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lunes, 29 de mayo de 2017

La cruz del Valle de los Caídos es un insulto a Jesucristo:¡hay que demolerla!

Ian Gibson: “La cruz del Valle de los Caídos es un insulto a Jesucristo; por mí que sea demolida”
Coincidiendo con el sesenta aniversario de su llegada a España, acaba de publicar su último libro, 'Aventuras ibéricas', un viaje por lugares de nuestra geografía que son claves para comprender el espíritu, la cultura y la realidad que nos rodea.
La Crónica
Lunes, 29 de Mayo de 2017

Tuvo que venir un irlandés a decirnos cómo éramos realmente los españoles. Ian Gibson (Dublín, 1939) fue ese hombre. Durante décadas, el más mediático de los hispanistas, como un arqueólogo que va dando paladas a la historia, ha ido desenterrando los aspectos más polémicos y desconocidos de nuestro pasado reciente, en especial de nuestra sangrienta guerra civil y del franquismo, un aspecto oscuro que pocos han abordado con el rigor, templanza y objetividad de Gibson. Gracias a él hemos recuperado datos inéditos sobre las biografías de grandes personajes como Federico García Lorca, Salvador Dalí o Antonio Machado. Hijo de un matrimonio protestante puritano del católico Dublín, desde bien niño se sintió un “intruso en su tierra”, algo que quizá le llevó a buscar sus raíces en otra parte. “Como no tenía ganas de volver a las Islas del Norte, como las designo (“Gran Bretaña” es un insulto a los irlandeses) y me sentía absolutamente a gusto viviendo y trabajando aquí, me pareció el momento oportuno para pedir la nacionalidad española”. Desde entonces, este español con acento irlandés se ha sentido como en casa, uno más de la singular tribu hispana, lo cual no le ha impedido ponernos el espejo delante de la cara para mostrarnos nuestros vicios y defectos y para decirnos descarnadamente las verdades como pueblo y como nación. “¿Que si hemos superado las dos Españas? Se va superando el pleito, pero no se ha conseguido todavía completar el proceso. La derecha se niega a asumir el horror del franquismo”, asegura. Hoy el viejo historiador sigue paseando a sus nietos por el popular barrio de Lavapiés, “su pueblo y la capital del mundo”, como suele decir él, y allí continúa con sus estudios e investigaciones. Coincidiendo con el sesenta aniversario de su llegada a España, acaba de publicar su último libro, Aventuras ibéricas, un viaje por lugares de nuestra geografía que son claves para comprender el espíritu, la cultura y la realidad que nos rodea. En definitiva, un homenaje al país milenario que desde joven ejerció en él una profunda fascinación.
Acaba de publicar Aventuras ibéricas, un homenaje a España. ¿Qué le impulsó a escribirlo?
Pensé que después de décadas de frecuentación de la Península Ibérica,  y de biografiar a algunos de sus creadores preclaros,  ya había llegado el momento de esbozar algunas impresiones personales sobre este fabuloso minicontinente, como lo suelo definir.  Con Portugal incluido, claro.

Decidió nacionalizarse español en el año 1984, ¿tan fuerte era la fascinación que sentía hacia nuestro país?
Sí, sí, tan fuerte.  Como no tenía ganas de volver a las Islas del Norte, como las designo (“Gran Bretaña” es un insulto a los irlandeses), y me sentía absolutamente a gusto viviendo y trabajando aquí, me pareció el momento oportuno para pedir la nacionalidad.  Me la concedió el Gobierno de Felipe González. Y a mucha honra.
Pero la mayoría de los españoles no sienten ese amor a la patria, aquí somos individualistas, cainitas, guerracivilistas, pocos trabajan por el bien común…
Hombre, yo creo que sí sienten dicho amor.  Se puede ser individualista y amar a su país.  Lo de cainitas, guerracivilistas y el bien común es harina de otro costal. Creo de todas maneras que hace falta un gran pacto estatal por la educación.  De la calidad de la educación –me refiero a la que se llamaba antes enseñanza pública– depende todo lo demás.  Hay que enseñar en la escuela el civismo y el respeto al medio ambiente, además de otras cosas vitales.

Quizá en el fondo seguimos siendo un país de pícaros, como Ignacio González y tantos otros… ¿Es el español más corrupto que el resto de los europeos?
Ha habido mucha tolerancia hacia el pícaro en un país marcado durante tanto tiempo por la falta de solidez, de continuidad, de esperanza, donde la norma ha sido, como dijo Larra, tejer y destejer, y la gente ha vivido, según Américo Castro, “desviviéndose”. La expresión tan habitual de “montar un negocio” lo dice todo.  Montar un negocio no es poner en marcha una empresa sólida, es el intento de ganar mucho dinero cuanto antes y de salir pitando con la ganancia. Todo lo contrario a la actitud protestante, con su énfasis sobre la seriedad y la moral pública. Creo, en general, que los países católicos son más proclives a la corrupción que los protestantes.  Por la nefasta influencia de la confesión, claro.  El protestante está a solas con Dios y es una relación difícil, muy exigente, sin que nadie eche una mano.

¿Hemos superado ya las dos Españas?
Se va superando el pleito pero no se ha conseguido todavía completar el proceso. La derecha se niega a asumir el horror del franquismo.

