Buscar este blog

martes, 9 de junio de 2026

 


FEDERICO GARCÍA LORCA NO SOLO ESCRIBIÓ POESÍA. ESCRIBIÓ UNA HERIDA QUE ESPAÑA TODAVÍA RECUERDA.

Nació en 1898, en Fuente Vaqueros, Granada.

Creció entre el paisaje andaluz, la música popular, el flamenco y una España que empezaba a cambiar demasiado rápido.

Antes de ser poeta, quiso ser músico.

Estudió piano.

Amó a Chopin, Beethoven, Debussy y el cante jondo.

Pero cuando la vida lo empujó hacia la palabra, Lorca encontró una voz propia.

Una voz llena de belleza.

Pero también de dolor.

En Madrid, en la Residencia de Estudiantes, convivió con algunos de los grandes nombres de su tiempo.

Luis Buñuel.

Salvador Dalí.

Juan Ramón Jiménez.

Y la Generación del 27.

Allí empezó a convertirse en algo más que un escritor.

Se convirtió en una figura central de la cultura española.

Pero Lorca no quería que el arte viviera solo en los salones.

En 1931, durante la Segunda República, dirigió La Barraca, un teatro universitario ambulante que llevaba obras clásicas a los pueblos.

A los lugares donde mucha gente nunca había visto teatro.

Para Lorca, la cultura no debía pertenecer solo a las élites.

Debía llegar también al pueblo.

Esa fue una de sus grandes revoluciones.

No con armas.

Sino con palabras, escenario y emoción.

Después llegaron sus obras más recordadas:

Bodas de sangre.

Yerma.

La casa de Bernarda Alba.

Historias de mujeres encerradas por normas sociales.

De deseos prohibidos.

De familias dominadas por el honor.

De una España rural donde el silencio podía ser tan cruel como la violencia.

Por eso Lorca importa tanto.

Porque no solo escribió sobre personajes.

Escribió sobre una sociedad entera.

Sobre sus miedos.

Sus represiones.

Sus injusticias.

Y sus heridas más profundas.

Pero su vida también estuvo marcada por la fragilidad.

Por la incomprensión.

Por su identidad.

Por sus ideas.

Y por una época en la que pensar diferente podía costar la vida.

En agosto de 1936, al inicio de la Guerra Civil, Federico García Lorca fue detenido y fusilado cerca de Granada.

Tenía solo 38 años.

Su cuerpo nunca fue encontrado.

Su muerte lo convirtió en símbolo de una España rota.

Pero su obra sobrevivió.

Sobrevivió a la censura.

Al miedo.

Al silencio.

Y al intento de borrar su nombre.

Hoy Lorca sigue vivo en cada verso, en cada teatro, en cada lector que entiende que la belleza también puede ser una forma de resistencia.

Su historia no es solo la de un poeta asesinado.

Es la historia de un país que perdió una de sus voces más luminosas justo cuando más la necesitaba.

¿Crees que Federico García Lorca debe recordarse sobre todo como poeta, como símbolo de la libertad artística o como víctima de una España dividida? 👇

#FedericoGarcíaLorca #Lorca #HistoriaDeEspaña #GeneraciónDel27 #GuerraCivilEspañola #LaBarraca #BodasDeSangre #Yerma #LaCasaDeBernardaAlba #MemoriaHistórica #CulturaEspañola #España


 Angel Pacios Macía


 María Marín


 


EL HOMBRE QUE PODÍA HABER MANTENIDO VIVO EL FRANQUISMO… HASTA QUE UN ATENTADO CAMBIÓ LA HISTORIA

Luis Carrero Blanco no fue un político cualquiera dentro del régimen de Franco.

Fue su hombre de confianza.

Su mano derecha.

Y, para muchos, el gran candidato a garantizar que el franquismo sobreviviera después del propio Franco.

Nacido en Santoña en 1904, Carrero Blanco hizo carrera en la Armada y se convirtió en un militar disciplinado, reservado y profundamente leal al Caudillo.

No tenía el carisma de otros dirigentes.

No necesitaba tenerlo.

Su poder estaba en otra parte:

en la confianza absoluta de Franco.

Durante décadas ocupó puestos clave dentro del régimen.

Desde la Presidencia del Gobierno, desde la sombra de los Consejos de Ministros y desde el corazón del aparato franquista, Carrero fue una de las figuras que mejor representó la continuidad.

