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domingo, 18 de enero de 2026
La mesa del director: #NoEstasSolaSarah
Da mucha pena pensar el silencio cómplice de la APM y de otros compañeros que miran hacia otro lado
José María Garrido
18-1-26
ElPlural
Este domingo mi reflexión abordaba un tema distinto. Sin embargo, considero más conveniente utilizar el espacio de mi opinión semanal en el periódico para dar voz a la compañera y amiga de ElPlural.com, Sarah Pérez Santaolalla.
El pasado viernes, cuando salíamos de trabajar en Televisión Española fui testigo de cómo Vito Quiles esperaba a Santaolalla a las puertas de las instalaciones donde trabajamos. Más tarde me contó que Quiles también había ido con otros trabajadores de Javier Negre a las puertas de su casa.
Acudió a la Policía a denunciar lo ocurrido. Santaolalla hizo bien en acudir a la Comisaría porque no es la primera vez que ocurre. Las persecuciones a la salida del trabajo, en la vida social o en tu propio domicilio han pasado de ser anecdóticas a casi diarias. El acoso en redes sociales a quienes tenemos más exposición pública por parte de los escuadristas a los que financia el Partido Popular de Madrid (y que también paga alguna que otra autonomía en la que gobierna el PP y que tolera Alberto Núñez Feijóo) empieza a ser insoportable.
Esta violencia desatada en las últimas horas contra Santaolalla tiene un origen: las declaraciones inaceptables e inadmisibles de Elisa Vigil, una diputada del PP de la Comunidad de Madrid que es una impresentable y que lleva toda su corta (por no decir nula) vida profesional viviendo de la política.
Vigil vejó a Santaolalla en Mediaset metiéndose con su forma de vestir. A la espera de que el grupo de comunicación que preside la exministra socialista Cristina Garmendia pida perdón por lo sucedido (no creo que lo haga, teniendo en cuenta que ha permitido que Cuatro y Telecinco se conviertan en el principal altavoz de la extrema derecha en España), estaría bien que Alberto Núñez Feijóo se avergonzase de tener en su partido a representantes públicos tan impresentables e indocumentadas como Vigil.
Feijóo no lo va a hacer. De hecho, el PP está respaldando con su silencio a la diputada del PP que puso en el punto de vista a Santaolalla. Del PP de Madrid no se espera tampoco nada. Basta con ver el perfil de X de Nuevas Generaciones de Ayuso.
Pero sí que da mucha pena observar el silencio cómplice ante lo
ocurrido por la Asociación
de la Prensa de Madrid, que preside la periodista de Telemadrid María
Rey, Y también de otros muchos compañeros y compañeras de
profesión que prefieren mirar hacia otro lado.
Su
cobardía no será impedimento para que si en el futuro son acosados
por Quiles, Negre y compañía, ElPlural.com los
defienda con la misma vehemencia que hoy lo hacemos con Santaolalla.
“Aquí no sobra nadie. Sobra el PP.”
Cuando Feijóo ayer en X dice que “sobra gente en España” no es un lapsus ni una frase mal interpretada. Es una declaración del ADN del PP, una declaracion ideológica. Es el PP quitándose la careta del todo, es la derecha de siempre hablando con su voz natural esa que señala, clasifica y califica, la que decide quién merece estar y quién no. El supuesto “moderado”, alias el “bercebe” ha durado lo justo hasta que ha olido algún redito. Luego sale lo que lleva dentro, racismo viejo, clasismo de despacho y miedo al pobre.
En España Alberto no sobra nadie. Nadie, lo que sobran son tus mentiras. España necesita mano de obra, necesita gente que trabaje, que cuide, que levante las persianas, que recoja las cosechas, que atienda en los hospitales, residencias y en los barrios enteros. Lo dicen los datos, lo dice la calle y lo sabe cualquiera que viva fuera de esa burbuja que es Madrid. Faltan trabajadores en el campo, en la construcción, en los cuidados, en la hostelería y en los pueblos que se vacían mientras el PP mira hacia otro lado. Pero de esto no se habla. Porque es más cómodo buscar chivos expiatorios que subir los salarios y garantizar derechos.
Lo que sí sobra Alberto, son los especuladores que convierten la vivienda en un negocio y expulsan a la gente de sus barrios. Sobran los evasores fiscales (de eso teneis Masters), sobran los que no arriman el hombro y luego dan lecciones de patriotismo. Sobran los que privatizan la sanidad, recortan los servicios públicos y después se indignan porque “el sistema no funciona” sobran los que hacen caja con el sufrimiento ajeno y los que miran para otro lado cuando una DANA arrasa los pueblos de valencia y deja a la gente muerta y abandonada.
Este es el PP de siempre,el PP de Aznar y su “el que pueda hacer, que haga”. El del sálvese quien pueda, del abandono de la España vaciada, de la desigualdad asumida como algo natural. El PP que blanquea a Vox, compra su discurso y normaliza el odio mientras finge escandalizarse en público. El PP de Ayuso, que destroza lo público con una sonrisa y llama libertad a tomar cervezas en la terraza y ayuda a forrarse a unos pocos.
Desde que Feijóo llegó a Madrid no ha traído moderación ni altura de Estado. Ha traído más barro, mas mierda, mas bulos más ruido, más confrontación y más Vox. Ha empeorado la política española copiando lo peor de la ultraderecha y envolviéndolo en un lenguaje aparentemente educado.
