Frasco Luis Pereda de los Rios
El carnicero de Badajoz
Tras la toma de la Badajoz a mediados de agosto de 1936, las tropas sublevadas al mando del general Juan Yagüe encerraron a miles de defensores de la Segunda República y civiles en la plaza de toros de la ciudad.En la arena de la plaza, los prisioneros eran sometidos a humillaciones, torturas y ejecuciones masivas. Los relatos históricos y testimonios documentan que muchos de ellos fueron tratados como animales de lidia—"toreados", lanceados o fusilados—ante la presencia de espectadores que presenciaban los asesinatos desde los tendidos. Estas ejecuciones sumarias dejaron un saldo estimado de entre 4.000 víctimas.
Tras la entrada de las columnas africanas, se realizaron detenciones masivas de milicianos, funcionarios, sindicalistas y civiles.Los prisioneros fueron concentrados en la plaza de toros, el cuartel de la Bomba y el cementerio. Se llevaron a cabo fusilamientos continuos, de día y de noche, durante varios días.La represión fue sistemática, no fruto del caos: listas, selecciones, ejecuciones por tandas.
El coronel Yagüe, que mandaba las fuerzas franquistas en Badajoz, se reía al oír los desmentidos sobre las matanzas. ‘Naturalmente que los hemos fusilado ―me dijo―. ¿Qué se podía esperar? ¿Pensaban que me llevaría conmigo a cuatro mil rojos mientras mi columna avanzaba luchando contra reloj? ¿Debería dejarlos en libertad a mis espaldas, permitiéndoles que hicieran nuevamente de Badajoz una ciudad roja?
No hay comentarios:
Publicar un comentario