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miércoles, 26 de noviembre de 2025

 



En 1943, mientras los Países Bajos eran aplastados por la ocupación nazi, un hombre decidido a defender la dignidad humana dio un paso que cambiaría la historia.

Se llamaba Willem Arondeus. Artista, escritor, partisano. Y también, abiertamente gay en una época en la que hacerlo significaba cargar con doble peligro.

La Gestapo avanzaba casa por casa gracias a un arma silenciosa: los registros civiles, donde estaban anotados nombres, etnias y creencias de todos los ciudadanos. Para los judíos neerlandeses, ese archivo era una sentencia de muerte.

Arondeus lo sabía.

Por eso, junto a otros miembros de la resistencia, decidió atacar el corazón de ese sistema: la oficina de archivos públicos de Ámsterdam.

La explosión destruyó miles de documentos y retrasó durante meses la maquinaria nazi de persecución.

Fue un acto de valor tan preciso como desesperado.

Pero la respuesta llegó rápido.

Los nazis lo capturaron.

Lo interrogaron.

Lo torturaron sin descanso, en un intento de arrancarle nombres, rutas, escondites… cualquier hilo que los condujera a más víctimas.

Nunca habló.

Nunca traicionó.

Nunca cedió.

Finalmente, lo condenaron a muerte.

Antes de llevarlo al paredón, un oficial le pidió sus últimas palabras.

Willem Arondeus respiró hondo, miró al frente y dijo una frase que atravesó el tiempo, la violencia y el miedo:

Díganle a la gente que ser gay no debilita a un hombre.”

Lo ejecutaron poco después.

El abogado que presenció la escena transmitió sus palabras a su familia, y de allí, al mundo entero.

Hoy, su mensaje sigue vivo.

No es solo el recuerdo de un acto de resistencia.

Es la prueba de que el coraje no tiene etiquetas, que la identidad jamás reduce la valentía y que la dignidad humana puede resistir incluso bajo la sombra más oscura.

Willem Arondeus murió por proteger a otros.

Vivió con una convicción que ni la Gestapo pudo doblegar.

Y dejó una frase que continúa inspirando a quienes luchan por ser vistos con respeto y humanidad.

Un héroe silencioso.

Un corazón indomable.

#fblifestyle


 


 



Mercedes Rodríguez

COMPRARSE UN SUPREMO 💸

Una justicia que se vende barata pero cuesta muy caro

Tres jueces del Tribunal Supremo que firmaron la condena del ex fiscal general Álvaro García Ortiz participaron, al día siguiente de acabar el juicio, en un curso remunerado organizado por la misma entidad que ejerció la acusación popular: el Colegio de Abogados de Madrid (ICAM). El 14 de noviembre de 2025 arrancó la formación; los jueces impartieron sus clases los días 17, 18 y 19, en plena deliberación.

El ICAM no fue un actor neutral. Fue quien presentó la primera querella, acusó a la Fiscalía de revelar datos de la pareja de Ayuso y pidió 4 años de cárcel para García Ortiz. Y mientras la sentencia se redactaba, pagó 180, 360 y 630 euros a quienes debían juzgarla. Un circuito perfecto. Una puerta giratoria judicial que se mueve sin ruido, pero que derrumba cualquier apariencia de imparcialidad.

La excusa es conocida: son cursos formativos para el turno de oficio. Pero la excusa no tapa el fondo. La imparcialidad no es solo un valor jurídico, sino una percepción pública. No basta con ser independiente, hay que parecerlo. Si la acusación te paga, te invita, te aplaude y te retribuye mientras decides sobre su adversario directo, esa apariencia se destruye.

Los tres magistrados no necesitaron pedir permiso al CGPJ porque la ley deja un margen para actividades docentes. Pero que algo sea legal no lo convierte automáticamente en legítimo. Mucho menos cuando hablamos del Tribunal Supremo, una institución cuyo poder solo se sostiene si la ciudadanía confía en su limpieza. Este episodio demuestra que esa confianza está cada vez más erosionada.

No es un caso aislado. Es un síntoma. Un sistema judicial que vive cómodo entre vínculos corporativos, redes opacas y una lógica de club selecto donde nadie parece incómodo. Una justicia que se quiere vestir de neutralidad mientras participa en relaciones evidentes con actores procesales directos. Una justicia barata en precio, cara en consecuencias.

La imparcialidad no puede comprarse. Pero aquí han intentado venderla.