Orden.

Catolicismo conservador.

Anticomunismo.

Unidad de España.

Y rechazo a cualquier ruptura democrática.

En 1973, cuando Franco ya estaba físicamente debilitado, Carrero Blanco fue nombrado presidente del Gobierno.

Aquel nombramiento no era un detalle menor.

Era una señal.

Franco seguía siendo jefe del Estado, pero Carrero parecía destinado a sostener el edificio político del franquismo cuando el dictador ya no pudiera hacerlo.

Para sus defensores, Carrero representaba estabilidad.

Un hombre de Estado.

Un militar austero.

Una figura capaz de evitar que España cayera en el caos tras la muerte de Franco.

Para sus críticos, en cambio, era exactamente lo contrario:

el candado que podía impedir una verdadera apertura.

El hombre que podía prolongar el régimen.

La garantía de que el franquismo siguiera respirando incluso sin Franco.

Pero el 20 de diciembre de 1973, todo cambió.

ETA asesinó a Carrero Blanco en Madrid, en la llamada Operación Ogro.

El golpe fue enorme.

No solo murió el presidente del Gobierno.

Murió también una de las piezas centrales del futuro que Franco había imaginado.

Su desaparición abrió una pregunta que todavía divide a muchos historiadores y a muchos españoles:

¿habría sido posible una Transición igual de rápida con Carrero Blanco vivo?

Algunos creen que su muerte aceleró el desgaste del régimen y dejó al franquismo sin su hombre más preparado para asegurar la continuidad.

Otros advierten que la historia no puede reducirse a un solo atentado.

Franco seguía vivo.

El aparato del régimen seguía en pie.

Y los sectores más duros, el llamado “búnker”, no desaparecieron con Carrero.

De hecho, tras su muerte, Franco eligió a Carlos Arias Navarro, una figura de línea dura, como nuevo presidente del Gobierno.

Por eso Carrero Blanco sigue siendo una figura incómoda.

No porque sea fácil juzgarlo.

Sino porque su vida obliga a mirar una pregunta decisiva:

¿la España democrática nació porque el franquismo ya estaba agotado… o porque desaparecieron algunas de las piezas que podían haberlo mantenido vivo?

¿Crees que Carrero Blanco habría retrasado la democracia española si no hubiera sido asesinado? 👇

#LuisCarreroBlanco #CarreroBlanco #FranciscoFranco #HistoriaDeEspaña #Franquismo #TransiciónEspañola #OperaciónOgro #ETA #España #SigloXX


 Rosana Martinez Pastor


 Angel Pacios Macías


 Remei Garmar


 


NO ERA ALCALDESA. NO ERA MILITAR. NO ERA UNA JEFA POLÍTICA.

PERO TAMBIÉN FUE FUSILADA.

Su nombre era Gregoria Tena Pereira.

Era vecina de Castuera, en Badajoz.

Era esposa.

Era madre.

Y tenía ocho hijos.

En esta imagen no aparecen dos personajes famosos.

Aparecen un matrimonio, ocho hijos… y una tragedia que la posguerra convirtió en destino.

Su marido, Basilio Sánchez Morillo, había sido alcalde socialista de Castuera durante la Segunda República.

Después de la Guerra Civil, Basilio fue sometido a un consejo sumarísimo y fusilado en Almendralejo el 28 de septiembre de 1940.

Pero la tragedia no terminó con él.

Meses después, en mayo de 1941, Gregoria Tena Pereira también fue fusilada en Mérida.

Su historia aparece recogida en registros memorialistas sobre la represión franquista en Extremadura.

Y ahí nace una de esas preguntas que todavía incomodan a la memoria de España:

¿Qué culpa podía pesar sobre una madre de ocho hijos?

Para algunos, Gregoria fue una víctima más de la represión de posguerra.

Para otros, su historia representa algo todavía más profundo:

el castigo que cayó no solo sobre los vencidos, sino también sobre sus familias, sus casas, sus apellidos y sus silencios.

Gregoria no pasó a la historia por discursos.

No llenó plazas.

No dirigió ejércitos.

No firmó decretos.

Pero su nombre merece ser recordado porque representa a miles de mujeres anónimas que sufrieron las consecuencias más duras de una España rota.

Mujeres que perdieron a sus maridos.

Mujeres que quedaron señaladas.

