Un bebé de siete meses no es un daño colateral, un terrorista, una cifra, ni una nota incómoda al final de una rueda de prensa.
Es un bebé.
Y cuando el Ejército del Estado sionista de Israel mata a tiros a un bebé y hiere a sus padres, lo que se rompe no es solo una familia, se rompe también la mentira entera con la que llevan décadas intentando tapar la ocupación, el apartheid y la violencia colonial.
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