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TODO SE DERRUMBA alrededor de Mazón 💥 Un trayecto de 6 minutos convertido en 45

Las horas que no puede explicar un presidente en plena tragedia

Las y los datos ya no sostienen el relato. La tarde del 29 de octubre de 2024, en plena dana que dejó 229 personas muertas, Carlos Mazón salió de El Ventorro con Maribel Vilaplana entre las 18.30 y las 18.45. El trayecto al parking Glorieta-Paz dura seis minutos, pero el tique de Vilaplana marca una salida a las 19.47. Casi una hora desaparecida.

Ese dato objetivo dinamita cualquier versión previa. Porque si Mazón llegó al Palau sobre las 19.55, como confirman testigos, debió dejar a Vilaplana en el parking hacia las 19.43. Pero ella no salió hasta minutos después. Y, pese a ello, ambos sostienen que no entraron juntos.

Las contradicciones se multiplican:

Fuentes del documental lo sitúan en su casa.

Él lo niega.

El dueño del restaurante asegura que salió con americana.

Vilaplana dice que se cambió en el reservado.

Pero Mazón aparece en el Palau con el famoso jersey amarillo.

Y entre las 18.58 y las 19.34, nadie sabe dónde estuvo.

La cronología es demoledora. Y frente a los datos, el relato político se agrieta. Cuando un presidente no puede explicar dónde estuvo en la hora clave de una tragedia, no hay comunicación que lo tape.

El reloj habla. Y esta vez, no a su favor.

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¿Hubo parada intermedia de Mazón y Vilaplana entre El Ventorro y el parking?

¿Caminaron cuarenta minutos por la calle sin ser vistos? ¿Se detuvieron en algún lugar? La gran incógnita ya no está en el final, sino en el trayecto

Suren Gasparyan

26-11-25

ElPlural



La gran incógnita ya no está en el final, sino en el trayecto. Sabemos que Maribel Vilaplana pagó el parking a las 19.47 y que Carlos Mazón apareció en el Palau apenas ocho minutos después. Sabemos cuándo terminó el encuentro, pero no sabemos qué sucedió entre la sobremesa y la despedida. Y ese vacío de más de 40 minutos alimenta nuevas preguntas que no encuentran respuesta.

Una de las piezas ya encaja con nitidez: la comunicadora abonó el tique casi a las ocho de la tarde, un horario que —según los testigos presenciales que situaron al president en el Palau a las 19.55— hace verosímil el relato de que ambos se separaron justo antes de que Mazón emprendiera la marcha hacia su despacho. Allí, según ha reconocido, permaneció menos de diez minutos antes de dirigirse al Cecopi en l’Eliana, donde consta su llegada a las 20.28. Hasta ahí, la línea temporal es precisa, documentada, verificable.

Pero si el final del itinerario es claro, el tramo anterior sigue envuelto en sombra. Entre las 18.30 y las 18.45, cuando Vilaplana sitúa el final de la comida en El Ventorro, y las 19.47, cuando paga el parking, hay un margen temporal que no se sostiene solo con un paseo amable hasta el aparcamiento. ¿Se trató de una sobremesa prolongada al aire libre? ¿De una conversación privada lejos de miradas en un punto intermedio? ¿O hubo una parada no reconocida hasta ahora?

La propia Vilaplana, en su testimonio, señaló que ambos caminaron hablando de fútbol —y en concreto del Levante UD—, del que ella es consejera y portavoz. Aseguró haber permanecido después en el parking realizando gestiones en el ordenador y respondiendo mensajes por WhatsApp, motivo que justificaría su salida tardía. Sin embargo, ese detalle explica solo parte del lapso. Lo que sigue sin resolverse es el recorrido anterior al pago y, sobre todo, qué hizo Mazón durante esos mismos minutos.

Otro punto clave se abre paso: tanto Mazón como Vilaplana niegan haber entrado juntos al aparcamiento. Si ambos relatos son ciertos, el president habría puesto rumbo al Palau con tiempo suficiente para llegar antes de las 20.00, pero eso exigiría una separación sensiblemente anterior a las 19.47. La matemática no cuadra. La verosimilitud del relato se quiebra por simple sumatorio.

Por eso la pregunta más repetida estos días no es ya a qué hora se despidieron, sino dónde estuvieron durante ese margen de tiempo sin testigos conocidos ni registro documental. ¿Caminaron cuarenta minutos por la calle sin ser vistos? ¿Se detuvieron en algún lugar? ¿Volvió Mazón a casa, como sugieren fuentes que lo ubican allí esa tarde en plena emergencia por la dana?

Esta es mi versión, pero si no le convenzo tengo otras

Pero el vacío temporal no es la única sombra que planea sobre aquel 29 de octubre. La incertidumbre se alimenta también de otro elemento clave: los sucesivos cambios de versión del president, que lejos de aclarar lo sucedido han ido abriendo nuevas grietas en la credibilidad del relato oficial. Si algo permanece firme en todo este caso es que lo único estable ha sido la inestabilidad del discurso.

