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miércoles, 3 de junio de 2026

 


Félix Rodríguez Serrano

"(...) A mis hermanas Teresa y Candelaria, se las llevaron desde la primera noche de la detención de mi padre, recuerdo como se abrazaban llorando a mi madre, ella las aferraba con fuerza, pero los falangistas la golpearon en la cabeza con la culata del mauser y la dejaron sin conocimiento. No las he vuelto a ver desde ese día de Navidad del 36, la gente me decía que las habían vendido los curas, que alguien las había visto ese mismo día en el coche negro del jefe falangista, Francisco Rubio Guerra, camino del chalé cerquita de Firgas que era propiedad de Los Rosales. Mi madre desde esa noche no volvió a ser la de antes, a los pocos días me ingresaron interno en la Casa del Niño en San José, la pobre se quedó sola en aquella casa del Lomo Verdejo, al lado del barranco Guiniguada. La extrañé mucho los primeros meses y me enteré que le habían prohibido visitarme, por lo visto venía todos los días y se ponía fuera esperando que la dejaran entrar a verme, siempre la imaginé como una perrita abandonada que busca la felicidad perdida. Jamás nos volvimos a ver, nunca supe exactamente la causa de su fallecimiento, pero todo parecía indicar que se había tirado por los acantilados de El Rincón, seguramente no aguantó tanto dolor por nuestra perdida, tampoco las visitas nocturnas que le hacía el Fascista Francisco Bravo, yo sabía que llevaba desde soltera detrás de ella, que se aprovechó de su soledad y el asesinato de mi padre para molestarla y abusarla. Hay días que mi nieta Rosita me lleva a esos riscos del norte de la isla, allí aprovecho para lanzar alguna flor al mar..."

Fragmento de la entrevista realizada por Francisco González en abril de 1987 en Bocabarranco (Gáldar) a Teófilo Miranda Ortega, hijo de asesinados por el fascismo en Gran Canaria.

Imagen: Una larga fila de españoles, cruzando la frontera de Francia en enero de 1939.

En honor a Teofilo Miranda y su madre que se arrojó al mar para escapar de los fascistas.

Una flor al mar

Lanzose al acantilado sin pensar

le habían arrebatado la flor y hoja

solo quedó un manojo de carne floja

quedándole solo, ser libre y volar.

Algunos días lanzo una flor al mar

esperando que mi madre la recoja

el fascismo la felicidad despoja

dejándonos el consuelo de llorar.

Félix


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