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jueves, 6 de agosto de 2026

 


5/08/1939.- El régimen genocida de Francisco Franco, en su sangrienta vorágine represiva contra el pueblo español, torturó y fusiló a trece chicas de entre 18 y 29 años. Fueron las Trece Rosas.

Cuatro meses después del final oficial, que no real, de la Guerra Civil, la represión franquista se cebaba, desatada y sin control, sobre la población. Los traidores fascistas necesitaban implantar cuanto antes su régimen y, siguiendo la misma pauta que habían aplicado durante la guerra en las localidades que ocupaban, hicieron del terror su instrumento político preferido, asesinando sin la más mínima piedad a cuantos opositores, reales o imaginados, se cruzaban en su camino o en la voluntad de sus delatores y chivatos.

Aquel día, un asesino ordenó la muerte, en el Cementerio del Este de Madrid, de trece jóvenes pertenecientes a las Juventudes Socialistas Unificadas, conocidas desde entonces como las Trece Rosas. Tenían entre 18 y 29 años. Habían sido detenidas tras la caída de Madrid en una redada contra militantes juveniles vinculados a la defensa de la legitimidad republicana, por una delación anónima, seguramente alimentada por algún tipo de venganza o envidia.

Fueron juzgadas en un consejo de guerra sumarísimo, sin garantías, sin una defensa efectiva y sin posibilidad real de salvación. Se las acusó de «adhesión a la rebelión» -¡precisamente por quienes se habían rebelado contra el Estado que habían jurado defender!-, un cargo jurídicamente perverso, puesto que calificaba como <<rebeldes>> a quienes habían defendido al Estado legítimo, la república, frente a los traidores sublevados en el golpe militar de 1936. A varias de ellas se les atribuyó, además, una supuesta participación en actividades de reorganización clandestina de las JSU, sin pruebas materiales y basándose en declaraciones obtenidas bajo tortura.

La sentencia, dictada el 3 de agosto ordenaba su fusilamiento inmediato. Los asesinos que sostenían al tirano y a su régimen genocida quisieron convertir la ejecución de aquellas mujeres inocentes en un castigo ejemplarizante con el que desanimar cualquier intento de resistencia y consolidar el terror político que estaban implantando en el nuevo Estado. Junto a aquellas jóvenes no debemos olvidar que también fueron ejecutados cuarenta y tres hombres, a mayor gloria de un tirano asesino.

Su asesinato, sin embargo, acabó convirtiéndose en uno de los símbolos más perdurables de la violencia sistemática con la que el franquismo se ensañó contra el pueblo español.


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