No, Alberto. Aquí no sobra la gente que viene a trabajar y a vivir con dignidad. Aquí sobra quien necesita señalar y dividir para no hablar de salarios, vivienda y derechos. Aquí sobra un proyecto político que solo sabe gobernar desde el miedo.
Aquí no sobra la gente.
Aquí sobra el PP y todo lo que representa.
El PP justifica el acoso a Sarah Santaolalla porque llamó “pijos” a Hakuna
Fuentes de Génova aseguran que no comparten "el odio que recibe ni el que produce"
Nacho Caballero
18-1-26
ElPlural
La violencia se ha impuesto a la democracia en estas últimas 24 horas. Desde el viernes, la extrema derecha, a través de sus canales mediáticos, ha redoblado su cacería contra la colaboradora de ElPlural.com y de TVE, entre otros, Sarah Santaolalla. El viernes, la analista política fue acosada por el agitador ultra Vito Quiles a las puertas de los estudios del ente público. Un día después, la tumba de las Trece Rosas fue profanada con amenazas de muerte hacia la propia Santaolalla. Sucesos que se explican con el ambiente político desatado por los discursos del odio que alimentan algunas fuerzas políticas como el Partido Popular. En Génova justifican el acoso porque en un debate en televisión se refirió al grupo Hakuna – banda de cabecera de Isabel Díaz Ayuso – como “pijos” y “ultras”, lo que para los conservadores, según fuentes consultadas por este periódico, supone una grave afrenta. “Es esa persona que insultó sistemáticamente a un grupo musical por su falta de talento y que se gana la vida atacando, criticando e insultando a nuestros dirigentes”, esgrime el principal partido de la oposición.
El entorno de Feijóo, si bien matizaba sus primeras respuestas a golpe de “no compartimos el odio que recibe ni el que produce”, considera que sería razonable que Santaolalla “dejara de insultar” para pedir que no hagan lo mismo con ella, obviando la persecución que – por ejemplo – protagonizó Vito Quiles – agitador afín a Nuevas Generaciones – este viernes desde los estudios de Radio Televisión Española hasta el domicilio particular de la analista. Estas voces del PP no son ajenas a la campaña, aunque relativizan la gravedad al reducirlo a su actividad profesional y a sus opiniones públicas. De hecho, incluso remarcan su sorpresa al ser preguntados si rechazan estas prácticas hacia Santaolalla porque “no sabíamos que teníamos que condenar cuestiones de la vida personal de una ‘analista política’”.
En cualquier caso, subrayan que “no hay muestra de violencia” que tenga cabida en el país, pero tampoco la “violencia verbal que suelta cada día por su boca”, percutiendo en que lo hace desde la televisión pública. Comentario al que acompaña una opinión machista a modo de ataque personal al sugerir que Javier Ruiz la “ha contratado por su innegable talento para el análisis”, a pesar de su condición de “excandidata del PSOE”, lo que entienden que “compromete su juicio”. Así, deslizan que se trata de un perfil que “sólo podría ser analista en la televisión pública con un presidente del Gobierno como el que tenemos”.
24 horas de odio
Desde el viernes, Santaolalla ha sido fruto de una campaña de acoso y odio por parte de la ultraderecha, que incluso ha llegado a vandalizar la tumba de las Trece Rosas, con amenazas de muerte a la analista política. Su nombre apareció escrito junto a la inscripción “RIP”, en una clara amenaza de muerte. No es un hecho aislado: se suma a una extensa ofensiva contra la izquierda que va desde la denominada ‘facha borroka’ y los ataques a sedes del PSOE, hasta el acoso en la calle a comunicadores por parte de activistas de ultraderecha.
“Han vandalizado la tumba de las 13 Rosas con amenazas de muerte hacia mí. No es casualidad: mujeres asesinadas por enfrentarse al fascismo. Siento auténtico terror”, escribió Santaolalla en X. El mensaje generó una oleada de apoyos, entre ellos los de Irene Montero, Reyes Maroto y el presidente Pedro Sánchez. Montero alertó de cómo se normaliza el fascismo hasta derivar en violencia, mientras que Maroto subrayó que las amenazas y el vandalismo son violencia y que la democracia se defiende sin odio.
Además, Santaolalla denunció que el agitador ultra Vito Quiles la persiguió desde el centro de RTVE en Prado del Rey hasta su domicilio, hechos por los que fue identificado por la Policía. La analista difundió un vídeo en redes y acudió a comisaría para denunciar lo ocurrido, haciendo hincapié en la impunidad y el acoso sistemático que, a su juicio, sufren desde distintos frentes.
Este clima se refleja también en el tono agresivo normalizado en algunos debates televisivos. La diputada del PP Elisa Vigil protagonizó recientemente un comentario machista dirigido a Santaolalla, centrado en su cuerpo y su forma de vestir, que generó una fuerte polémica. La analista respondió denunciando el machismo del ataque y vinculándolo a una cultura que banaliza la violencia contra las mujeres.
sábado, 17 de enero de 2026
JUICIOS A PLAZOS. La extraña dictadura española
Que el juicio contra la pareja de Isabel Díaz Ayuso no se celebre hasta después de las elecciones autonómicas de 2027 no es una anécdota jurídica ni un detalle técnico sin relevancia política. Es un síntoma. Un síntoma grave de cómo funciona el poder en España cuando el acusado no es cualquiera, cuando el apellido importa, cuando el calendario electoral pesa más que el derecho de la ciudadanía a saber y a juzgar.
