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lunes, 15 de mayo de 2017

La criada, su hija y el aristócrata que muere comiendo bombones

El tiempo hace justicia a la cruel historia del señorito, la criada y una hija no reconocida
La hija sufrió el hambre y se rompió la espalda limpiando escaleras; el padre murió de un "atracón de bombones"
ElPlural
Juan Luis Valenzuela
Lun, 15 Mayo 2017

Rosario Bermudo, de 66 años, ha defendido desde hace muchos años que ella es fruto de la relación entre un aristócrata, el marido de la duquesa de Media Sidonia y su madre, sirvienta al servicio de la duquesa. Siempre se encontró con el muro de la incomprensión y del rechazo de sus supuestos hermanos. Una herencia millonaria tiene gran parte de culpa de esa oposición a reconocerla como hija legítima. Una herencia y reconocer una relación existente entre dos adolescentes de clases sociales muy distintas, el aristócrata y la sirvienta.

El ADN pone la verdad en su sitio
Ahora parece que los tribunales le van a dar la razón tras la exhumación del cadáver y verificar que las pruebas de ADN conforman que Rosario es hija de Leoncio González de Gregorio y Martí, marido de la duquesa de Medina Sidonia.
La despreciaban con el apelativo de "La Condesita"
La madre de Rosario no ha podido vivir para verlo pues falleció hace un año. Fue su propia madre, Rosario Centeno, quien le confesó el origen de su paternidad y que debía de luchar por su reconocimiento, más que por la herencia por la dignidad que conlleva. Aunque un uro de silencio funcionaba en torno a ese hecho, en la sevillana localidad de Écija a Rosario la llamaban la "Condesita" pues era un secreto a voces que era la hija "clandestina" de los aristócratas para lo que trabajó de criada en sus distintos domicilios: en la casa de Madrid, en el Palacio de Soria y en la residencia de verano de Badajoz y en el palacio de Soria.  Contaba Rosario Bermudo que la relación de su madre con el señorito Leoncio fue producto de que ella se enamoró total y locamente del señorito Leoncio y su propia madre le confesó de que "lo quiso mucho". El embarazo vino cuando su madre tenía 20 años y él, 20 años, estaba soltero.

Expulsada de la casa, "no teníamos ni para comer" 
Después ocurrió lo que suele ocurrir en estos casos. La madre perdió el trabajo de sirvienta y tuvo que emigrar a Madrid para buscar trabajo. Repudiada e ignorada, vio como aquel joven al que conocía desde su infancia, del que estaba enamorada y del que iba a tener una hija, se desentendió.  Con falsas promesas de que la ayudarían la familia de Leoncio literalmente "la echó" estando embarazada.
Infancia durísima con sus abuelos y 16 hijos
A partir de ahí una dura infancia porque "no tenían ni para comer". La madre de Rosario tuvo que dejarla en Écija al cuidado de sus abuelos mientras la madre trabajaba en la capital de España. La infancia fue muy estrecha en lo económico pues los abuelos tenían 16 hijos. Más que infancia dura de pobreza extrema. No obstante, las visitas de la madre a su hija viniendo de Madrid a Écija nunca faltaron. Una atención que contrastaba con la de su padre natural que nada quiso saber de su vástago.

De 2 a 4 millones de herencia para Rosario
Ahora el ADN y posiblemente la decisión de los jueces hagan justicia. Rosario quiere que se reconozca legalmente que es hija de Leoncio por dignidad para su madre y para poder llevar su apellido. Tampoco renuncia a la parte que le corresponda como cuarta hija del matrimonio de su padre con la Duquesa. Hay quien lo cuantifica entre dos a cuatro millones de euros aunque la familia dice que no serán más de 300.000 euros y que lucharán para que se quede en nada. Lo que nadie le va a devolver es la pena de no haber conocido a su padre aunque lo intentó en varias ocasiones pero él lo rechazó. El muro de silencio, el cordón sanitario para que no se acercara al entorno familiar paternal lo impidió llamándola "impostora", "mentirosa" y "tramposa". 

Su padre murió atragantado comiendo bombones
Los abogados le recomendaban que desistiera y que no emprendiera acciones legales y menos sin dinero: "Son gente muy poderosa, no podrás hacer nada". En unos meses la justicia dirimirá. Que sea justa y que al menos devuelva la dignidad que, a ella y a su madre, le intentaron arrebatar. Es curioso saber que mientras Rosario se jubiló por tener la espalda "hecha polvo de trabajar", su padre, el aristócrata, murió atragantado mientras comía bombones,


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