Alex López
Este texto sé que no va a gustar a muchos, pero siempre soy honesto, y no, lo de Peinado creo que no es Lawfare, y trataré de explicarlo.
La situación exacta de la instrucción, en cuyo último episodio mediático Peinado sugiere que la escolta policial de Moncloa podría ayudar a Gómez a escapar, me chirría, y me chirría mucho.
No es propio de un juez de su experiencia porque sabe exactamente lo que va a provocar… pero los hechos que hoy han acaecido me han hecho reparar en algo que me había pasado por alto.
Pero para comprenderlo o llegar hasta mi razonamiento hay que revisar la biografía de Peinado.
Su acceso a la carrera judicial no fue por la vía tradicional de la oposición pura, sino a través del tercer turno, un método reservado para juristas de reconocido nivel que se eliminó en el 2003 por poco trasparente y por la denuncia constante de algunos partidos políticos que veían en esa práctica una manera de meter a dedo en la carrera judicial a juristas afines a una ideología determinada.
En el sistema judicial español, que es muy jerárquico y cerrado, los jueces del tercer turno a menudo llevan el estigma de no haber accedido por oposición, una de las más duras, y no son considerados jueces pata negra.
Esta diferencia suele llevar al magistrado a buscar constantemente validación, intentando demostrar que es tan competente como cualquier juez tradicional.
Y aquí es donde nos encontramos con la historia de Peinado, chocando con un techo de cristal que no le ha permitido alcanzar los puestos a los que alguien ambicioso como él aspiraba.
Su deseo de alcanzar cargos superiores fue frustrado repetidamente por el órgano de gobierno de los jueces, acumulando dos rechazos que explican algunas cosas:
1. Vocal del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) en 2013, como candidato independiente, donde no resultó elegido.
2. Juez de refuerzo del Juzgado Central de Instrucción n.º 6 de la Audiencia Nacional en 2019, donde no fue seleccionado.
El caso más relevante fue su intento de acceso al CGPJ. Un juez podría presentarse o bien aprobado por un partido político o de forma independiente, y Peinado hizo lo segundo.
Con una mayoría en el Congreso con Rajoy, de los 20 vocales, el PP propuso 10 y, con la posterior elección de Carlos Lesmes como presidente, el sector conservador obtuvo una posición mayoritaria en el órgano.
En la práctica el Partido Popular y el CGPJ dejaron a Peinado sin plaza. Y lo volvió a hacer denegando su entrada en la Audiencia Nacional 6 años más tarde.
En la práctica el CGPJ condenó al juez a estar relegado de por vida al barro de Plaza de Castilla y para alguien con la ambición y autoestima del Peinado que conocemos…
¿Vamos llegando?
El tiempo juega un papel clave en este análisis. Juan Carlos Peinado cumplirá 72 años el 27 de septiembre, la fecha límite para su jubilación obligatoria tras la prórroga de dos años que el Consejo le concedió.
Peinado sabe que su carrera termina este otoño y, por lo tanto, posee una inmunidad total frente a las herramientas de control disciplinario del Estado.
Decir que se la suda que lo expedienten o inhabiliten es decir poco.
Gracias a su última acción, hoy hemos asistido a la división del CGPJ, que ha tenido que recurrir al voto decisivo de su presidenta, Isabel Perelló, para remitir el auto de Peinado al Promotor de la Acción Disciplinaria por una presunta falta grave contra la Policía, y me temo que ese es exactamente el escenario que quería provocar.
Será muchas cosas pero el tipo es inteligente, retorcido pero inteligente. Al aumentar la tensión al máximo, Peinado obliga al Consejo a dividirse en bloques ideológicos, mostrando ante la opinión pública la debilidad y politización de este órgano.
Cada resolución de Peinado que se acerca al absurdo no es un error, sino un truco.
Sabiendo que la Audiencia Provincial de Madrid corrige sistemáticamente los excesos de su “investigación prospectiva”, el magistrado redobla la apuesta. Impone medidas cautelares locas e inusuales contrarias en tiempo y forma al juez Calama que instruye la causa de Zapatero, como la retirada del pasaporte a la esposa del presidente, no porque tenga una base legal sólida, sino porque busca deliberadamente la polémica.
Si el CGPJ lo sanciona semanas antes de su retiro, el castigo carecerá de impacto y él se irá con el aura de mártir. Si no lo sanciona, demostrará la impotencia de la institución que un día lo despreció.
En su particular “último baile”, Juan Carlos Peinado ya no rinde cuentas a la ley, ni a sus superiores, ni a un partido político. Rinde cuentas únicamente a sí mismo. Ha convertido la causa penal con mayor impacto político de la década en el escenario de su catarsis personal, valiéndose de las asociaciones de ultraderecha y de toda la oposición, demostrando que un juez del tercer turno, sin nada que perder, es capaz de arrastrar la credibilidad de toda la estructura judicial en su camino hacia la jubilación.
Su guerra nunca fue contra la Moncloa; su guerra es contra el Palacio de Marqués de la Ensenada, sede de un Consejo que tantas veces le dijo no y que hoy contempla como medio país habla de justicia corrupta.
Begoña es su escaparate mediático, sin más. Le importa un comino ella, Sánchez y el Sursum Corda.
Esto va de ego y de venganza servida en plato frío. Y el telón se cerrará con un jurado popular ajusticiando en directo a la mujer del Presidente del Gobierno.
Es mi opinión.
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