Según informó la Cadena SER, fuentes judiciales admiten que la saturación de los juzgados de lo Penal de Madrid hace imposible fijar una fecha anterior. El argumento administrativo suena neutro, casi inocente. Pero la neutralidad se rompe cuando se observan los hechos desnudos: una persona imputada por fraude fiscal, falsedad documental y pertenencia a grupo criminal no se sentará en el banquillo hasta que pase el ciclo electoral completo. Democracia formal, justicia en diferido.
JUSTICIA A CÁMARA LENTA PARA QUIEN MANDA
El caso de Alberto González Amador no es menor. Está acusado de haber defraudado a Hacienda una cantidad inferior a 600.000 euros, umbral que envía la causa a los juzgados de lo Penal y no a la Audiencia Provincial. No hablamos de un error contable ni de una discrepancia administrativa. Hablamos de delitos tipificados, de una instrucción ya cerrada, de una causa lista para juicio. Y, sin embargo, el sistema decide que no toca ahora.
La justicia lenta no es neutral cuando siempre llega tarde para los mismos y rápido para otros. En Madrid, miles de procedimientos se acumulan porque durante años se ha recortado en personal, en medios y en inversión pública mientras se bajaban impuestos a las rentas más altas. La saturación no es un accidente. Es una decisión política sostenida en el tiempo.
En ese contexto, que el juicio se posponga más allá de 2027 no es solo un problema procesal. Es una ventaja política objetiva para quien gobierna la Comunidad de Madrid desde 2019 y aspira a revalidar el poder sin el ruido incómodo de un juicio a su entorno más inmediato. La separación de poderes se vuelve decorativa cuando el calendario judicial encaja tan bien con el electoral.
La reacción no se hizo esperar. Gabriel Rufián ironizó con una frase que ha circulado como un dardo preciso: “Rara dictadura en la que vive esta gente”. La frase no habla de una dictadura clásica, sino de algo más inquietante. Un régimen donde las reglas existen, pero se adaptan con suavidad quirúrgica a quienes mandan. Mordidas para todos y juicios a la carta, resumió.
PRIVILEGIOS, SILENCIOS Y NORMALIZACIÓN DEL ABUSO
No es la primera vez que el entorno de la presidenta madrileña protagoniza episodios que, en cualquier otro contexto, habrían provocado dimisiones inmediatas o una investigación política de calado. Desde los contratos sanitarios durante la pandemia hasta las relaciones empresariales con el sector privado de la salud, el ecosistema que rodea al poder en Madrid se ha movido siempre en una zona gris cuidadosamente protegida.
El detalle aparentemente menor de que González Amador utilizara un correo corporativo vinculado al Grupo Quirón y firmara con el apellido “Burnet” no es solo pintoresco. Es la metáfora perfecta de una élite que se sabe impune, que juega a la ficción mientras maneja recursos reales. Sonny Crockett como alias empresarial en la sanidad privatizada madrileña. No es una serie. Es la vida política española en 2026.
La indignación ciudadana que se ha expresado en redes no surge de la nada. Surge de la acumulación. De ver cómo se persigue con dureza a activistas, a sindicalistas o a personas empobrecidas mientras los poderosos se benefician de la lentitud estructural que ellos mismos han provocado. Surge de comprobar que la igualdad ante la ley es una promesa que se rompe siempre por el mismo lado.
No es que España sea una dictadura. Es algo más sofisticado y, por eso mismo, más peligroso. Es un sistema donde las formas democráticas siguen en pie, pero el contenido se vacía poco a poco. Donde votar sigue siendo obligatorio moralmente, pero decidir se vuelve cada vez más irrelevante frente a redes de poder económico, judicial y mediático que se protegen entre sí.
La pregunta no es por qué el juicio se retrasa. La pregunta es por qué hemos normalizado que ocurra. Porque cuando la justicia aprende a esperar, la democracia deja de ser urgente. Y cuando la democracia deja de ser urgente, el privilegio se convierte en costumbre y la impunidad en paisaje.
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Euprepio Pádula saca los colores a Ramón Arcusa con lo que dijo hace años de Franco tras defender a Julio Iglesias
El integrante del Dúo Dinámico se ha convertido en el foco de la polémica por sus palabras en ‘El programa de Ana Rosa’
ElPlural
17-1-26
La polémica en torno a Julio Iglesias ha derivado en una cascada de reacciones públicas en las que han cobrado protagonismo dos figuras concretas: el cantante Ramón Arcusa, integrante del Dúo Dinámico, y el abogado y comunicador Euprepio Pádula. Ambos han intervenido desde posiciones distintas, pero sus declaraciones han terminado cruzándose en el debate mediático generado tras la apertura de diligencias de investigación por parte de la Fiscalía de la Audiencia Nacional.
Ramón Arcusa fue uno de los primeros rostros conocidos en pronunciarse públicamente tras la publicación de la investigación periodística que recogía las denuncias de dos antiguas empleadas del servicio doméstico de Julio Iglesias. El músico acudió a varios programas de televisión para expresar su respaldo al artista madrileño y trasladar el estado de ánimo que, según explicó, le había transmitido el propio Iglesias en conversaciones privadas.
En esas intervenciones, Arcusa señaló que Julio Iglesias se encontraba “tranquilo” y, al mismo tiempo, molesto por el impacto público del caso. Sus declaraciones adquirieron especial relevancia tras su participación en el Programa de Ana Rosa, donde abordó de forma directa las acusaciones conocidas. En ese espacio televisivo, el cantante planteó una reflexión sobre los hechos denunciados que fue ampliamente difundida y comentada en redes sociales y medios de comunicación.
