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viernes, 28 de noviembre de 2025

 



| Moreno Bonilla y Ábalos: la coartada perfecta

ANDALUCÍA COMO ESCENARIO DE HUMO Y SOMBRAS

El último debate del estado de la comunidad no fue un examen democrático. Fue un blindaje. Un muro de humo. Juan Manuel Moreno llegó al Parlamento andaluz parapetado tras la imagen del día: José Luis Ábalos entrando en prisión provisional. Un regalo caído del cielo para un presidente que llegaba con las defensas bajas, acorralado por las mordidas de la Diputación de Almería, por la crisis del cribado de cáncer de mama y por una sanidad pública en estado de ruina funcional.

La oposición tenía todas las herramientas para desmontarlo. Vox por el barro. El PSOE por la corrupción. Las y los portavoces de Por Andalucía y Adelante por el desastre sanitario y la privatización silenciosa. Pero Moreno encontró la coartada perfecta. Un enemigo abatido en directo. Un socialista esposado en la portada. Y así, mientras la cámara seguía a Ábalos hacia el furgón policial, el presidente andaluz jubilaba cualquier intento de rendición de cuentas.

El cálculo político era obsceno. El choque entre dos realidades también. Mientras las enfermeras y enfermeros del SAS denuncian contratos basura y listas de espera de récord, Moreno presumía de “inversión histórica”. Mientras las mujeres afectadas por los cribados fallidos, aún marcadas por retrasos diagnósticos, señalan al Gobierno andaluz, el presidente anunciaba un “acto único” de mamografía, ecografía y biopsia como si acabara de inventarlo. Como si no existiera desde 2011, como recordó el PSOE. La técnica de siempre: prometer como novedad lo que lleva años en un cajón.

La frase del día la puso Anabel, paciente onubense arrinconada por un diagnóstico tardío: “Juanma, me has arruinado la vida y yo te voté”. Moreno la escuchó, pero contestó acusando a la oposición de “manipular a las mujeres”. La política reducida a un espejo donde sólo él se refleja inocente.

CORRUPCIÓN, SANIDAD Y UNA ESTRATEGIA DE EVASIÓN

La escena fue casi pedagógica. Cuando María Márquez, portavoz socialista, se disponía a golpear con el caso Almería, la noticia de Ábalos encarcelado explotó como un cortafuegos. Vox celebró, el PP respiró y el debate se inclinó hacia ese barro moral compartido que tanto favorece a quienes quieren instalar el “todos son iguales”.

Pero no todo es igual. El PP de Almería lleva cuatro años navegando entre comisiones ilegales, chats comprometidos y adjudicaciones a dedo, como recordó José Ignacio García, de Adelante Andalucía, citando uno por uno los mensajes intervenidos por la Guardia Civil. “Pero usted no sabía nada”, repitió como martillo. El eco de la pandemia —cuando algunos se forraban mientras sanitarias y sanitarios se dejaban la vida— sigue ahí, manchando cada frase del presidente.

La portavoz de Por Andalucía, Inmaculada Nieto, fue directa al nervio: “La vía andaluza es una trampa. Usted sonríe y su entorno nos escupe”. Habló de privatización paulatina, de récords que no se celebran: récord de universidades privadas, récord de alumnado derivado a centros privados, récord de gasto farmacéutico desde que se liquidó la subasta de medicamentos. Y la frase que resume el ciclo político: “Fin de personaje. Fin de ciclo.”

Moreno replicó con la eterna letanía del agravio financiero. Que Andalucía necesita más fondos. Que Montero bloquea. Que el sistema está caducado desde 2014. Es cierto. Pero incompleto. El PP votó junto a Vox y Junts contra la senda fiscal que traía 700 millones extra para la comunidad. El presidente omite lo incómodo con la precisión de un cirujano. Y después reclama lo que él mismo rechaza.

