de esta derecha ultra que tenemos por nuestros lares en este apartado, dejando de sonreírle a este personaje tan estrambótico como perjudicial no solo para su País sino para el mundo entero, que se hace llamar Jesucristrump.
Se acuerdan del revuelo que le montó la derecha española a Sánchez por no ceder las bases a Trump. Decían, entre otras cosas, que “España se quedaría aislada por los caprichos de Sánchez”. Sin embargo, con el paso del tiempo, parece que quienes han quedado aislados son los cuatro jinetes de la mentira y el falso patriotismo: “Obascal” —sí, con O, como lo llama Trump—, Aznar, Feijóo y Ayuso.
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Desde el primer día se alinearon con Trump y en contra de la razón. Porque no es razonable respaldar conflictos que vulneran el derecho internacional. Esto es algo que han entendido y aplicado la mayoría de los países de nuestro entorno, es decir, Europa.
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Allí donde esta derecha pone el foco, termina haciendo el ridículo una y otra vez. A estas alturas, y visto lo visto, algunos callan, otros recogen cable y el más sibilino ya no sabe qué postura adoptar.
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Los dos últimos referentes que le quedaban a esta derecha en Europa eran Orbán y Meloni. En el caso de Orbán, ha sido apartado por sus ciudadanos, lo que debería servir de ejemplo cuando lleguen unas elecciones generales en España. Estas políticas tóxicas empiezan a desinflarse. Surgieron como una corriente “moderna”, alimentada por la falta de estímulos y la desesperación de algunos: todo estaba tranquilo, y algunos decidieron agitarlo, se aburrían.
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Sin embargo, cada vez más gente comprende que jugar a las guerras —Ucrania, Gaza y ahora Irán— tiene consecuencias reales: afecta emocionalmente al ver morir a personas inocentes y también repercute en el bolsillo de todos.
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Por su parte, Meloni ha comenzado a distanciarse de esta derecha ultra presente en nuestro país en este apartado, dejando de mostrar cercanía hacia un personaje tan estrambótico como perjudicial, no solo para su país, sino para el conjunto del mundo, que algunos han llegado a llamar “Jesucristrump”.
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Ciudadanos españoles: ya no se trata de izquierdas o derechas. Se trata de que, según quién gobierne, podemos encaminarnos hacia un deterioro donde el caos, la mentira, el insulto y la violencia se conviertan en norma.
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Porque cuando los políticos que gobiernan solo para sí mismos y para sus ideas, el resultado rara vez beneficia a la mayoría, que lo único que quiere es trabajar y vivir en paz. Se necesita una justicia verdaderamente igual para todos, porque si la justicia no es justa, la democracia tampoco lo es.
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Se necesita que quienes más tienen contribuyan más, porque sus beneficios se generan, en gran medida, gracias al esfuerzo colectivo de los que menos tienen. Se necesita invertir en lo público —sanidad, educación, transporte e infraestructuras—, en todo aquello que afecta a la mayoría de a pie.
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También es fundamental que la libertad de expresión no se utilice como excusa para manipular a la sociedad. Se debe poder hablar de todo, sí, pero desde la verdad, y sancionar a quienes difunden bulos amparándose en ese principio.
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Necesitamos un Senado que sirva para resolver problemas territoriales, no como escaparate político de un determinado partido. Un Congreso que sea verdaderamente la voz del pueblo, sin matones ni representantes más dedicados al insulto que al diálogo. Y, sobre todo, que el respeto hacia quienes piensan diferente sea incuestionable entre quienes han sido elegidos por la ciudadanía.
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Porque están ahí para gestionar los problemas del pueblo, no los de sus partidos ni los intereses particulares de algunas señorías.
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El Bellotero .
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