El hombre que cobra 5.400 euros por acostarse con
mujeres cuenta lo que desean
Las razones que llevan a las mujeres a recurrir al
sexo de pago son muy similares a las de los hombres, tal y como explican
testimonios como el de Ryan James
El Confidencial
06.09.2016
Pese a que los colectivos contra la criminalización de
la prostitución cuentan con cierta relevancia mediática en todo el mundo, tratando de visibilizar a los trabajadores del sexo que
ejercen la profesión libremente, la prostitución masculina sigue siendo un tema
oculto.
Un informe realizado en 2015, llamado 'Radiografía de la prostitución en España',
reflejó un estudio en el que los clientes explicaban por qué acudían a la
prostitución femenina. Explorar su sexualidad o disfrutar del sexo con gente
diferente fueron algunas de las razones más repetidas, pero ¿por qué se recurre
a la prostitución masculina?
Constituye un colectivo mucho más invisibilizado,
probablemente porque la huella de la explotación sexual no es tan agresiva como
en la prostitución femenina, donde se suele poner el foco. La ONU calcula que
unas 140.000 mujeres son
secuestradas por redes de explotación sexual cada año en Europa y los datos del
Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad muestran que solo en
España la trata de personas mueve 3.000 millones de euros al año.
Lejos de esa polémica se encuentra la prostitución
masculina, que ha visto exponencialmente aumentada su
demanda desde que
empezó la crisis.
Ryan James, uno de estos acompañantes, lo tiene claro. Él
trabaja en Sydney, donde ofrece diversos servicios que cuestan entre 400$
(359€) y 6.000$ (5.380€), y que incluyen desde una hora de hotel hasta
fines de semana enteros.
Esa es una de las grandes diferencias entre
la masculina y la femenina: cuando la prostitución es heterosexual, según
los expertos, las clientas femeninas se mueven mayoritariamente dentro del
sector del lujo; un factor que -entre otros
más cercanos a las relaciones de género- aleja el fantasma de la explotación. En el 'alto standing',
la prostitución suele ejercerse por voluntad propia tanto en el caso de hombres
como de mujeres.
¿Qué buscan las mujeres?
Sus servicios son reclamados por mujeres de todas las
edades, y algunas buscan cosas sorprendentes. “Muchas de mis clientas podrían ir a un bar perfectamente y ligar. Si fueran
allí y pidieran un masaje en la espalda, decenas de chicos dirían que sí; pero
cuando se quiere una experiencia sexual concreta, eso es más difícil
conseguirlo en un local cualquiera”, afirma Ryan, para quien
uno de los factores más importantes es saber darle a cada clienta lo que
quiere.
Uno de los servicios que ofrece es lo que él llama “la
experiencia 50 sombras de Grey”, una sesión de bondage suave que
causa sensación entre sus clientas, a menudo con el deseo de probar cosas
diferentes.
La
mayoría de las personas suelen buscar en la intimidad erótica a alguien que más
allá del sexo comprenda sus frustraciones
Algunas de esas mujeres tienen o pueden tener una vida
sexual bastante completa sin recurrir al sexo de
pago, pero por una serie de circunstancias están descontentas con la frecuencia o
con las prácticas sexuales que llevan a cabo en su día a día, y prefieren
recurrir a la discrección de un desconocido.
No solo sexo
“La mayoría no quieren solo sexo, sino también
compañía”. Ese no es un requisito únicamente de las mujeres. La búsqueda de algo de calor humano, aunque sea necesario pagar por él
es más común de lo que pensamos cuando la gente acude a servicios eróticos, como
ya ha publicado ‘El Confidencial’. Son personas que
suelen buscar en la intimidad erótica a alguien que además comprenda sus
frustraciones y no le juzgue por aquello de lo que se avergüenza.
Aún existe un estigma importante en el caso de las
mujeres que pagan por tener relaciones íntimas. Todavía hay quien se muestra avergonzada por recurrir al sexo de pago, incluso en su
actitud con el propio prostituto, pero también hay algunas
mujeres que lo llevan con total naturalidad, tal y como explican los propios
trabajadores.
Pese a los clichés en torno a que ellos tienen más
necesidades sexuales o a que las mujeres solo quieren hablar y compañía, los
testimonios de los profesionales eróticos coinciden en que esas fronteras no
están más que en el imaginario colectivo, y que
las razones y necesidades de ambos géneros son bastante similares, a menudo
regidas por la incapacidad de integrar socialmente sus gustos sexuales,
ya sea por vergüenza o miedo a la no aceptación, o un cóctel de soledad y falta
de sexo o intimidad en los entornos habituales.
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