Mientras tanto, el SAS es un edificio en ruinas, como reconocen todas las organizaciones profesionales. Faltan médicas y médicos. Se fugan especialistas. Se multiplican los contratos de días. Las listas de espera de cirugía superan las cifras de 2021. Las asociaciones de pacientes hablan de “abandono”, “puertas cerradas” y “violencia institucional”. Y las y los jueces investigan contratos a dedo mientras el Gobierno andaluz mira hacia otro lado.

La imagen final del debate es la que no quiso verse: un presidente rodeado, incómodo, pero protegido por la desgracia ajena.

Un gobierno sin respuestas que sobrevive porque otro cae.

El poder andaluz funciona así: privatiza, externaliza, culpa a Madrid, señala al de enfrente y sonríe mientras todo se quiebra.

Pero esa sonrisa se tambalea cuando una mujer le grita desde la tribuna que la vida le cambió por un fallo que se podía haber evitado.

Y ese grito no se tapa ni con Ábalos ni con nadie.

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España como prisión

La memoria del tirano,

que la iglesia custodió,

es la carga que sufrió

luego el pueblo soberano,

el pueblo republicano,

llevado hasta la extinción,

fusilado al paredón

sin compasion ni piedad.

Y por tanta iniquidad

nadie ha perdido perdón.

Y llegaron años duros,

los muertos a las cunetas

en muchas tumbas secretas

o huesos a Cuelgamuros,

haciendo trabajos duros

para abultar la condena,

sin redención de la pena

ni esperanza de horizonte.

Hubo quien huyó hacia el monte

para escapar de la trena.

Y en aquella noche oscura

que el franquismo oscureció,

hubo gente que murió,

presa de pena o locura,

vencida por la amargura

o la desesperación.

Una España de sermón,

penitencia y procesiones,

crucifijos y prisiones,

y miedo a la delación.

(C) Félix Maraña


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Un día en el peor momento.

Carta abierta a la señora Maribel Vilaplana

Señora Vilaplana:

¿Cómo puede usted seguir sosteniendo, a día de hoy, un relato que se tambalea frente a las pruebas y testimonios que han salido a la luz? Usted, periodista de profesión, estuvo presente en el almuerzo con el entonces presidente Carlos Mazón el 29 de octubre de 2024, mientras en el exterior se desataba la tragedia de la DANA que dejó 229 muertos y miles de damnificados.

Paso a paso, lo que sabemos:

- El ticket de aparcamiento confirma que usted dejó su coche a las 14:45 y lo retiró a las 19:47, justo cuando la Generalitat activaba la alerta masiva a la población.

- Compromís ha señalado que es “imposible” que usted no escuchara las conversaciones de Mazón en el reservado del restaurante El Ventorro, dadas las dimensiones del local.

- Su propio exmarido compartió un vídeo del barranco del Poyo a las 19:07, imágenes que usted pudo ver mientras prolongaba aquella comida.

- La jueza de Catarroja investiga las contradicciones de Mazón y su entorno, y su declaración se ha convertido en pieza clave para esclarecer la verdad.

- Los medios han destapado el “enigma de los 37 minutos” en los que Mazón estuvo incomunicado, tiempo en el que usted también estaba presente.

Usted no solo calló: cambió la realidad en su declaración judicial, ocultando lo que sabía y lo que vivió. Eso no es periodismo, señora Vilaplana. Eso es traicionar la esencia de una profesión que exige verdad, transparencia y compromiso con la sociedad. Mientras usted alargaba una velada, afuera morían ahogadas cientos de personas.

Lo que duele no es solo estar allí

Lo que más duele no es que usted estuviera allí, Maribel.

Lo que duele es que, sabiendo lo que sabía, eligió acompasar sus versiones a las de Mazón. Primero que salieron a las cinco. Luego a las seis. Que se despidieron en la puerta. Luego en el parking. Que la comida duró tanto. Luego que duró más. Que trabajaba en el coche. Luego que esperaba. Una pauta que encaja con él de manera casi coreográfica.

Su silencio, parcial e incómodo, ha sido la muleta que Mazón necesitaba para sostener su mentira. Él manipula horas, deshace cronologías, tornea el tiempo para encajarlo a su conveniencia. Y en ese baile usted ha bailado también.