En un primer momento, Mazón situó el final de la comida horas antes, lo que le permitiría haber retomado la agenda institucional con normalidad. Sin embargo, semanas después, esa franja temporal se modificó: la salida del restaurante pasó a ubicarse entre las 18:30 y las 18:45. Ese simple desplazamiento de minutos —convertidos en más de una hora respecto a la versión inicial— fue suficiente para descolocar toda la secuencia posterior y cuestionar la imagen de diligencia institucional con la que el Consell había querido envolver su respuesta a la emergencia. Cada ajuste, cada matiz añadido, lejos de despejar sospechas, fortalecía la sensación de que el relato se reconstruía sobre la marcha.

El siguiente giro llegó con la confirmación del famoso tique del parking. Si Vilaplana pagó a las 19:47, era imposible sostener que la sobremesa había concluido mucho antes. El dato forzó una nueva rectificación y un nuevo encaje de piezas. A partir de ese momento, la versión oficial pasó a apuntar que, tras abandonar el restaurante, ambos caminaron juntos de manera distendida, compartiendo conversación futbolística y planes de palco. Una estampa amable, sugerente, casi costumbrista… pero que sigue sin explicar qué ocurrió en ese tramo muerto de 40 minutos que el reloj no perdona.

Desde entonces, más que avanzar hacia la claridad, las explicaciones se han ido deslizando hacia un terreno resbaladizo. Mazón ha sostenido que acudió al Palau con normalidad, pero la hora de llegada apenas deja margen entre la despedida y el despacho. También ha asegurado haber estado operativo para atender la DANA, pero el lapso temporal sin justificar continúa latente y visible. Cada nueva declaración parece diseñada para cuadrar la anterior, como quien recoloca una silla tambaleante para que no se note la pata rota.


martes, 25 de noviembre de 2025

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OPERACIÓN EN MARCHA. AYUSO, AMADOR, FISCAL GENERAL... CINTORA CON EKAIZER

 


 


 













 


 


Si Paca la Culona, Miss Islas Canarias, Criminalísimo por la Gracia de Dios, alias Franco levantara la cabeza os fusilaría a todos los fascistas franquistas por apoyar el genocidio de Israel contra los palestinos ya que se pasó toda su vida persiguiendo, torturando y matando todos los judíos que se les escapaban a Hitler, de quien estaba enamorado.

 


 


 

Mariano Valderas Alba



 




El Gobierno esquivando preguntas sobre la monarquía

1️⃣

Cada legislatura deja su huella. La de 2025 será recordada por algo incómodo: en España hay un poder del Estado sobre el que no se puede preguntar. No es el Ejército, no es el CNI. Es la monarquía.

La anomalía democrática que nadie quiere discutir.

2️⃣

En lo que va de legislatura, diputadas y diputados de ERC, Podemos, BNG, Compromís y el PNV han enviado más de 50 preguntas formales sobre la Casa Real.

¿Respuestas claras? Solo 3.

El resto es silencio, evasivas o “defectos de forma”.

3️⃣

Lo fascinante no es la falta de respuestas. Es el patrón.

Cada vez que una pregunta roza al emérito, a Felipe VI o al dinero público que rodea a la Corona, aparece la misma arquitectura de protección:

Secretos Oficiales, Transparencia mal aplicada, inadmisiones.

4️⃣

La Ley de Secretos Oficiales es de 1968, franquista.

Sigue en vigor.

Y se usa para ocultar desde gastos de viajes hasta actividades privadas con dinero público.

Un país que presume de modernidad pero protege su monarquía con leyes del dictador.

5️⃣

Las preguntas inadmitidas son casi un género literario:

¿Investigaciones sobre comisiones ilegales del emérito por el AVE a La Meca?

Inadmitida.

¿Fundación en Abu Dabi para gestionar la herencia?

Requirimiento, retraso, nada.

6️⃣

Cuando la monarquía es protagonista, el Gobierno habla como un ordenador con una sola tecla:

No procede”.

Corresponde a legislaturas anteriores”.

No existe información disponible”.

La democracia no debería sonar así.

7️⃣

Y mientras, cuestiones fundamentales siguen sin explicación:

¿Cuánto dinero público se destina realmente a las regatas del emérito en Sanxenxo?

¿Por qué el CIS jamás pregunta sobre la Corona?

¿Por qué Felipe VI sigue blindado por una inviolabilidad medieval?

8️⃣

Los partidos que sí preguntan comparten diagnóstico:

PP y PSOE forman un bipartidismo protector, un “cordón sanitario” a favor de una institución opaca.

