El obispo de
Cádiz desahucia de una casa de acogida a seis mujeres y cuatro niños
El inmueble,
propiedad del obispado, estaba alquilado por 50,60 euros mensuales a la
Asociación sin ánimo de lucro Nuevo Hogar Betania. El contrato expiró el 31 de
mayo
ELPLURAL.COM/ANDALUCIA | 03/06/2015
Los desahucios, los lanzamientos y el dejar a las
personas en la calle despojándolas de sus viviendas es algo siempre muy duro,
cruel y muy difícil de asimilar en una sociedad que se dice democrática y que
mira los países de Occidente como referencia política.
Bancos e inmobiliarias y un sistema cruel en los
desalojos
Detrás de cada acto de esta lacra social hay un propietario y unos intereses
económicos. Estamos acostumbrados a ver que son las entidades financieras
quienes protagonizan en nombre del sacrosanto derecho a la propiedad privada
que prevale frente al derecho a la vivienda. Los bancos que en su día ganaron
millones y millones prestando más dinero de lo necesario sin detectar que una
crisis estaba en ciernes, recuperan sus adelantos vía judicial por desalojos.
En otros casos son empresas inmobiliarias, aquellas mismas que junto a la banca
crearon la burbuja inmobiliaria -porque entonces les convenía- las que con el
amparo de una legalidad despiadada con el débil ponen de patitas en la calle a
familias enteras.
La lógica del mercado, antítesis del Evangelio
Todo ello, aunque injusto e inhumano, es “comprensible” desde la lógica del
mercado, del sistema y de una legislación que pide día a día ser modificada. Lo
que no cabe en la razón y es imposible de digerir es que precisamente la
Iglesias Católica, la que basa su mensaje evangélico en la defensa de los
humildes y de lo más necesitados y en la “expulsión de los mercaderes del
templo”, se suba al carro del desahucio de familias.
6 familias y 4 niños en una casa de acogida del
Obispado irán a la calle
Y lo hace mucho más ininteligible a la luz del raciocinio humano el hecho de
que el objeto de expulsión sean familias ya desahuciadas anteriormente, seis
mujeres y cuatro menores de entre 4 meses y 10 años, ubicados en una casa de
acogida dirigida por personas que aun respiran por los poros de la generosidad
y de la solidaridad. Una casa propiedad de la Iglesia.