Mujeres que cargaron con hijos, miedo, pobreza y memoria.

A veces, la historia no se entiende mirando solo a los grandes líderes.

A veces, la historia se entiende mirando a una madre.

A una viuda.

A una mujer que no pidió convertirse en símbolo, pero cuya vida terminó hablando por muchas otras.

Hoy, el nombre de Gregoria Tena Pereira vuelve a pronunciarse.

No para abrir heridas por odio.

Sino para recordar que un país también se mide por la dignidad con la que mira a sus muertos.

Porque olvidar es fácil.

Recordar, en cambio, exige valor.

¿Crees que España ha sabido honrar a todas las víctimas de su historia… o todavía quedan demasiados nombres enterrados en el silencio?

#GregoriaTenaPereira #Castuera #Badajoz #HistoriaDeEspaña #MemoriaHistórica #GuerraCivilEspañola #PosguerraEspañola #SegundaRepública #MujeresEnLaHistoria #España

Ver menos


 


 Pepe Lara Miranda


 

El Gobierno se refugia de semanas duras con la "histórica" visita del Papa: "Un éxito absolutamente sin paliativos"

Moncloa toma aire tras los escándalos judiciales y ensalza la sintonía con el Vaticano en la migración y el 'no a la guerra'

Jaime Fernandez

9-6-26

ElPlural



El Gobierno esperaba la llegada del Papa León XIV a España como agua de mayo. Después de tres semanas en las que la Justicia ha dado un golpe tras otro al Partido Socialista, en Moncloa aprovechan la estancia del pontífice para coger aire y tener unos días en los que apartar los casos de Leire Díez y José Luis Rodríguez Zapatero de lo más alto de la actualidad.

Ya desde los preparativos, toda la política española se ha volcado en hacer de la visita del Papa un acontecimiento histórico. Para el Ejecutivo es la ocasión perfecta de reforzar agenda, aprovechando la sintonía con la Iglesia en cuestiones como la migración o la defensa de la paz. Ya se vió hace una semana, en la audiencia de Pedro Sánchez, con el Papa en el Vaticano, en la que el presidente calentó motores para lo que arrancó el pasado sábado, día en el que el pontífice aterrizó en Madrid.

De hecho, Sánchez reaccionó desde allí a la entrada de la Guardia Civil en la sede del PSOE en Ferraz por el caso Leire, que se produjo mientras aún estaba reunido con el Papa. El líder del Ejecutivo pasó en la Santa Sede el mal trago ante los periodistas, no sin antes presumir de la "absoluta sintonía" con el pontífice en las cuestiones con las que confronta con el PP y Vox en lo nacional.

Sánchez centra la visita del Papa en la migración y el 'no a la guerra'

Con todo esto sobre la mesa, la llegada del Papa ha sido un bálsamo para el Gobierno, que arranca esta semana haciendo de esta su única cita en la agenda. Antes del discurso de León XIV en el Congreso de los Diputados, Sánchez ha vuelto a verse con él en la Nunciatura Apostólica de Madrid, la embajada del Vaticano en España en la que se hospeda el pontífice. El presidente ha llevado como obsequio un bonsái de olivo español, "símbolo universal de paz, dialogo y entendimiento". Este también ha sido el gesto con el que Sánchez ha ensalzado "el éxito y la trascendencia de la visita que el pontífice está realizando al país", según fuentes de Moncloa.

También es un éxito para la política española de puertas para dentro. El Gobierno, además de tener muchos asuntos de los que no hablar, está en plena confrontación con la derecha por la regularización extraordinaria de migrantes. A esto se suma el constante esfuerzo por reforzar el papel internacional de España, con el 'no a la guerra' como bandera desde que comenzó la escalada en Oriente Próximo. Por ello, el presidente incide en los valores compartidos entre el Ejecutivo y el Papa: "La cooperación en materia migratoria y el compromiso con la paz y la estabilidad internacional", apuntan.

Moncloa aparca las diferencias en el aborto y la eutanasia

Ya en el Congreso, el primer discurso de un Papa ante las Cortes ha dejado el campo llano para Moncloa, aunque con ciertos asuntos espinosos que evitar. Las palabras de León XIV han girado en torno a las cuestiones predilectas del Gobierno, y han confrontado directamente con la ultraderecha, que escuchaba atentamente en la Cámara: "Allí donde una persona es discriminada por su origen nacional, étnico, religioso o lingüístico, o por su condición económica o social, se vulnera gravemente el principio universal de la igual dignidad de todos los seres humanos", ha defendido.