“Las chicas estas, hablando de una casa del terror. Si a ti te violan un día, no te pueden violar cada día”, afirmó Arcusa durante la entrevista. A continuación, añadió que, desde su punto de vista, de haber existido una agresión, la denuncia debería haberse producido de inmediato, y deslizó la posibilidad de que hubiera existido algún tipo de relación consentida. Estas palabras generaron una fuerte controversia y provocaron respuestas críticas desde distintos ámbitos.
Arcusa y Franco
El eco de esas declaraciones llevó a que se recuperaran intervenciones pasadas del propio Ramón Arcusa en otros contextos. Fue en este punto donde entró en escena Euprepio Pádula. El abogado y comunicador italiano utilizó la repercusión de las palabras recientes del músico para rescatar una entrevista concedida por Arcusa al diario El Mundo en noviembre de 2020, en la que el artista abordaba su visión sobre la España de la dictadura franquista.
En aquella entrevista, Arcusa fue preguntado por la comparación entre las libertades de las décadas de los años 50, 60 y 70 y la situación actual. En su respuesta, realizó una serie de afirmaciones sobre el régimen de Francisco Franco que en su momento ya suscitaron debate. Entre ellas, sostuvo que durante el franquismo “no se vivía mal, escaseces aparte” y que existía libertad en casi todos los ámbitos salvo en la política y en determinados contenidos culturales.
Arcusa también relató experiencias personales para ilustrar su percepción de seguridad en aquella época, como dejar las llaves en la puerta de los hoteles, y afirmó que, además de los aspectos negativos y represivos del régimen, “Franco hizo también muchas cosas buenas de las que no se habla”. En ese mismo contexto, comparó la violencia ejercida por el franquismo con la de otros actores del conflicto histórico español.
Euprepio Pádula recuperó de forma explícita esas declaraciones en sus redes sociales y las vinculó con la actualidad mediática del cantante. El comunicador no se extendió en un análisis detallado, pero sí resumió su valoración con un único calificativo dirigido a las palabras de Arcusa sobre la dictadura franquista, al que definió como “patético”.
El pingüino, pillo de comic, cartón de #Fisgón
16 de enero de 2026
Donald Trump tiene entre ceja y ceja Groenlandia.
Ya ha dicho que "por las buenas o por las malas" sin descartar el uso de la fuerza militar, EE.UU. "hará algo" en la isla más grande del mundo por mucho que sea territorio de un aliado OTAN como es Dinamarca.
Lo que no es tan conocido es que este ansia expansionista del presidente estadounidense no es nueva, ya que habló de ella durante su primer mandato, y que encima es una idea que le sugirió un empresario amigo suyo.
Una propuesta que, poco después, se supo que venía del empresario Ronald Lauder, un multimillonario del sector cosmético dueño de Estée Lauder y un gran amigo de Donald Trump desde hace más de 60 años.
A enero de 2026, el interés de Donald Trump por adquirir o anexionar Groenlandia ha escalado de ser una propuesta diplomática a una crisis geopolítica activa en su segundo mandato.
Su equipo incluso ha discutido planes para una anexión rápida.
El presidente insiste en que el control estadounidense sobre la isla es un asunto de seguridad nacional para contrarrestar la presencia de Rusia y China en el Ártico.
Ha declarado que cualquier resultado menor al control total de EE. UU. es "inaceptable".
Intereses estratégicos
• Recursos naturales: EE. UU. busca asegurar el acceso a vastas reservas de uranio y minerales críticos esenciales para la tecnología moderna, actualmente dominados por China.
• Control del Ártico: El deshielo provocado por el cambio climático está abriendo nuevas rutas comerciales más cortas hacia Asia, y Groenlandia es el punto geográfico clave para controlarlas.
• Defensa: La ubicación es vital para sistemas de alerta temprana contra misiles y para monitorear movimientos navales en el Atlántico Norte.
Reacciones internacionales
• Dinamarca y Groenlandia: Ambos gobiernos han rechazado tajantemente cualquier venta o anexión, afirmando que "Groenlandia no está a la venta".
• El ministro danés de Exteriores, Lars Løkke Rasmussen, calificó las pretensiones de EE. UU. como "imposibles" tras reunirse con el vicepresidente JD Vance en enero de 2026.
• Movilización militar europea: Ante las amenazas de Trump, países como Francia, Alemania, Suecia y Noruega han enviado pequeños contingentes militares a Groenlandia para ejercicios conjuntos con Dinamarca, buscando reforzar la soberanía del territorio.
• Oposición interna: Una delegación bipartidista del Congreso de EE. UU. visitó Copenhague el 16 de enero de 2026 para mostrar su apoyo a Dinamarca y distanciarse de las amenazas de anexión del presidente.
El concepto de Groenlandia de Trump nunca fue absurdo; fue estratégico.
Bajo su hielo y roca se encuentra un tesoro de tierras raras esenciales para la inteligencia artificial, el armamento avanzado y la tecnología moderna.
A medida que el hielo retrocede, surgen nuevas rutas marítimas que transforman el comercio y la seguridad globales, afirmó en el 'new York Post'.
Estimaciones recientes sugieren que el costo de una posible compra podría ascender a 700,000 millones de dólares, una cifra que representa más de la mitad del presupuesto anual de defensa de Estados Unidos.
Según el Reino de Dinamarca, que es el propietario del territorio, afirma que no está a la venta; y algunos países de la Unión Europea han manifestado su intención de defenderlo de cualquier posible acción por parte de Estados Unidos.
