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sábado, 11 de febrero de 2017

Señores jueces, ¿van a dejar que unos policías se burlen de ustedes?

Señores jueces, ¿van a dejar que unos policías se burlen de ustedes?
Público
10 febrero 2017
Se llama “árbol envenenado” y puede destruir cualquier causa judicial. Y es eso precisamente lo que está intentando hacer un grupo de policías que proceden de la brigada política de Interior y tratan de impedir que la Justicia les haga pagar por sus pecados.

Sólo así se explica que aparezca un segundo pendrive apócrifo justo el día después de que el juez de la Audiencia Nacional José de la Mata haya citado a declarar a los que deberían saber cómo apareció (el pasado verano) otra memoria USB, también sobre el caso Pujol, que se trató de colar en la causa como procedente de un juzgado barcelonés, cuando en realidad se la había guardado durante cuatro años el anterior Director Adjunto Operativo de la Policía (DAO), Eugenio Pino, sin entregarla —como por supuesto era su deber— a los tribunales.

Así que ya no es sólo una, sino que son dos las pruebas materiales claramente contaminadas –para empezar, la cadena de custodia está más que rota– que amenazan con envenenar toda la causa sobre la familia Pujol y acabar provocando la nulidad de las actuaciones. Maniobra para un fraude de ley en la que son expertos algunos de los que utilizaron los recursos policiales del Ejecutivo para destruir rivales políticos… y obtener beneficio propio.

Porque la sospechosa aparición de estos pinchos digitales, justo cuando los integrantes de ese entramado mafioso se ven amenazados por la Justicia, tiene una explicación más que evidente: durante muchos años, esos funcionarios públicos con poderes y fondos reservados se estuvieron quedando con materiales incriminadores o comprometedores para emplearlos en el futuro como instrumentos de chantaje o de protección personal.

Sin embargo, algunos magistrados siguen siendo remisos a investigar a altos mandos policiales, incluso después de su jubilación, y toleran claras violaciones de la legalidad en sus actuaciones o declaraciones ante los tribunales.

Ése es el caso del ex número dos de la Policía, quien ha continuado autoinculpándose de conspirar contra políticos opositores en la segunda parte de su entrevista en El Mundo. Si el día anterior trató sobre el caso Pujol (para quejarse de los jueces “garantistas” que exigen “pruebas reales” antes de encarcelar a los investigados), esta vez se despacha a gusto contra Podemos, al que acusa repetidamente de financiarse ilegalmente con dinero de Irán y de Venezuela. ¿Sus pruebas?

“Yo, a título particular, creo que sí, pero no lo puedo demostrar”.


Todo ello, aparte de haber sido contrastado por las investigaciones de Público, quedó avalado una vez que Pino se retiró precipitadamente de la querella que interpuso contra Patricia López —la única periodista jamás demandada por un director adjunto operativo de la Policía— en cuanto la jueza encargada del caso pretendió practicar la diligencia de comprobar los posicionamientos de los móviles de Pino y de Inda en las fechas comprometedoras.

Vamos, que difícil lo tiene el ex número dos de la Policía para demostrar que él no participó en ese montaje contra un partido político rival.
Quizá lo hizo por convicción, claro. ¿Y qué le llevaba a estar tan convencido?

 “Hay un país que se llama Venezuela donde la información es a chorros”, contesta Pino en la entrevista de forma altamente esclarecedora. En cuanto a los “chorros de información”, más bien fueron chorreos: cinco exfuncionarios venezolanos protegidos por EEUU, algunos con fortunas en paraísos fiscales como Panamá, viajaron a Madrid (a costa de los contribuyentes españoles) para ofrecer su testimonio contra Podemos y de ahí surgió el documento falso contra Iglesias que publicó Inda. Pero no eran más que falsarios: “Los confidentes eran tan endebles que no se pudieron emplear para una segunda versión del informe PISA”, aseguró a Público una fuente policial.
Pero vamos, seguro que algo habrá, ¿no? Es como si el máximo responsable operativo de la Policía de toda España hablase en un bar de pueblo sobre algo que acaba de ver (sin entenderlo demasiado) por la tele:
“Es una información, no puede decirse si es buena o mala”, replica Pino a la pregunta de si “la información” (que, por cierto, publicó sin verificarla el mismo que le está entrevistando) ¿es buena?
“Nuestros informes no debían ser muy falsos cuando nuestros confidentes están recibiendo amenazas”, es todo lo que se le ocurre argumentar al ex director adjunto operativo del conjunto de las fuerzas del orden para justificar que se lanzara una campaña de infundios indemostrables contra un partido político en medio de dos campañas electorales. Fenomenal. Nosotros también recibimos amenazas (y no tenemos cuentas en Panamá ni somos testigos protegidos por EEUU), así que debemos tener siempre razón.
Ahora, lo que ya es de traca es que el máximo responsable de las operaciones policiales de España diga que “no se puede comprobar porque hay que ir para allá”, refiriéndose a Venezuela. ¡Vamos anda! Pero si el comisario Villarejo fue “para allá”. ¿Qué pasa? ¿No había fondos reservados suficientes para pagar el vuelo de Iberia a Caracas, pero sí para traerse a Madrid a cinco falsarios con cuentas en Panamá?
Voy terminando.
“Villarejo no ha investigado nunca la corrupción en Cataluña. Se limitó a traer a Javier de la Rosa para que se le tome declaración. Que me conste no ha vuelto a investigar nada en Cataluña”.
Se puede mentir más alto, pero no más claro: contamos con pruebas fehacientes, documentales y de cargo, que demuestran que el ex director adjunto operativo de la Policía está mintiendo a sabiendas de que lo hace. Pruebas irrefutables de que Villarejo participó en la Operación Cataluña, por orden de ese mismo DAO, más allá de toda apariencia de legalidad. Y las vamos a publicar en breve.
¡Ah! Se me olvidaba. Prometí hablar de las mentiras de Pino sobre las grabaciones al exministro del Interior Fernández Díaz en su despacho oficial… Pero ya llevo mucho escrito. Además, cuando contemos toda la verdad —y nada más que la verdad— sobre ese tema, quedará negro sobre blanco que todos los que afirman tener información exclusiva sobre lo que sólo Público sabe (y reveló en parte, dinamitando a la brigada política) están dando palos de ciego.

Por no aburrir, hoy sólo adelantaré que en breve revelaremos todo lo que nadie conoce sobre el Fernándezgate. Y temblará el misterio.

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