El pontífice también ha puesto el dedo en la escalada bélica a nivel mundial: "La verdadera seguridad", ha defendido, "nace de la justicia, del diálogo paciente, del respeto al derecho internacional y de una política capaz de poner la vida de los pueblos por encima de los intereses que se benefician de la guerra".

Lo que más ha dado que hablar durante el discurso del Papa han sido sus palabras sobre el aborto y la eutanasia, donde el pontífice ha tomado su posicionamiento más alejados de la izquierda española: "Toda vida debe reconocerse desde su concepción hasta el ocaso natural", defiende. Conscientes de que este asunto es delicado, con el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo en trámites de entrar en la Constitución y la muerte digna como debate superado, en el Gobierno han preferido guardar silencio sobre estas palabras del Papa. La valoración general en Moncloa es que el discurso del pontífice ha sido "maravilloso", que habla por sí solo, aunque evitan hacer valoraciones sobre sus postulados acerca del aborto y la eutanasia.

Tras una ovación coral de siete minutos, el Papa ha salido rápido del Congreso, rumbo al resto de citas que ocupan su agenda en su último día en Madrid, antes de volar a Barcelona para la segunda parte de su visita. Casi todos los miembros del Gobierno han evitado pararse ante los micrófonos para dar valoraciones sobre el discurso, conscientes de la conveniencia de no hacer mucho ruido estos días. El único ha sido Félix Bolaños, que ha reiterado la sintonía del Gobierno con el Papa y ha calificado el discurso como "histórico". Preguntado por las cuestiones más espinosas, el ministro sí que ha admitido "diferencias" con la Iglesia sobre el aborto y la eutanasia, aunque reivindicando el valor del debate.

 Los abusos, el gran conflicto de la visita del Papa

"¿Cómo abordamos esas diferencias? Como hay que hacerlo en democracia, con respeto al otro, escuchándole e intentando entendernos. Por eso hemos llegado a acuerdos absolutamente insólitos como el de la defensa y la reparación de las víctimas de abusos en el seno de la Iglesia Católica", ha defendido Bolaños. Este último ha sido otro de los puntos más polémicos de la visita.

Se esperaba algún gesto de acercamiento por parte del pontífice, aprovechando el esfuerzo de reparación hecho por el Gobierno en los últimos meses. Sin embargo, durante los seis días que va a pasar en España, el Papa no va a recibir a las asociaciones de víctimas de abusos en la Iglesia. Tan solo va a recibir a aquellos que hayan participado en el Proyecto Repara, que es el que lleva a cabo la archidiócesis de Madrid, es decir, la propia Iglesia.

Las víctimas tampoco han aparecido en su discurso en el Congreso, aunque León XIV sí que ha mencionado en días anteriores la "herida profunda" que supone el problema en la institución. Antes de sus palabras este lunes, la presidenta de la Cámara Baja, Francina Armengol, sí que ha dedicado una parte de su discurso de bienvenida a esta cuestión: La socialista se ha referido a las palabras del pontífice, aludiendo a "la llaga abierta que suponen los abusos en la Iglesia y la reparación y la indemnización a las víctimas, que tanto se ha hablado en las Cortes Generales a raíz del riguroso informe que presentó el Defensor del Pueblo".


lunes, 8 de junio de 2026

 


En una de sus últimas imágenes juntos, la risa ya no estaba en sus rostros, sino en todo lo que habían dejado atrás.

Stan Laurel y Oliver Hardy habían hecho reír al mundo durante décadas. En español muchos los conocieron como El Gordo y el Flaco. En otros países fueron Stanlio y Ollio. Pero más allá del nombre, eran reconocibles en cualquier idioma: el hombre delgado, torpe y triste; el hombre robusto, solemne y desesperado ante cada desastre. Dos figuras simples, casi infantiles, capaces de convertir el fracaso en una forma universal de ternura.

Para millones de personas, ellos fueron refugio.

Durante la Gran Depresión, durante la posguerra, durante años de incertidumbre, sus películas ofrecieron algo que no parecía gran cosa hasta que faltaba: la posibilidad de reírse de la desgracia sin perder la inocencia. Laurel y Hardy nunca necesitaban humillar a nadie para provocar risa. Su comedia nacía del tropiezo, de la mirada, del gesto mínimo, de esa humanidad absurda que todos reconocemos cuando la vida se nos cae encima.