UN ANÁLISIS CRÍTICO A LA NARRATIVA JOB
El día en que “Dios” apostó con el Diablo la tragedia de una familia
Pocas historias bíblicas son tan reveladoras —y tan incómodas— como el conocido caso de Job. No porque enseñe “paciencia” o “fe inquebrantable”, como suele repetirse desde los púlpitos, sino porque deja al descubierto una imagen de “Dios” difícil de conciliar con los atributos que la teología tradicional insiste en adjudicarle: omnisciencia, bondad y justicia. El libro de Job, leído sin un filtro doctrinal, es menos una lección moral y más un retrato inquietante de un dios que hace apuestas, permite la destrucción, y trata a sus adoradores más fieles como piezas intercambiables, como cosas que le pertenecen pero que carecen de valor, que puede tratar como le dé la gana, y que son reemplazables.
Según el relato bíblico, había en el reino de Edom, al sur del Mar Muerto, un lugar llamado Uz, donde vivía un hombre llamado Job, que no sólo le tenía miedo a “Dios” (lo que al parecer era un mérito), sino que era un “hombre perfecto y recto… y apartado del mal.” (Job 1:1). Era además un hombre muy próspero, padre de siete hijos y tres hijas (Job 1:2-5). Sin embargo, un día ocurre una escena sorprendente: “vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás” (Job 1:6).
Sí, como lo lees, el mismísimo Satanás es hijo de “Dios”, junto a otros que desconocemos. Y esto resulta incómodo para la teología cristiana posterior, obsesionada con la idea de que Jesús es el “Hijo único” del Creador. Pero es que en el contexto hebreo antiguo, los “hijos de Dios” (bene elohim) eran seres celestiales subordinados, una especie de corte divina. Y Satanás no era todavía un enemigo externo, sino un miembro del séquito, un funcionario celestial con permiso para actuar. No es un rebelde autónomo ni una fuerza opuesta al poder divino, sino que hace exactamente lo que “Dios” le permite hacer. En otras palabras, para los hebreos de la antigüedad, Satanás no actúa contra “Dios”, sino que actúa para “Dios”, dentro de los límites que Él mismo establece.
Pero independientemente de esto, ya desde aquí surge la primera grieta teológica: “Dios” decide iniciar una conversación con su hijo Satanás, y termina planteándole un desafío: probar si Job le era fiel a él por convicción o por conveniencia. Y la pregunta entonces es inevitable: ¿Cómo puede un ser omnisciente y completamente seguro de sí mismo, sentir la necesidad de probar algo?
Es obvio que como ser omnisciente “Dios” sabía cuál sería el comportamiento de Job bajo cualquier circunstancia, por lo que no necesitaba demostrárselo a sí mismo, y como ser soberano, tampoco necesitaba demostrárselo a nadie, mucho menos provocando una cadena de tragedias sólo para que alguien “viera lo que pasaba”. ¿O será que aun sabiendo lo que ocurriría, quiso entretenerse de esa manera con Satanás jugando a las apuestas, sin importarle el sufrimiento de personas buenas que lo adoraban fielmente? Eso lo despojaría de su supuesta bondad.
Pero veamos a lo ocurrido. Conversando amenamente con Satanás, “Dios” le comenta: “¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal?” (Job 1:8). En otras palabras: “¿No te has fijado en mi adorador Job, cómo me es completamente fiel?”. Y Satanás le responde con suspicacia: “¿[Acaso] No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene?” (Job 1:10). Es decir, “Job te es fiel sólo porque lo tienes especialmente protegido y beneficiado, de lo contrario ya habría renegado de ti”. “Dios” entonces plantea a Satanás el reto: “Todo lo que [Job] tiene está en tu mano [lo dejo en tus manos]; solamente no pongas tu mano sobre él [no le quites la vida]” (Job 1:12). Lo que traducido a lenguaje llano es: “Te desafío entonces a que sometas a prueba a Job, haz con él todo que quieras, así como con su familia, sus bienes y sus criados; pero no le quites la vida, porque no podrías saber el resultado de nuestra apuesta”.
El detalle no es menor. A “Dios” no le importa que Job lo pierda todo: hijos, hijas, sirvientes, animales. En una demostración de orgullo divino, vidas humanas y no humanas quedan convertidas en fichas de un juego. “Pero deja que Job siga viviendo, para que nuestro entretenimiento no termine.” Y con esto se cae otra pieza clave del discurso teológico: la supuesta bondad de “Dios”. Porque es obvio que un ser bondadoso no utilizaría a sus criaturas como medios para ganar discusiones y entretenerse un poco. Mucho menos cuando se trata de un adorador fiel, “perfecto y recto”, que según el propio texto no ha hecho absolutamente nada para merecer semejante trato.
El mensaje implícito es perturbador: la fidelidad no protege del sufrimiento; al contrario, puede convertirte en candidato ideal para un experimento celestial. Y la vida no tiene valor intrínseco, sino instrumental. Si hay que destruirla para demostrar un punto, se hace. Aunque a todo esto, hay otro detalle curioso: ¿Quién estaba allí escuchando esta conversación celestial para luego anotarla en un libro sagrado?
