David Ramirez
En la religión nos han contado una historia que, aunque suena reconfortante, se queda peligrosamente pequeña frente a la realidad de nuestra existencia. Nos han dicho que nuestra historia, como humanidad, comenzó hace apenas unos 6,000 años en un jardín llamado Edén. Nos han enseñado que, de un solo hombre y una sola mujer, nació todo el mal, toda la angustia y una supuesta 'naturaleza caída' que nos persigue desde el primer día
Pero, ¿qué sucede cuando miramos lo que la tierra tiene para decirnos? Cuando dejamos de lado el dogma y nos atrevemos a mirar la evidencia, nos encontramos con una historia infinitamente más grande, más antigua y, a mi parecer, mucho más fascinante.
Hoy sabemos, gracias al rastro que dejaron nuestros antepasados, que la humanidad tiene cerca de 300,000 años de caminar sobre este planeta. Mucho antes de que se escribiera el primer versículo de la Biblia, ya existían seres humanos. Existieron los neandertales, nuestros primos con los que compartimos la vida y el fuego; existió el hombre de Cromañón, un artista que llenó las cuevas con la luz de su creatividad. Ellos vivieron, amaron, sufrieron y murieron mucho antes de que surgiera siquiera la idea de un Adán y una Eva.
Piensen en el templo de Göbekli Tepe, en la actual Turquía. Ese lugar, construido con una precisión que nos maravilla, tiene cerca de 11,500 años. Eso significa que, miles de años antes de que el relato del Edén fuera siquiera imaginado, ya había seres humanos organizándose, construyendo grandes monumentos y buscando sentido al universo.
Entonces, ¿dónde queda el 'pecado original'? Si no hubo un Adán y una Eva, si no hubo un momento exacto en el tiempo donde el ser humano 'cayó' de la gracia, toda esa estructura de culpabilidad se desmorona. No heredamos una mancha desde el inicio de los tiempos; lo que hemos heredado es un largo camino de evolución, de lucha por sobrevivir, de aprender a convivir y de intentar ser mejores cada día.
El pecado original es una idea que nos encadena a la culpa, que nos hace sentir rotos desde antes de empezar. Pero la verdad es otra: somos una especie que ha caminado mucho, que ha aprendido mucho y que, en lugar de estar huyendo de una supuesta caída, estamos en un proceso continuo de crecimiento.
No somos una creación estática de hace unos pocos milenios; somos el resultado de un viaje épico de cientos de miles de años. No necesitamos un mito para explicar por qué a veces nos equivocamos; somos humanos, aprendiendo a ser humanos en un mundo que no nos fue regalado, sino que nosotros hemos ido comprendiendo paso a paso. Es momento de dejar de sentirnos culpables por una historia que nunca ocurrió, y empezar a valorar la historia real, la de nuestros ancestros, que con esfuerzo, arte y comunidad, pavimentaron el camino para que hoy estemos aquí, cuestionando y buscando la verdad.
Fuente:
-Osmin Zaldaña
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