Pero el final de su historia fue mucho más silencioso.

En la década de 1950, ambos estaban agotados y enfermos. Ya no eran los hombres de movimientos exactos y caídas perfectas que el público recordaba. Oliver Hardy, que durante años había sido identificado por su figura robusta, adelgazó drásticamente por indicación médica tras problemas cardíacos. Su apariencia cambió tanto que muchos apenas podían reconocerlo. Stan Laurel también arrastraba problemas de salud y había sufrido un derrame cerebral.

Aun así, todavía soñaban con volver.

Después de una aparición televisiva que emocionó a sus seguidores, se habló de un nuevo proyecto: Laurel and Hardy’s Fabulous Fables, una serie de especiales en color basada en cuentos infantiles. Era una idea hermosa, casi simbólica. Dos hombres que habían convertido la torpeza en poesía querían despedirse contando fábulas, como si la comedia regresara a su forma más pura.

Pero el cuerpo ya no les concedió ese último acto.

En septiembre de 1956, Oliver Hardy sufrió un derrame cerebral grave que afectó su movilidad y su habla. La posibilidad de regresar a escena se desvaneció. El hombre que tantas veces había mirado a cámara con dignidad herida, como si el mundo entero lo hubiera ofendido, quedó atrapado en una fragilidad que la pantalla nunca había mostrado.

Stan permaneció cerca de él tanto como pudo.

La amistad entre ambos había sobrevivido a contratos difíciles, giras agotadoras, enfermedades, pérdidas económicas y un mundo del espectáculo que no siempre trató con justicia a quienes le dieron tanto. Cuando Hardy murió el 7 de agosto de 1957, a los 65 años, Stan estaba demasiado enfermo para asistir al funeral. Aquello alimentó rumores injustos, pero quienes conocían su estado sabían que el dolor estaba allí. Su esposa y su hija fueron en su nombre.

Desde entonces, Stan Laurel no volvió a actuar.

Durante los ocho años que le quedaron de vida, rechazó ofertas, respondió cartas de admiradores y siguió vinculado a la comedia desde la memoria y el consejo. Sin Hardy, el escenario ya no era el mismo. La pareja había sido más que una fórmula cómica. Había sido una respiración compartida.

Stan murió el 23 de febrero de 1965, a los 74 años. Incluso al final conservó ese filo suave del humor que lo había acompañado toda la vida. Según se recuerda, bromeó con su enfermera diciendo que preferiría estar esquiando. Cuando ella le preguntó si le gustaba esquiar, respondió que no, que lo odiaba, pero que aun así era mejor que estar allí.

Fue una última salida de escena digna de Stan Laurel.

Laurel y Hardy no fueron solo dos comediantes antiguos.

Fueron una manera de mirar la vida. Nos enseñaron que el fracaso puede ser tierno, que la torpeza puede ser elegante y que la risa, cuando nace de la humanidad y no de la crueldad, puede sobrevivir a generaciones enteras.

En aquella última etapa, ya no necesitaban caer por una escalera ni cargar un piano imposible para conmover.

Bastaba verlos juntos, cansados y frágiles, para entender que algunas amistades también son una obra maestra.

 


 Carlos Ortega


 


Vox lleva años usando el cristianismo como una bandera cultural para señalar migrantes, atacar el multiculturalismo y vender miedo. Pero ha bastado una visita del Papa León XIV para que quede expuesta una contradicción bastante incómoda: la extrema derecha española dice defender la fe mientras combate exactamente todo lo que el Papa está diciendo sobre pobres, paz, migración y dignidad humana. “Nadie puede arrodillarse ante el Señor y despreciar al hermano”, lanzó León XIV ante más de 1,2 millones de personas en Madrid. Y el mensaje cayó como una hostia de realidad sobre quienes llevan años criminalizando a personas migrantes mientras se envuelven en cruces y banderas. Porque el choque ya es frontal.

El Papa pide huir de “enfoques identitarios” que llenan el mundo de “fantasmas y enemigos”.

Vox habla de “invasión migratoria”, “islamización” y “estercoleros multiculturales”.