Quizá, después de cuarenta años, aún nos falte madurez, cultura democrática…
Seguramente.  No olvidemos que la democracia española es una experiencia nueva, con el lastre de cuarenta años de dictadura.  No olvidemos lo de Jaime Mayor Oreja y la “extremada placidez” con la cual personas como él vivieron el franquismo. Yo diría incluso que en muchas mentes de la derecha hay una nostalgia de aquellos tiempos.

¿A su juicio qué deberíamos hacer con el Valle de los Caídos?
El Estado debería devolver inmediatamente los restos de Franco a su familia.  Ya, sin perder un segundo más. Es una vergüenza que estén todavía allí. Y devolver también los de los republicanos a las familias que así lo quisiesen. Los despojos de José Antonio Primo de Rivera se podrían meter en otro espacio del tétrico lugar, pues al fin y al cabo fue otro fusilado de la guerra, pero yo preferiría que los suyos se los llevasen también. ¿Y la cruz? Yo por mí la demolía, pues es un insulto a Jesucristo. Sería un alivio inmenso no tener que contemplarla ya más.

A veces se dice que en España subsiste un franquismo sociológico que aún sigue arraigado en los poderes fácticos como la Justicia, el Ejército y la Iglesia… ¿Qué opina usted?
Bueno, casi lo he dicho ya.  Está claro que subsiste tal franquismo sociológico, aunque en general no te lo van a reconocer quienes lo tienen metido en la masa de la sangre.

¿Para qué ha servido la ley de memoria histórica?
De algo ha servido, aunque fue –y sigue siendo, claro– muy tímida. En el fondo ha habido mucha cobardía, creo. El PSOE, después de Tejero, con una mayoría absoluta en el Parlamento, tuvo una oportunidad de oro para acabar con los símbolos fascistas y poner en marcha una ley de la memoria digna. No lo hizo y aquí estamos. Es absolutamente atroz y vergonzoso que haya todavía en fosas comunes y cunetas más de 100.000 víctimas del franquismo. En ningún país decente sería concebible.  ¡Y estamos en Europa sentados al lado de los alemanes! A partir de ahora el PSOE y la izquierda en general tienen que afrontar esta asignatura pendiente, la más importante de todas.

Obispos como Juan Antonio Reig Pla acusan a los homosexuales de “enfermos”. Eso es un insulto. ¿Tampoco hemos superado el nacionalcatolicismo?
Del todo no, pero vamos avanzando. Hace muy poco tiempo el PP en bloque era antihomosexual, ahora su actitud es más comprensiva. ¡Si Rajoy hasta asistió a la boda de Maroto! Chapó a Zapatero y a los suyos en este sentido, la ley les honra, fue una gran aportación a los derechos humanos.

Esa historia de la reconciliación entre los dos bandos enfrentados que nos habían vendido tras la llegada de la democracia, ¿se ajusta a la realidad?
No habrá reconciliación de verdad, repito, hasta que el PP no acepte el derecho de los familiares de las víctimas del franquismo a recuperar los restos de éstas. En Málaga el PP no lo ha impedido, gracias al alcalde Francisco de la Torre. Allí han exhumado a más de dos mil quinientas sin problemas.

¿Fue la Transición tal como la han explicado los historiadores o es preciso una revisión histórica?
No fue tan modélica como se ha dicho. Lo demuestra el asunto que estamos comentando. Hubo más concesiones al bando vencedor que a los perdedores, y la preconstitucional Ley de Amnistía se reveló pronto muy fallida.

Y el papel del Rey, ¿fue un héroe que salvó la democracia, como nos han contado hasta ahora?
Yo creo que cumplió con su deber, no sé si heroicamente o no, pero con decisión y valentía.
¿Ve posible una Segunda Transición, un cambio de régimen, un salto hacia una III República?
Sueño con la República Federal Ibérica pero no creo que estos ojos la vayan a ver. Me conformaría con la Tercera República Española, pero tampoco la presiento cercana. Entre tanto hay mucho que hacer entre todos.

¿Encontraremos alguna vez los restos de Federico García Lorca? ¿Dónde cree que están enterrados?
Creo que sabremos más acerca de todo ello, quizás dentro de uno o dos años. Mi opinión es que fue fusilado y enterrado donde siempre se ha dicho y que la búsqueda fracasó porque no la hicieron bien. Tenía que haber sido más amplia.

Pero no parece que haya demasiado interés por aclarar qué sucedió realmente…
Los políticos no quieren reanimar el asunto por temor a molestar a la familia del poeta, o sea a Laura García de los Ríos, presidenta de la Fundación que lleva el nombre del poeta. La familia siempre se ha opuesto a la búsqueda y, la verdad, no me convencen sus razones.
¿Ve posible una Cataluña independiente?
No, y además me parece una locura.  Primero hay que hacer la España Federal y darle un tiempo de recorrido razonable. Luego se podría ver.

Ha llegado a decir que España es un país que puede deshacerse en cualquier momento. ¿Cree que hay riesgo de que nos suicidemos como país, de que suceda otro 36?
Me refería, creo, a la falta de “solidez” aludida por Muñoz Molina en su ensayo Todo lo que era sólido. Creo que ahora, con el hundimiento del bipartidismo, el país tiene una gran oportunidad para poner en orden su casa. Y de hacerlo pactando, dialogando.  No hay que perder este tren, que podría ser el último. Confío en que prevalezca la sensatez.


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