Pero bueno, el caso es que Satanás, ni corto ni perezoso, asumió el desafío de su Padre, dedicándose desde ese momento a hacerle la vida imposible a Job, con un único objetivo: ver si el pobre hombre renegaba de su dios, y de esa forma le ganaba la apuesta a Jehová. Satanás causa entonces a Job múltiples desgracias: enfermedades, ataques a sus criados, le quita la vida a su ganado, lo sumerge en pobreza, su mujer lo repudia, y hasta sus hijos también pierden la vida. Sin embargo, Job nunca reniega de su dios, por lo que al final Jehová sale triunfante en medio de la desgracia de su fiel adorador, por lo que decide, como “premio”, no darle una vida mejor que la que tenía antes, sino solamente restituírsela parcialmente, no devolviéndole la vida a los hijos que ya tenía, sino dándole otros hijos, además de otros bienes materiales (Job 42:10). Y como en los cuentos de hadas, dice la Biblia que “Después de esto vivió Job ciento cuarenta años, y vio a sus hijos, y a los hijos de sus hijos, hasta la cuarta generación. Y murió Job viejo y lleno de días” (Job 42:16-17).
Pero tenemos aquí otro dato revelador que rara vez se menciona: las vidas que Satanás quita durante este reto —los hijos de Job y algunos criados— son las únicas víctimas fatales de Satanás en toda la Biblia. En contraste, “Dios” es responsable, directa o indirectamente, de miles y miles de víctimas mortales en el Antiguo Testamento: diluvios, plagas, exterminios masivos y castigos colectivos. Pero curiosamente, el título de “malvado” se lo lleva Satanás.
Sin embargo, la historia de Job desmonta esta narrativa. Aquí Satanás sólo actúa con autorización divina, mientras “Dios” observa, evalúa… y gana la apuesta. Y al final del relato, “Dios” supuestamente “restaura” a Job. Le devuelve bienes, le concede larga vida y… nuevos hijos. Pero no los mismos. No los resucita. Simplemente los reemplaza. Como si los primeros hubieran sido prescindibles, intercambiables y desechables. Esto, desde una perspectiva humana, no es justicia ni consuelo. Es sólo una lógica fría y contable: perdiste diez, aquí tienes otros diez. Y todo el mundo feliz.
Pero al final, gracias a esta absurda historia, Job es hoy un santo que tiene hasta su propia fiesta litúrgica (el 10 de mayo), siendo venerado como modelo de paciencia y fe ante la adversidad. Job es considerado santo principalmente por la Iglesia Católica, pero también por las iglesias ortodoxas y orientales, además de ser para los drusos un profeta, con un santuario en su honor en Niha, Líbano.
Todavía hoy el caso de Job es enseñado en las iglesias como un ejemplo de virtud: un hombre aplastado por una apuesta divina, que se convierte en ejemplo moral para millones. Y no olvidemos que todo su relato es “Palabra de Dios”. Sin embargo, uno no puede evitar pensar: si esta es la bondad, la justicia y la sabiduría divinas… quizás el problema no sea nuestra falta de fe, sino nuestra excesiva capacidad para normalizar lo absurdo y la crueldad, cuando vienen envueltas en lenguaje sagrado. Porque sí, el relato de Job puede ser visto como una linda historia, pero sólo si se lee con los ojos cerrados.
[Godless Freeman]
Luis López Martínez
Un 13 de enero es fusilada en Zaragoza, en las tapias del Cementerio de Torrero la joven Gregoria Blasco Casans, tan solo tenia 23 años.
La mujer tendría durante el franquismo una doble represión. Mientras que los hombres eran ajusticiados a la mujer antes de hacerlo se la humillaba, vejaba y violaba. Se rapaba el pelo, como intentando desprenderla de su feminidad y la obligaban a tomar aceite de ricino que las soltaba el cuerpo. Antes de asesinarlas las paseaban de esta manera.
Su única culpa fue ser hijas, esposas, hermanas de aquellos que se levantaron contra los que atentaron contra la libertad y voluntad de un país.
¡Que sus nombres no se borren nunca de la historia !
Sweet Sprout
Las atroc!dades cometidas por los soldados alemanes contra las prisioneras de guerra francesas embaraz@das eran peores de lo que puedes imaginar.
La nieve caía con fuerza sobre Tann, un pueblo olvidado de la región de Alsacia, en aquel 14 de enero de 1943. El silencio solo era roto por el crujido de las botas alemanas sobre el hielo y por los llantos ahogados de mujeres arrastradas fuera de sus casas. No había gritos, no había resistencia, solo el terr0r mudo de aquellas que sabían que esa noche lo cambiaría todo para siempre.
Entre las cautivas se encontraba Marguerite Roussell, de treinta años y embarazada de seis meses. No pertenecía a la Resistencia, no escondía armas ni transmitía información. Solo era una costurera que vivía sola desde que su marido, Henry, había desaparecido en el frente en 1940. Pero alguien la había denunciado, y bajo la ocupación alemana, una denuncia bastaba. Una simple palabra, un nombre susurrado, y tu vida ya no te pertenecía.
Cuando los soldados de la Wehrm@cht irrumpieron en su puerta, Marguerite estaba sentada a la mesa de la cocina, cosiendo una manta para el bebé que esperaba. La débil luz de una vela iluminaba su rostro pálido, marcado por las privaciones del invierno. Un oficial alto, de ojos claros y voz firme, le ordenó que se levantara. Ella obedeció, temblando, sintiendo que las piernas le fallaban. Él miró su vientre prominente y luego los papeles que sostenía en las manos: una lista donde su nombre estaba marcado en rojo, como una condena ya dictada.
