Discurso: ética, hipocresía religiosa y la distorsión del mensaje de Yeshua
Recientemente, con la muerte de Ateo Digital, he visto de forma empírica y tangible que gran parte del mundo cristiano se alegró y demostró, al final, mucho más odio que amor hacia una persona, odiando realmente a un muerto. Considero que eso carece de toda ética terrenal y humana, cuánto más de una supuesta ética divina o de un verdadero misticismo con la divinidad.
Lo que se me dice es: "Ah, es que él los trató mal, los insultó, se dedicaba a criticar la religión y a Dios". Pues sí, pero Yeshua te dijo que si te golpean una mejilla tienes que poner la otra, ¿no? Tienes que hacerle bien al que te hace mal. Eso lo dijo Yeshua, ahí está en los evangelios: que no tienes que volver mal por mal, porque si no, estás aplicando la ley del talión descrita en el Éxodo.
Yeshua tenía otros puntos de vista, otra perspectiva de una ética diferente, más humanista; una ética que rechaza la venganza y que sostiene que la mejor forma de demostrarle a otro que no eres igual es no vengándote, no cayendo en su mismo juego. Uno tiene la capacidad de perdonar, de demostrar empatía e incluso —como también está escrito— de orar por los que te maldicen, entendiendo que, aunque te hagan mal, debes obrar con bien.
Sin embargo, en el comportamiento de muchos cristianos yo no veo que hagan eso. Son personas que, en el fondo, como he dicho otras veces, ni siquiera se quieren entre las mismas sectas religiosas. Entre las miles de denominaciones que existen —católicos, evangélicos, mormones, adventistas, testigos de Jehová, etcétera— se dividen y se rechazan por meros temas doctrinales que al final no son más que construcciones e ideas humanas.
Si no son capaces de amarse entre ellos mismos por diferencias de dogma, mucho menos van a tener amor genuino hacia otras personas, ya sean agnósticas, ateas o de cualquier otra creencia. Por eso sostengo firmemente que lo verdaderamente importante es aprender a ser una buena persona antes que ostentar cualquier etiqueta religiosa.
-- Osmin Zaldaña
No hay comentarios:
Publicar un comentario