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domingo, 19 de abril de 2015

España, el Rey Juan Carlos y su amante Corinna

Juan Carlos I quiso casarse con Corinna y darle el título de su alteza real
Iba a retirarse en el 40 aniversario de su reinado, según relata Ana Romero en su libro 'Final de Partida'. Aislado, tras su caída en Botsuana, le cancelaron un viaje a Emiratos Árabes y dijo a un amigo: “mándame una pistola para que me suicide”. Su amiga se quedó plantada en la suite del hotel.
Público
19-4-2015
PÚBLICO

MADRID.- Corinna de Borbón. Así iba a llamarse la amiga de Juan Carlos I Corinna zu Sayn-Wittgenstein, una vez se casaran ambos. “El complicado plan implicaba aguantar un año más, llegar hasta los fastos de celebración del 40 aniversario de su proclamación en noviembre de 2015 y luego retirarse con ella en un país extranjero, apenas con un apartamento en el Palacio Real al que acudir cuando los ánimos de los españoles se hubieran atemperado respecto a ella. Era un deseo recurrente en el ánimo del monarca pero de muy difícil encaje en la realidad política y constitucional de España”.


La periodista Ana Romero relata así en su libro “Final de Partida” (Editorial La Esfera de los Libros) aquel plan del rey para casarse. Era agosto de 2013, un año duro para el monarca que sucedió a su famoso accidente de Botsuana, tras el cual Juan Carlos I tuvo que ser operado, perdió la popularidad y se sentía cada día más solo y aislado, con una familia que no le visitaba en el Palacio de La Zarzuela y que desembocó en su abdicación en 2014.


Ya en enero de 2013, Romero relata un acontecimiento en la vida del monarca que marcó un antes y un después en su percepción de su aislamiento, una soledad impuesta por la salud y los escándalos. Ese mes le impidieron viajar a los Emiratos Árabes, a un encuentro de energías renovables, junto con Corinna, quien se quedó plantada en la suite de un hotel de Abu Dabi. Asó lo relata Ana Romero:


“Mándame una pistola para que me suicide", le dijo el rey a uno de sus amigos después de que el Gobierno, el jefe de la Casa y hasta el director del CNI [Centro Nacional de Inteligencia] le hubieran obligado a cancelar el viaje a Abu Dabi "no por consejo médico -como se dijo públicamente-, sino porque se comprendió que CSW [Corinna zu Sayn-Wittgenstein] podía ser un verdadero peligro para la seguridad nacional". La petición de una pistola era claramente una exageración del monarca, que no podía ocultar su irritación. Por primera vez casi desde la muerte de Franco, no se hacía su voluntad. Según se comentó esos días en su entorno, "entre unos y otros" le estaban dejando "sin salida vital"(…)”


Romero recoge testimonios de personas cercanas a Juan Carlos I, como el de un político que trabajó cerca de él durante años y quien cree que cancelar el viaje de Abu Dabi "fue un error, porque fue cuando el rey dijo: 'Van a por mí'. Desde entonces, y hasta finales de marzo, sufrió una gran presión para que abdicara. Se sentía completamente solo y entró en depresión. Le obligaron a que dejara de verse con CSW, se operó otra vez y tenía mucho miedo".


El adelanto de un capítulo del libro 'Final de Partida', que publica El Mundo, revela cómo Corinna se sentía en medio de una pesadilla:

"También CSW afirmó encontrarse en una situación muy complicada que ella no dudaba en calificar de "pesadilla". No podía ver al rey pero se sentía obligada a apoyarlo en la distancia. Se sabía criticada a lo largo y ancho del país: si estaba, por estar; si no estaba, por no estar. En su afán por defenderse, acabó poniendo aún más piedras en el camino. Cuando se canceló el polémico viaje real a Abu Dabi, una CSW muy enfadada que, como hemos visto, se quedó colgada en la suite presidencial del Emirates Palace se refirió a lo sucedido como un "golpe de palacio" en Zarzuela que tendría retenido a don Juan Carlos. Aunque sus interlocutores no llegaron a creerla, sí intuyeron sin embargo que el rey de España empezaba a perder su poder. Y en el colmo de la humillación, al comprobar que el rey no iba a ocupar la suite presidencial, se le sugirió a CSW que debía abandonarla, a lo que ella se negó en redondo”.


Ana Romero detalla aquel tiempo difícil para un Juan Carlos I quien, a partir del accidente de Botsuana “y de la falta de sensibilidad que el rey mostró hacia el posible colapso económico de España, su capital político y humano empezó a hacer aguas. En marzo de 2013, se sintió impotente para recuperarlo y eso le llevó a la desesperación”.


"No le importa nadie, sólo él"

En aquellos días Juan Carlos I fue sometido a un "confinamiento en régimen de incomunicación". Para unos, su entorno inmediato lo abandonó “como castigo a su comportamiento poco ejemplar y como medida de presión para conducirlo a la abdicación: ‘Lo dejaban solo queriendo’. Para otros, su soledad fue la consecuencia natural de una vida labrada con la laboriosidad del gran egoísta que es: ‘Una mezcla explosiva del ser humano y del jefe de Estado: cuando no actúa movido por sus propios intereses, lo hace por los de España. Nunca lo hace pensando en qué es lo mejor para ti. No le importa nadie, sólo se importa él’.


En el libro se interroga por la personalidad de la amiga especial del rey, cuya imagen caricaturizada de “mujer diabólica” se abrió camino por los mentideros madrileños en aquel tiempo: “su mal carácter; su manera de darle al rey "carrete cuando conviene y de recogerlo cuando hace falta en un perfecto ejercicio de manipulación", y hasta la escena que CSW le montó al monarca en pleno hall de un hotel de Venecia frente a un grupo de personas que habían viajado con él en el mismo avión en el que ella no fue invitada. Ese dibujo iba acompañado de otro: un monarca mayor, débil, asustado, que llegaba al final de su vida en completa soledad. Aquí, de nuevo, las visiones difieren. Según unos: "Ella era la única que le hablaba claramente, que se reía de él, que le gritaba cuando hacía algo inaceptable y que lo trataba normal, como un ser humano, no como un rey".


La clase dirigente se cerró en banda

Romero sostiene que, según le aseguran, “los servicios de inteligencia guardan celosamente datos de la vida privada de CSW que no dudarán en poner en circulación si esta hace peligrar la dignidad real en España".


Llegados a este punto, es difícil rastrear los hechos como son, relata Romero. "Lo cierto es que tras las últimas reuniones de CSW en Zarzuela con el general [Félix] Sanz Roldán y con Margallo en diciembre de 2012, la clase dirigente se cerró en banda. Fue entonces cuando, además de su residencia en Mónaco por motivos fiscales, CSW cambió el hogar que tenía en el monte de El Pardo por un elegante piso en una de las direcciones más distinguidas de Londres, donde apenas los rusos y los árabes multimillonarios pueden permitirse tener casa”.



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