Hay verdades contables que por mucho que intenten taparse con los trajes de los despachos oficiales y discursos solemnes, la historia y los tribunales se encargan de dejar grabadas a fuego.
La imagen de hoy nos refresca una memoria que a los de arriba les da un ataque de nervios recordar.
Nos pasamos la vida escuchando lecciones de patriotismo de escaparate, pero la cruda realidad material nos demuestra que el trilerismo con el dinero público viene de muy lejos.
Hubo un tiempo en que los máximos responsables de diseñar las leyes intentaron silenciar a la prensa independiente acudiendo en masa a los juzgados para proteger su honor.
El tiro les salió por la culata: la justicia civil determinó que los papeles eran ciertos, que los balances oficiales no mentían y que las estructuras de los pagos ocultos eran una realidad inapelable, terminando los demandantes con una condena a pagar los gastos del juicio de su propio bolsillo. ¡Blanco y en botella!
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