Josemi Montalban
Pues
verá usted, mi estimado don Gundemaro, una noticia de la que no le
van a informar ni don Carlos, ni doña Ana Rosa, ni don Eduardo, don
Francisco, ni tampoco Vicente o Susana, ni que decir tiene que no ha
de esperarlo del mirmecólogo, es la que hace referencia a que, por
fin, tras solo 20 años de instrucción, se está desarrollando el
juicio a Francisco Granados
,
exconsejero madrileño y ex secretario general del PP de Madrid,
implicado, junto a seis excaldes de la organización criminal Partido
Popular, en el caso Púnica, el macroproceso de corrupción municipal
y autonómica que se dio en Madrid con amaños de contratos públicos
para fiestas municipales entre 2004 y 2013 y en el que la Fiscalía
pide entre dos y seis años de cárcel para los acusados por delitos
de prevaricación y fraude.
Granados ya fue juzgado por revelación de secreto (¿le suena?) en una pieza separada del caso en la que se le acusó le acusó de haber recibido un aviso de un miembro de la guardia civil que lo alertó de que estaba siendo investigado. En aquel procedimiento se decretó su detención en 2014 y fue condenado a dos años de prisión y la pena se dio, tras su confirmación por el Tribunal Supremo, por cumplida, ya que Granados llevaba ese tiempo en prisión preventiva.
En el juicio al que se enfrenta ahora, el meollo de la corrupción del aparato de Aguirre, Ricardo Godino, un exconcejal de Moraleja de Enmedio, ha confesado y admitido por escrito, cómo amañaban los contratos públicos en favor de empresarios determinados, a los que, con dinero público se agasajaba con fiestas privadas en las que no faltaban "autobuses de putas".
Y nada, mire usted, mi estimado Gundemaro, que como de ello no le van a hablar los insignes e ilustres miembros de la "prensa libre" anteriormente comentados, ni le van a saltar a su dispositivo los twists de Negre, Alvise, o Quiles, refriéndole el asunto, pues ya lo hago yo desde aquí, porque a mí, a diferencia de ellos, no me da de comer ninguna organización política con el dinero de mis compatriotas, pero es mi deber y procuro cumplirlo con la mayor dignidad posible.
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