No le escribo solo a usted, señora Vilaplana. Le escribo a través de usted, porque su silencio refleja algo más profundo: la falta de empatía de una sociedad que se acostumbra a mirar hacia otro lado mientras no le toquen la puerta de casa.

La política se aprovecha de esa distracción. Nos hacen creer que todos los políticos son iguales, que da lo mismo votar o no votar. Pero no es cierto. Antes de votar hay que pensar.

Si los ricos votan a la derecha y los pobres a la izquierda, ¿quién quiere más pobres?

Nos hacen sentir inadecuados, nos distraen de lo esencial, nos empujan a vivir con el ansia de más y más… y mientras tanto, perdemos la capacidad de ver la realidad.

Conclusión

Señora Vilaplana, su silencio no es solo suyo. Es el reflejo de una sociedad que se deja llevar por la comodidad, por el desconocimiento o por la desesperación. Pero ver negro y decir blanco es para hacérselo mirar.

La verdad no es un lujo, es una necesidad. Y usted, que estuvo allí, tiene la obligación moral de decirla. Porque las familias de 229 víctimas merecen algo más que otro silencio.

Que las familias de las víctimas encuentren paz, recuperación y justicia. Que la memoria de quienes murieron no se pierda en el ruido de las mentiras, sino que sea honrada con claridad y verdad.

Firmado,

ImanolRudy


 

A las derechas les incomoda la memoria histórica porque exige justicia y desmonta su relato del pasado; porque señala privilegios heredados que implican asumir responsabilidades políticas y morales; y, sobre todo, porque rompe el mito de la falsa equidistancia que pretende colocar en el mismo plano a la II República y al golpe de Estado militar.


 


 


 


 


 

La familia Aznar, un árbol crecido a la sombra del franquismo: del amigo de Primo de Rivera al Goebbels de la Falange

El expresidente presume del trabajo de sus antepasados durante la dictadura y lucha por que todo siga atado y bien atado

Jorge Castaño

28-11-25

ElPlural



El expresidente del Gobierno José María Aznar ha sacado pecho por el pasado franquista que atraviesan los cimientos de su familia y, lejos de retratar las sombras del régimen dictatorial, ha alegado que “no va a condenar algo en lo que mi padre participó”. Lo ha hecho en unas semanas de considerable exposición mediática debido a la promoción de su nueva publicación, recién superado el 20-N, y ha aprovechado para defender el retorno a los principios de Primo de Rivera que sus antepasados abanderaban de forma efervescente. La naturaleza de sus familiares radica en el peor de los pasados de nuestra memoria, sobre todo, la rama paterna.

El padre: imitador de Goebbels

El padre del exdirigente, Manuel Aznar Acedo, bautizado entonces como Imanol Aznar Gómez-Acedo, se afiló al partido fascista Falange y participó en la guerra civil como oficial del Ejército sublevado, siendo jefe de la Falange encargado de tareas propagandísticas y de radiodifusión. Después del conflicto armado fundó los periódicos “Hoja Oficial de Alicante” y el diario “Avance”. Aunque se licenció en derecho, estuvo al frente de la programación de la Cadena Ser durante dos décadas tras la sublevación, dirigió Radio Nacional de España desde 1962 hasta 1965, fue director adjunto de Radiodifusión en el ministerio de Información y Turismo desde 1964 hasta 1967.

Agrandando su dominio, en 1967 se convirtió en el primer director de la Escuela Oficial de Radiodifusión y Televisión, dependiente de aquel Ministerio de propaganda que encabezaba Manuel Fraga, otro conocido de la familia. Fraga y Aznar, los dos emuladores en España del nazi Joseph Goebbels. En 1975, por todos sus servicios al régimen, recibió la Orden del Mérito Civil instaurada por Primo de Rivera. Con la llegada de la Transición, como todos los franquistas que participaron del régimen criminal, fuer amnistiado.

