FOTO
CENSURADA
¿SABÍAS QUE EL VIBRADOR SE INVENTÓ PARA ALIVIAR LAS MUÑECAS DE LOS MÉDICOS?
El juguete favorito de las mesitas de noche modernas no nació por el afán de jolgorio de un fabricante de látex, sino por la pereza soberana o la fatiga crónica, según se mire, de los señores facultativos de finales del XIX.
Verán ustedes. En aquella época de levitas, corsés apretados y vapores, a cualquier mujer que tuviera la osadía de estar nerviosa, deprimida o simplemente insatisfecha, se le diagnosticaba histeria. ¿Y cuál era el remedio de la ciencia? El «masaje pélvico». Sí, han leído bien. El doctor, con toda su prosopopeya y su título de la facultad, se dedicaba a realizar manipulaciones manuales hasta que la paciente alcanzaba el «paroxismo histérico». Vamos, lo que en mi pueblo llamamos un final feliz de toda la vida, pero con receta médica. Y aquí el problema no era la moral —que no seria nada raro para aquellos tiempos—, sino la ergonomía. Los médicos estaban hasta el mismísimo fonendoscopio de los calambres en la muñeca. Imaginen el panorama: salas de espera llenas de señoras «histéricas» y el pobre doctor con el túnel carpiano pidiendo clemencia tras diez sesiones de fisioterapia íntima.
Fue entonces cuando el doctor Joseph Mortimer Granville, un genio de la ley del mínimo esfuerzo, dijo: «Hasta aquí hemos llegado». En 1880 patentó el primer vibrador electromecánico. No lo hizo para liberar a la mujer, ¡qué va!, lo hizo para salvar su propia articulación.
Aquellos primeros cacharros nada se parecían a los actuales (como el que me he permitido poner en manos de nuestro doctor), parecían una mezcla entre una taladradora de las obras del metro y una batidora industrial, y eran caros, solo las clínicas de postín o damas de la alta sociedad podían permitirse uno de estos cacharros. Cuando el tamaño y el precio se fueron reduciendo pasaron a venderse en catálogos de electrodomésticos como «artículos para la salud y el vigor».
Así que, la próxima vez que vean uno, no piensen en la revolución sexual, piensen en la muñeca del doctor Granville. La tecnología, siempre tan noble, acudiendo al rescate del ahorro de energía... y del descanso del guerrero de bata blanca.
#HistoriasDeLaHistoria #HistoriaCanalla
No hay comentarios:
Publicar un comentario