La ONU acusa a Israel de destruir la infancia palestina: más de
20.000 niños asesinados en Gaza
El documento señala ataques deliberados contra
niños, destrucción de infraestructuras básicas y condiciones de
vida incompatibles con la protección de la infancia
Suren Gasparyan
28-6-26
ElPlural
La guerra de Gaza ha dejado ya una de las mayores catástrofes
para la infancia de las últimas décadas. Pero el último informe de
la Comisión Internacional Independiente de Investigación de
Naciones Unidas sobre el Territorio Palestino Ocupado va un paso más
allá del balance de víctimas. Su conclusión es que la ofensiva
israelí no solo ha provocado una destrucción sin precedentes entre
los menores palestinos, sino que documenta
un patrón de violencia sistemática que la propia
comisión vincula con el análisis jurídico sobre el delito de
genocidio recogido en la Convención para la Prevención y la Sanción
del Delito de Genocidio.
El
documento, de un centenar de páginas, constituye uno de los
análisis más exhaustivos realizados hasta la fecha sobre el impacto
de la guerra en los niños y adolescentes de Gaza. La comisión
sostiene que la infancia palestina ha soportado una
carga desproporcionada de la ofensiva militar israelí,
hasta el punto de que uno de cada cincuenta niños que vivían en la
Franja ha muerto desde el inicio de la guerra, en octubre de 2023.
Las cifras son devastadoras. El informe documenta 20.179
menores fallecidos y 44.143 heridos, además de miles de
desaparecidos que continúan bajo los escombros de edificios
destruidos. Son números que, según la comisión, no encuentran
precedentes recientes por la velocidad y la magnitud con la que una
población infantil ha sido golpeada en un conflicto armado.
Pero el informe insiste en que la tragedia no puede
medirse únicamente por el número de muertos. La
destrucción de hospitales, escuelas, viviendas, sistemas de
abastecimiento de agua y redes sanitarias ha convertido la
supervivencia cotidiana en un desafío permanente para cientos de
miles de menores.
Una generación marcada por la guerra
La comisión de la ONU describe una infancia sometida
durante más de veinte meses a bombardeos continuados,
desplazamientos forzosos, hambre, enfermedades y pérdidas familiares
constantes. Miles de niños han quedado huérfanos o
separados de sus padres, mientras otros sobreviven con lesiones
permanentes que condicionarán el resto de sus vidas.
El informe dedica buena parte de sus páginas a documentar las
consecuencias físicas de la ofensiva. Gaza concentra uno de los
mayores números de niños amputados por habitante del
mundo. A las amputaciones se suman lesiones medulares,
traumatismos craneoencefálicos, quemaduras graves, pérdida de
visión y daños auditivos provocados por las explosiones.
La comisión advierte además de que muchas de esas
lesiones podrían haberse evitado si hubiera existido un sistema
sanitario operativo. Sin embargo, denuncia que los ataques
contra hospitales, centros de salud y ambulancias han dejado sin
capacidad de respuesta a buena parte de la red asistencial gazatí.
Uno de los apartados más duros analiza la situación
de los recién nacidos. El deterioro de las maternidades, la
falta de combustible para mantener las incubadoras y la escasez de
medicamentos esenciales han puesto en riesgo la vida de miles de
bebés desde el inicio de la ofensiva.
A ello se añade el impacto psicológico. El
informe recoge testimonios de menores que han presenciado la muerte
de familiares, han vivido durante meses entre ruinas o han sido
desplazados repetidamente sin disponer de un lugar seguro. Los
investigadores sostienen que las secuelas en salud mental marcarán
durante décadas a toda una generación.
La educación tampoco ha escapado a la destrucción.
Decenas de centros escolares han sido bombardeados o utilizados
durante el conflicto, interrumpiendo prácticamente por completo la
escolarización de cientos de miles de niños. Para la comisión, el
colapso educativo no constituye un daño colateral, sino una de las
consecuencias más profundas y duraderas de la guerra.
Hospitales, escuelas y hambre
El informe dedica capítulos específicos a los ataques
contra infraestructuras civiles esenciales para la infancia.
Hospitales pediátricos, maternidades, escuelas, centros de acogida y
refugios aparecen repetidamente entre los escenarios investigados por
la comisión.
Los investigadores sostienen que la destrucción del sistema
sanitario ha impedido tratar heridas que, en otras circunstancias,
habrían sido perfectamente curables. Al mismo tiempo, el bloqueo
sobre la entrada de ayuda humanitaria ha agravado la
malnutrición infantil y la propagación de enfermedades infecciosas.
La ONU alerta de que el
hambre se ha convertido en un factor añadido de mortalidad.
La escasez de alimentos, agua potable y productos básicos afecta
especialmente a los menores, cuyo desarrollo físico y cognitivo
puede quedar comprometido incluso si sobreviven al conflicto.
La comisión también analiza las reiteradas órdenes de
evacuación emitidas por el Ejército israelí, que han obligado a
cientos de miles de familias a desplazarse una y otra vez dentro de
una franja cada vez más reducida. Muchos niños han cambiado de
refugio en numerosas ocasiones, durmiendo en tiendas improvisadas o
edificios parcialmente destruidos.
Una acusación con profundas implicaciones
jurídicas
El informe no se limita a describir las consecuencias
humanitarias. La comisión sostiene que los hechos
documentados deben analizarse a la luz del derecho internacional y
remite expresamente al estudio jurídico elaborado sobre la conducta
de Israel conforme a la Convención sobre el Genocidio.
En ese contexto, examina la posible comisión de crímenes
de guerra, crímenes contra la humanidad y actos vinculados con
el delito
de genocidio, una de las acusaciones más graves
contempladas por el derecho internacional.
No es la primera vez que organismos internacionales utilizan
términos de esta gravedad. La Corte Internacional de
Justicia mantiene abierto el procedimiento
iniciado por Sudáfrica contra Israel por presunta
vulneración de la Convención sobre el Genocidio, mientras que
la Corte Penal Internacional investiga
posibles crímenes cometidos durante el conflicto.
Israel rechaza de forma sistemática estas acusaciones.
El Gobierno de Benjamin Netanyahu sostiene que actúa en legítima
defensa tras los ataques perpetrados por Hamás el 7 de octubre de
2023 y defiende que sus operaciones militares tienen como objetivo
destruir la infraestructura del grupo islamista, al que acusa de
utilizar a la población civil como escudo humano. Las autoridades
israelíes han negado reiteradamente haber cometido genocidio y
cuestionan los informes elaborados por distintos organismos de
Naciones Unidas.
Sin embargo, la comisión considera que el nivel de
devastación alcanzado en Gaza no puede entenderse únicamente como
una consecuencia indirecta de las operaciones militares. Los
investigadores describen un patrón continuado de ataques que ha
afectado de manera desproporcionada a la infancia palestina y
sostienen que las condiciones impuestas sobre la población civil
—desde la destrucción de hospitales hasta las restricciones a la
entrada de ayuda humanitaria— han creado un entorno incompatible
con la protección que el derecho internacional otorga a los menores
en cualquier conflicto armado.
La conclusión del informe resulta tan contundente como
inquietante: incluso si mañana cesaran por completo los combates,
las consecuencias de esta guerra seguirán acompañando durante
décadas a cientos de miles de niños palestinos. Muchos han perdido
a sus familias; otros convivirán de por vida con amputaciones,
discapacidades o traumas psicológicos. Para la comisión de la ONU,
la ofensiva israelí no solo ha causado una emergencia humanitaria
sin precedentes, sino que ha comprometido el futuro de toda una
generación.