El abuelo: diplomático arrodillado ante Franco

El abuelo del expresidente del Partido Popular y padre del imitador de Goebbels, Manuel Aznar Zubigaray, también tuvo una íntima relación con el franquismo, en cuyo régimen ocupó altos cargos diplomáticos. Dirigió varios de los periódicos más importantes de la época, como lo fueron El Sol y La Vanguardia española, este último durante la dictadura, fundó la agencia EFE y presidió la Asociación de la Prensa de Madrid, marcando un camino que posteriormente seguiría su hijo Imanol -autorebautizado como Manuel-.

 En otros planos, fue representante permanente de España ante la ONU, embajador en la República DominicanaMarruecos Argentina, ministro plenipotenciario ante los Estados Unidos y consejero del Banco Urquijo. Aznar Zubigaray se afilió al Partido Nacionalista Vasco en 1916 y fue acusado de representar a las tendencias radicales dentro del mismo. Tras su marcha a Cuba, volvió a España y formó parte del Partido Republicano Conservador de Miguel Maura y, posteriormente, del Partido del Centro Democrático.

Tras la sublevación militar del 18 de julio de 1936, se desplazó a Burgos para ponerse al servicio de los sublevados. Vinculado a la derecha por su amistad con José Antonio Primo de Rivera, Aznar Zubigaray realizó una des entrevistas más arrodilladas al dictador Francisco Franco, ‘trabajo periodístico’ del que presume la propia fundación Francisco Franco.

Y el espíritu de Franco que habita en todos ellos

En definitiva, el árbol genealógico de la familia Aznar parte de las raíces más puras del franquismo. Por ello, puede comprenderse que el exmandatario haya pedido derogar la Ley de Memoria Democrática por ser “el mayor atentado contra la convivencia entre españoles”. El verdadero jefe reaccionario del Partido Popular mantiene su perfil guerracivilista y ha llamado “ignorante” a la izquierda por “querer reescribir la historia de una manera imposible”. Aznar, orgulloso de sus antepasados, ha afirmado que “el PP es el único que puede apelar a la mayoría y a la responsabilidad ciudadana”.

“Quien pueda hacer que haga”, gritó en su momento como consigna política. Y alguno de sus súbditos, con acta de diputado y mando en plaza, respondieron. Unos fervientes seguidores que siguen vanagloriándose del dibujo que la familia Aznar proyecta sobre el mayor conflicto de la historia reciente de nuestro país. Aquella vinculación directa con el sistema asesino, golpista y opresor marca la idiosincrasia de una familia política que marca la hoja de ruta de Génova 13 en según qué aspectos políticos y retóricos.


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André Rieu live in Malta

Baldoví NO SE CALLA en la investidura de JUANFRAN PEREZ LLORCA

 


Ay Carmela - Viva la Quinta Brigada - Rolando Alarcon

 


 

Todas las cesiones de Pérez Llorca a Vox

Con un perfil absolutamente continuista, el sucesor de Carlos Mazón asume un peaje muy elevado para la aprobación de la ultraderecha, y con él la ciudadanía valenciana

Rubén Rozas

28-11-25

ElPlural



El pasado jueves era investido president de la Generalitat Valenciana Juanfran Pérez Llorca. Lo hizo en pleno vendaval por las últimas polémicas en torno al paradero de su predecesor, Carlos Mazón, el día de la DANA después de los últimos datos aportados por la periodista Maribel Vilaplana y por el restaurante en el que comieron aquel día.

Su discurso de investidura estuvo plagado de concesiones a Vox, tal y como hiciera el líder popular, en su caso para la aprobación de los presupuestos generales, y es que la ultraderecha es clave para mantener a los conservadores en el poder.

De esta manera, Pérez Llorca compró una a una las tesis de la extrema derecha: migracióncambio climático -paradójicamente en la Autonomía que más lo ha sufrido- o reparto desigual de la riqueza.

Frase a frase, el nuevo president fue deslizando su hoja de ruta, difícilmente diferenciable a la que podría haber hecho cualquier representante de Vox. Punto por punto, la persona que releva a Mazón asumió los postulados de los de Santiago Abascal en todas las materias mencionadas anteriormente.