La monarquía es el último consenso de la Transición, aunque ya solo lo sostengan desde arriba.

9️⃣

La transparencia es selectiva.

El Estado puede detallar 13.019,60 euros de una tribuna para un aniversario del rey, pero no puede aclarar si se financian regatas privadas o si hubo dinero para tapar relaciones incómodas.

Ese es el nivel de incoherencia.

🔟

Todo esto genera una pregunta mucho más grande:

¿Qué democracia es esta donde los únicos intocables no son los derechos, sino una familia concreta?

1️⃣ 1️⃣

La pedagogía democrática no se hace con banderas.

Se hace con datos.

Pero en España, cuando se trata de la monarquía, la opacidad se convierte en doctrina.

Las instituciones no responden porque han aprendido que no deben responder.

Únete a nuestro proyecto:

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CRISTINA ALMEIDA Y LA DESCONFIANZA EN LA JUSTICIA: LA ALERTA QUE NADIE QUIERE ESCUCHAR

La intervención de Cristina Almeida en laSexta Xplica dejó algo más que una reflexión jurídica. Dejó un aviso. Un aviso que pone en duda la salud democrática del país. La abogada afirmó haber perdido parte de su confianza en la justicia, y no lo dijo por desencanto personal. Lo dijo porque el JUICIO AL FISCAL GENERAL, Álvaro García Ortiz, se ha convertido en un caso que condensa todos los síntomas del LAWFARE EN ESPAÑA.

Lo que está ocurriendo no es solo grave. Es inédito. Y es estructural.

⚖️ UNA CAUSA SIN PRUEBAS Y CON ORIGEN POLÍTICO

La causa contra García Ortiz llega al TRIBUNAL SUPREMO sin pruebas materiales de revelación de secretos.

Ni filtraciones acreditadas. Ni comunicaciones incriminatorias.

Nada.

Lo único sólido es su origen: una investigación legítima sobre el presunto fraude de Alberto González Amador, pareja de Isabel Díaz Ayuso, transformada en arma política contra el fiscal general. Todo lo demás es ruido, maniobra y cálculo.

Cristina Almeida lo resumió sin adjetivos superfluos: "Lo peor sería que le condenaran porque no tienen ni el más mínimo destino de la prueba".

🧩 EL SUPREMO ROTO: UNA FRACTURA SIN PRECEDENTES

El magistrado Joaquim Bosch explicó que este caso está lleno de “singularidades”.

Pero llamarlo singularidad es quedarse corto.

Primera vez en la historia que un fiscal general se sienta en el banquillo por una filtración.

Primera vez que un auto del Supremo para decidir si debe haber juicio se vota dividido, con voto particular.

Primera vez que una causa tan débil se eleva al máximo tribunal con este nivel de presión política.

Estos tres hechos no describen un procedimiento. Describen una tensión interna feroz en el poder judicial.

Si el Supremo se rompe por dentro, la democracia se resiente por fuera.

🧨 CUANDO LA POLÍTICA ENTRA EN LOS JUZGADOS

Bosch dejó caer la frase que resume la década:

Si la política se judicializa, la justicia se politiza”.

Hoy en España es más rentable presentar una querella que una enmienda.

Más rentable hacer política desde un juzgado que desde un Parlamento.

Más rentable filtrar un sumario que defender una ley en un pleno.

Este modelo no garantiza justicia. Garantiza propaganda.

Y cuando el derecho deja de ser un contrapeso para convertirse en un arma, el país entero retrocede.

🛑 LA ALERTA DE ALMEIDA ES MÁS QUE UN AVISO

Cuando una jurista como Cristina Almeida dice que ya no confía tanto en la justicia, no está opinando. Está certificando una fractura institucional.

Una fractura que castiga no solo al fiscal general, sino a todas las personas que dependen de un sistema judicial limpio, independiente y libre de presiones partidistas.

Aquí no se juzga una filtración.

Aquí se está probando el calibre del Estado de derecho.

💥 LO QUE ESTÁ EN JUEGO

No se trata de García Ortiz.

No se trata de Almeida.

No se trata de un caso más.

Se trata de si aceptamos que la justicia pueda utilizarse contra quienes investigan a los poderosos.

Se trata de si estamos dispuestas y dispuestos a mirar hacia otro lado mientras una parte del poder judicial se convierte en actor político de pleno derecho.

Se trata de si queremos un país donde las decisiones se tomen en los tribunales o en las urnas.

No es un juicio. Es una advertencia. Y la estamos dejando pasar.

Únete a nuestro proyecto: 👉 https://donorbox.org/aliadas