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sábado, 2 de marzo de 2019

El fraile J.Q. que mantuvo relaciones sexuales en la sacristía.


La Voz de Galicia


El fraile de O Cebreiro: «Me ofreció un masaje, nos fuimos a la sacristía y allí mantuvimos relaciones sexuales»

La Audiencia de Lugo acoge el juicio contra el religioso, que se enfrenta a una petición del Ministerio Fiscal de 17 años de prisión

Tania Taboada

Hoy comenzó en la Audiencia Provincial de Lugo el juicio contra el fraile de O Cebreiro acusado de abusar sexualmente de una menor y de un joven, y de utilizar a la chica para elaborar material pornográfico. El religioso, J.Q., que atendió durante unos cuatro años el santuario de O Cebreiro, se enfrenta a una petición del Ministerio Fiscal de 17 años de prisión. También se pide la prohibición de acercarse a menos de 500 metros a la menor y de comunicarse con ella durante 12 años, así como una indemnización de 9.000 euros. El Ministerio público solicita también la prohibición de acercarse durante tres años al otro joven y una indemnización para él de 2.000 euros.

El juicio comenzó con la declaración del acusado que sostuvo que los supuestos abusos sexuales que se le atribuyen a una menor fueron relaciones consentidas y que no sabía que era menor ya que, según indicó, era una persona independiente que viajaba a Madrid o Barcelona. Además, argumentó que en el momento de los hechos «padecía una profunda depresión, perdió el norte» y se «dejó llevar».

Tras ello, el religioso manifestó que fue la menor, que en aquel momento contaba con 16 años, la que empezó a acudir sola al santuario y que, en una ocasión, esta lo quiso acompañar a una casa propiedad de la familia que tenía en Trives. Supuestamente, en esta casa se habría producido el primer contacto carnal que, según ha defendido el acusado este martes, no pasó «de tocarle la pierna», a lo que ella contestó con un, «aquí no».. Añadió además, que no estaban los dos solos en esa casa, sino que también había acudido el hermano de la víctima. 

En su intervención, el fraile consideró que la joven sacaba el dinero de estar con otras personas y reconoció que las primeras relaciones sexuales que mantuvo con la víctima, que padece una discapacidad psíquica, se produjeron en la sacristía. Según manifestó, se produjeron en Navidad y unos días después de que llegara al santuario un camión cargado de velas. Siguiendo su declaración, parece que el vehículo no entraba en el atrio del santuario y tuvieron que transportarlas a mano, motivo por el que sufrió una fuerte lumbalgia. Según relató, la menor, «que acudía constantemente al santuario», se ofreció a darle un masaje y fueron a la sacristía, donde tuvo lugar el primer encuentro carnal. 

El religioso también apuntó que ambos iniciaron una relación los «fines de semana» aunque «no todos». De este modo, además de tener contacto sexual con la menor en la sacristía del Santuario del Cebreiro, los tuvo también en Trives.

Fotografías 

En la primera sesión del juicio, en la que el fraile aseguró que la joven tenía fotos con otras personas, se le exhibieron al acusado imágenes en las que la joven vestía la casulla de fraile, así como otras en las que la menor aparecía con billetes de 20 euros posados en los genitales. Esta última le sirvió para reconocer que alguna vez le había dado dinero.

Además, admitió que en otra de las imágenes se veía a la pareja practicando sexo sin preservativo, una medida de protección que aseguró que incorporaban cuando ya no se fotografiaban. «En principio visualizábamos juntos material pornográfico y bromeábamos diciendo que nosotros lo hacíamos mejor. Utilizamos preservativo; ella era quien los tenía», indicó.

Negó abusos a otro menor

En la vista, que lleva la sección segunda de la Audiencia Provincial de Lugo, el acusado negó que abusara de otro menor, con sus capacidades psíquicas mermadas, al que supuestamente habría propuesto «un juego a tres», en Trives. Al respecto, aseguró que fue precisamente el menor el que había intentado acosar a la joven.

Antes de entrar en la sala, la abogada del acusado avanzó que pedirá la libre absolución de su defendido al entender que su cliente es «completamente inocente». El proceso no cuenta con acusación particular.


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