«Queda usted detenida bajo sospecha de colaboración con elementos subversivos», dijo el oficial sin la menor emoción. Marguerite intentó explicar que no sabía nada, que estaba sola y que solo quería dar a luz a su hijo en paz. Él no respondió y simplemente hizo un gesto. Dos soldados la agarraron por los brazos y la arrastraron hacia la calle helada. Sus pies resbalaban sobre el suelo congelado, y el frío se colaba a través de su ropa demasiado ligera.
Fuera, otras mujeres ya esperaban, alineadas bajo la amenaza de los fusiles. Algunas lloraban en silencio, otras mantenían la mirada fija en el suelo. Marguerite reconoció a algunas: Simone, la enfermera del pueblo, embarazada de siete meses, con el rostro agotado; Hélène, esposa de un profesor desaparecido, con el vientre aún pequeño; Louise, que apenas tenía 18 años, ocultando su embarazo bajo un abrigo demasiado grande; Juliette, Élise, Camille, todas jóvenes, todas llevando en su interior niños por nacer, todas culpables de nada más que existir.
Las casas oscuras parecían observar la escena sin poder intervenir. Algunas cortinas se movieron, siluetas miraron unos segundos antes de desaparecer. Nadie se atrevía a salir; el m!ed0 había sellado todas las bocas.
Si estás escuchando esta historia ahora, ten en cuenta que lo que estás a punto de descubrir ha permanecido oculto durante décadas. Nombres, fechas y documentos fueron borrados para que nadie pudiera probar jamás lo que ocurrió. Pero existen testimonios, huellas y una verdad que ya no puede ser silenciada. Si esta historia te conmueve, deja un comentario diciendo desde dónde la estás escuchando y suscríbete para que esta memoria no muera, porque el silencio alimenta el olvido.
El pensamiento dicotómico de Jesús
Tener pensamiento dicotómico significa ver el mundo en extremos, en categorías de "todo o nada", "blanco o negro", sin matices ni zonas grises, clasificando experiencias, personas y situaciones como completamente buenas o malas, perfectas o inútiles, lo que lleva a decisiones y percepciones polarizadas, siendo ésta una distorsión cognitiva que puede estar asociada a la ansiedad, la depresión o los trastornos de personalidad.
Bien, pues resulta que desde la psicología crítica —y sin el lastre de la devoción—, hay una frase atribuida a Jesús en Mateo 12:30 (“El que no es conmigo, contra mí es”), que es muy representativa de su modo de ver el mundo, y que encaja de forma casi perfecta con en el pensamiento dicotómico, constituyendo además un ejemplo muy característico de la falacia del falso dilema. Se trata de un encuadre mental que reduce la complejidad humana a un interruptor binario: sí o no, lealtad o enemistad, salvación o condena. No hay matices o puntos intermedios, no hay duda legítima, no hay espacio para el desacuerdo razonable. Hay adhesión… o hay culpa.
¿Y quiénes son las personas que más aplican esta forma de pensamiento? —Según la psicología, es más común en los niños (por su pensamiento concreto), pero además en personas con cualquiera de estas tres características:
1. Trastorno Límite de la Personalidad (TLP).
2. Ansiedad, depresión, trastorno obsesivo compulsivo (TOC), o bien trastornos alimentarios.
3. Personas con rasgos narcisistas o de alta autoexigencia.
¿Y en cuál de estas categorías encajaría Jesús? —Pues, quien haya leído los cuatro evangelios canónicos detenidamente y en su totalidad, se dará cuenta de que Jesús se sentía con toda la autoridad que le daba ser, según él, “el príncipe de este mundo” (Juan 16:11), el príncipe de todas las naciones, próximo a coronarse (o más bien ungirse) como rey. Según el texto evangélico Jesús llegó a creer que lo que estaba escrito en la Torá respecto al Mesías se refería a él, y así directamente lo decía: “Escudriñad las Escrituras”, agregando: “ellas son las que dan testimonio de mí.” (Juan 5:39). Incluso cuando se refería a Moisés, supuesto autor de los primeros cinco libros de la Biblia, decía: “si creyeseis a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él.” (Juan 5: 46).
A la mujer samaritana que le dio a beber agua en medio del desierto, le dijo: si supieras “quién es el que te dice: Dame de beber; tú le pedirías” (Juan 4:10). El mensaje es claro: “Yo soy superior a ti”. Por eso la mujer, dándose cuenta del plano de grandeza en que Jesús se estaba ubicando, le preguntó si acaso se creía superior a Jacob-Israel, patriarca de los judíos, y también de los samaritanos. “¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob – le preguntó – que nos dio este pozo, del cual bebieron él, sus hijos y sus ganados?” (Juan 4:12). Y cuando ella le comentó a Jesús que todavía el Mesías estaba pendiente de venir (según la creencia judaica), él le afirmó tajantemente: “Yo soy, el que habla contigo” (Juan 4:25-26).
De hecho, identificándose claramente como el Rey judío, Jesús llegó a verse como el protagonista de los planes que “Dios” tenía para el mundo desde el momento de la creación, “desde la fundación del mundo” (Mateo 25:34); y en su papel de Mesías, se veía además como gobernante de todos los países del mundo, “reunidas delante de él todas las naciones” (Mateo 25:31-32).