 


 


 


 

El comentado desprecio de Feijóo, Aznar y Rajoy a la reina Letizia durante la visita del Papa León XIV

Ninguno de los populares se inclinó ante la consorte durante en la recepción en el Palacio Real

F.G.

8-6-26

ElPlural



La visita del Papa León XIV a España tiene una inevitable carga política que está dando que hablar desde que el pontífice puso un pie en el país, este sábado. Los actos que protagoniza en Madrid reúnen, además de a millones de personas, a todas las altas instituciones del Estado, desde el Gobierno central a los autonómicos, pasando por la judicatura y la sociedad civil. En estos encuentros entre el Papa y los rostros de la política es donde mejor se pueden ver las diferencias que resaltan también en los diferentes discursos que está dando.

La visita comenzó el sábado con el recibimiento de los reyes Felipe VI y Letizia y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en el aeropuero de Barajas, tras lo que comenzaron los protocolarios actos oficiales. El Papa inició su maratoniano fin de semana en la capital con una solemne recepción en el Palacio Real. Todo estaba preparado con la pompa que requiere la ocasión, y el Papa fue recibido por el corazón de la Familia Real con los más altos honores del Estado.

Una vez concluidos los saludos oficiales entre los reyes y el pontífice, que dejaron un cálido arranque al histórico acontecimiento del primer viaje oficial de León XIV a un país de la Unión Europea desde que es líder de la Iglesia Católica, comenzaron las que quizás sean las partes más monótonas y protocolarias de este tipo de eventos, pero que siempre acaban siendo de las más comentadas.

En una fila, el rey Felipe VI, el Papa, la Reina Letizia, la Princesa Leonor y la Infanta Sofía se dejaban saludar por los miembros del Ejecutivo que habían asistido, así como por los miembros de la oposición, dirigentes autonómicos y los expresidentes del Gobierno, que eran de los nombres más esperados de cuantos van a desfilar por delante del Santo Padre.

El desprecio a Letizia de Feijóo, Rajoy o Aznar

Todo dispuesto conforme al protocolo. Uno por uno, los políticos iban haciendo fila para saludar a los jefes de Estado de España y el Vaticano. Fue en esta lineal tradición donde quedó claro que el viaje del Papa, además de un acontecimiento histórico a nivel religioso, va a marcar el discurso político en el país durante los próximos días. Lo que tendría que haber sido un simple apretón de manos y una reverencia ante la más alta representación del Estado español y de la Iglesia Católica, en algunos casos, no lo fue, dependiendo de quien realizara el saludo y quién lo recibiera.

Del momento se pueden sacar varias conclusiones. La derecha busca reforzar su cercanía con el Papa, en un momento en el que, para el Partido Popular, tener como principal aliado a Vox complica sus relaciones con el clero, habida cuenta del choque en el discurso entre la ultraderecha y la Iglesia en los últimos tiempos. Sin embargo, en su paso ante la comitiva los rostros políticos de la derecha cometieron un sonado error que dejó claro cómo ven a la otra institución allí presente.

Ocurrió así. El primero de este grupo en pasar por el besamanos fue el otro expresidente del Gobierno presente, Felipe González, que estrechó la mano e inclinó la cabeza ante las cinco instituciones. Fue en este sencillo gesto donde quedaron claras las diferencias con los populares, que dejaron la muestra perfecta de cuánto puede decir un pequeño detalle. Los siguientes en pasar fueron los expresidentes José María Aznar y Mariano Rajoy, que dedicaron ambso gestos de respeto al rey Felipe VI y al Papa, pero no inclinaron la cabeza al saludar a la reina Letizia.

Abascal evita saludar a los reyes

Este gesto de desprecio a la consorte no ha pasado desapercibido, siendo uno de las muestras más claras del respeto inferior que le procesan con respecto al Borbón o al pontífice. Tras esto fue el turno del líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, que repitió la misma rutina que los dos expresidentes populares. Apretó las manos y se dobló para mostrar su respeto al Rey y al Papa, pero no agachó la cabeza en el caso de la Reina.

Más revelador aún de intenciones políticas fue el siguiente en la fila para los saludos. El líder de Vox, Santiago Abascal, tomó otro camino que los del PP, igualando a ambos monarcas en su muestra de falta de respeto. El líder ultra dio la mano a los cinco, pero sólo agachó la cabeza ante el Papa, dejando claro el alejamiento de Vox de la Casa Real patente en los últimos meses.