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domingo, 28 de junio de 2026

 




Frasco Luis Pereda de los Ríos

La madre fusilada aparece en la fosa común con el sonajero de su hijo Martín

La tarde del 22 de septiembre de 1936 un piquete de fusilamiento compuesto por cuatro falangistas y un sacerdote, llamó a la puerta de la casa de Catalina Muñoz de 37 años, natural de la localidad palentina de Cevico de la Torre. "Salió de casa corriendo con el niño y se cayó en la trasera de una casa y fueron a cogerla. Al niño no le pasó nada" recuerda con los ojos inundados su hija Catalina de 94 años.

Las acusaciones vertidas entre susurros de revancha la tildaban de "roja", cargo que no necesitaba ser demostrado y que conllevaba con seguridad la pena de muerte, en los años previos y posteriores a la guerra civil. Catalina no sabía leer ni escribir, tenía el pelo y los ojos oscuros, criaba a cuatro hijos de entre 11 años y 9 meses cuando murió a causa de "dos disparos por arma de fuego de pequeño proyectil en cráneo y pecho" según consta en el sumario militar que la condenó, y que aún se conserva en un viejo archivo cuartelario de la ciudad gallega del Ferrol.

Tras permanecer 83 años sepultada en una fosa común, rociada con cal viva, denostada por quienes llaman a sus familiares "busca-huesos" y por quienes pretenden mantener en el olvido a las víctimas de la barbarie franquista, la fosa fue exhumada en agosto de 2011. Los arqueólogos pudieron reconstruir la tarde en que fusilaron a Catalina, aseguran que llevaba guardado en su mandil el sonajero de Martin, el más pequeño de sus hijos que en aquellos días contaba apenas 11 meses y que hoy con 84 años, podrá recuperar los huesos de su madre y su juguete preferido.

La fosa de Carcavilla (Palencia)Catalina fue enterrada en el antiguo cementerio de Carcavilla, hoy parque infantil. Entre 2009 y 2011 se exhumaron allí 108 víctimas de la represión franquista; Catalina fue una de las 67 identificadas.



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