Incluso Jesús se imaginaba que su investidura como nuevo rey universal sería catastrófica, pero a la vez espectacular; con conflictos bélicos entre países, ira sobre el pueblo judío, Jerusalén rodeada de ejércitos, y destruida y humillada por los “gentiles”; judíos abatidos al filo de la espada, o llevados cautivos a otras naciones como había sucedido antes. Aseguraba Jesús que al final todos verían “al Hijo del Hombre [a él], que vendrá en las nubes con gran poder y gloria.” (Lucas 17:29-36, Marcos 13:8, Marcos 13:15-19, Mateo 24:6-7, Mateo 24:16-20, Mateo 24:27-30, Lucas 21:10-11, Mateo 24:32-44, Lucas 21:10-11, Marcos 13:26-27).
En fin, las ilusiones de grandeza de Jesús eran de tal magnitud, que el psiquiatra francés Charles Binet-Sanglé (1868-1941) lo diagnosticó como un esquizofrénico con delirios de teomegalomanía. Y es que sobre la conducta megalómana de Jesús abundan los ejemplos (Mateo 4:7, Mateo 4:10, Mateo 19:27-28, Mateo 25:31-44, Mateo 28:18, Lucas 2:49, Lucas 4:8, Lucas 4:12, Lucas 22:28-30, Lucas 24:49, Juan 1:49-50, Juan 3:13, Juan 4:10, Juan 4:12, Juan 5:16-18, Juan 5:19, Juan 10:33, Juan 5:20, Juan 5:21, Juan 5:22, Juan 5:24, Juan 5:25, Juan 5:26-27, Juan 5:30, Juan 5:28-29, Juan 5:36, Juan 5:37-38, Juan 5:39, Juan 5:46).
Pero volvamos al pensamiento dicotómico. Se trata de una tendencia mental de personas con incapacidad para tolerar ambigüedades. Para ellos la realidad se fuerza a extremos, porque los grises generan ansiedad. Sin embargo, tienen otras características psicológicas:
1. Egocentrismo moral: confunden cualquier discrepancia con un ataque personal. “Si no me das la razón, me agredes.”
2. Necesidad de control y sumisión: exigen un alineamiento total a ellos, que reduce su incertidumbre y refuerza su poder como líderes.
3. Paranoia relacional leve: perciben la neutralidad como una hostilidad encubierta.
4. Autoritarismo afectivo: dividen el mundo en “los míos” y “los otros”, “los que están conmigo” y “los que están contra mí”, legitimando el rechazo del disidente.
Aunque este perfil en realidad no es exclusivo de líderes religiosos; es transversal a caudillos políticos, jefes sectarios y gurús de toda laya. Para ellos la frase “conmigo o contra mí” no es un argumento: es una orden emocional.
Por otra parte, los evangelios atribuyen también a Jesús advertencias explícitas de división familiar: “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí” (Mateo 10:37). “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.” (Lucas 14:26)
Más allá de la literalidad, el mensaje psicológico es claro: la lealtad a la doctrina debe prevalecer sobre los vínculos primarios. En términos clínicos, esto favorece dinámicas de ruptura del apego y dependencia del líder, dos ingredientes clásicos de los sistemas de control ideológico.
El caso es que Jesús habría definido claramente: “El que no es conmigo, contra mí es” (Mateo 12:30), y resulta que el paralelismo histórico de esta frase es evidente. Tras los atentados del 11 de septiembre, George W. Bush declaró ante el Congreso (el 20 de septiembre de 2001): “Cada nación, en cada región, tiene ahora una decisión que tomar. O están con nosotros, o están con los t3rr0ristas”. El contexto era el shock colectivo y la urgencia de construir un frente global. Y el recurso retórico fue eficaz… y profundamente dicotómico: simplificó el debate, deslegitimó posiciones intermedias, y convirtió la cautela en sospecha. Y esto funciona igual en la religión: cerrar el espectro para acelerar la obediencia.
Así, el cristianismo institucional heredó y amplificó esta lógica. La tesis central es binaria: creyente = salvación; no creyente = condena. Incluso después de esta vida, el menú es binario y extremo: cielo o infierno. No hay puntos intermedios. No existe un continuum que refleje la conducta humana real —mezcla inevitable de aciertos, errores, contextos y aprendizajes—. La moral se convierte aquí en un interruptor moral (ON y OFF), no en una evaluación ética.
Y para colmo, la propia tradición se desdice. Porque como comenta el filósofo francés Michel Onfray sobre la Biblia: “¿Una cita dice lo contrario? Sí, pero la tercera afirma lo contrario de lo contrario. Y desglosamos otra frase que, al contradecir lo contrario, restablece la primera proposición.” Y el evangelio de Marcos (9:40) atribuye a Jesús una idea opuesta: “el que no es contra nosotros, por nosotros es”. ¿En qué quedamos? ¿La neutralidad es enemistad, o apoyo tácito?
Y es que la inconsistencia no es un detalle menor: revela que el falso dilema no describe la realidad, sino que sirve a la conveniencia del momento. Cuando conviene sumar aliados, la neutralidad vale; pero cuando conviene presionar, se criminaliza.
En fin, la psicología lo dice sin rodeos: el “conmigo o contra mí” es una herramienta de coacción cognitiva. Reduce la libertad de conciencia, castiga la duda, y transforma en traición el desacuerdo. Y el hecho de que una figura religiosa la haya popularizado no la vuelve virtuosa; la vuelve peligrosa. Que siglos después la repitan líderes políticos, lo único que demuestra es que no estamos ante una verdad profunda, sino ante un atajo autoritario para controlar mentes. Pero la realidad humana no es binaria. Quien insiste en que lo sea, no busca diálogo: lo único que busca es obediencia.
[Godless Freeman]