Control de las fronteras

Desde la tribuna, en cuanto a migración aseveró que se esforzarían todo lo posible “para que los menores migrantes vuelvan con sus familias”, asumiendo que no iban a “mirar hacia otro lado cuando lleguen personas que pretenden mantener prácticas que chocan frontalmente con nuestros valores de igualdad, libertad, dignidad de la mujer y respecto a la ley”.

Asimismo, habló de las “ayudas pública” de las “organizaciones que incentivan o facilitan la inmigración irregular”: “Cero euros (…) (Habrá) garantías y controles eficaces, incluidas las pruebas de determinación de edad cuando sea necesario, para asegurar que la atención a menores no acompañaos se haga con rigor, transparencia y protección real a quien de verdad lo necesita”.

En la misma línea incidió en la vigilancia de fronteras a la que la ultraderecha tanto alude. “Continuaremos exigiendo una política migratoria seria y con cordura; una política que, dentro de la Unión Europea, exija desarrollar por completo la labor de FRONTEX para luchar contra las mafias y potenciar el trabajo en los países de origen para facilitar la inmigración circular. Y, sin duda, es necesario que el Gobierno central acabe de una vez, de desplegar el Sistema Integrado de Vigilancia Exterior (el SIVE) en las costas de la Comunitat Valenciana tal como pasa en Canarias, Andalucía y Ceuta”, indicó.

También asumió que los datos de delincuencia en los que se basa la ultraderecha relacionando el color de piel con los delitos. Antes de plantear la creación de un Observatorio valenciano de seguridad, Pérez Llorca señaló que “no tenemos que tener miedo a conocer los datos reales de delincuencia, ni el origen de quienes cometen delitos”. “Esto ya se ha anunciado por parte de la Policía Autonómica del País Vasco y también lo harán los Mossos d'Esquadra en Cataluña. ¿Por qué allí la izquierda calla y no acusa a nadie de racismo?”, pronunció.

Contra el Paco Verde Europeo en la comunidad de la DANA

El negacionismo de Vox ha terminado de contagiar al PP, y la Comunidad Valenciana es uno de los ejemplos más claros de ello. Si no el más. En la región que ha sufrido la peor gota fría que se recuerda, el ahora responsable niega después de todo el cambio climático criticando encarecidamente el conocido Pacto Verde Europeo.

Pérez Llorca y los ‘populares’ valencianos van incluso contra su partido en el continente, dado que la formación preside la Comisión Europea y es una de las que impulsa las medidas. De hecho, voces del PP dentro de España hasta el propio Alberto Núñez Feijóo las ven con buenos ojos.

Pese a la evidencia, el sucesor de Mazón tacha la hoja de ruta climática como una “imposición” de “élites europeas” que, como defiende Vox, “amenaza a nuestros agricultores”. Erigiéndose como defensor del “sector primario frente a las imposiciones de Bruselas y una impostura ecologista que las élites europeas han convertido en dogma”, Pérez Llorca promete “eliminar, mantener eliminadas o reformar todas aquellas cargas y tasas autonómicas derivadas del Pacto Verde que no aportan nada y solo condenan al sector”.

En términos de infraestructuras, pero con algo que tiene que ver con esto mismo, el líder del Consell promete “defender la continuidad de la central nuclear de Cofrentes” para no “depender de Rusia”. Y en esta línea se ha comprometido a enviar al Gobierno de España una ‘lista’ con las obras que debe realizar.

Reparto desigual de la riqueza

En un claro guiño en favor a las grandes fortunas, el ya elegido candidato asegura que va a bajarles impuestos; y en otro guiño al sentimiento patrio, confió en la Academia Valenciana de la Llengua -que ellos mismos crearon- pero matizó, por un lado, la posible falta de presupuesto para la promoción del valenciano porque, para eso, ya se encargan otros.

“Vamos a trabajar, buscar puntos en común y plantear una modificación de la ley para devolver el sentido. Creo mucho en las instituciones y creo que debemos protegerla. No se trata de recortar, sino de poner más orden”, concluyó.


 


 


Aznar y ETA

 


 



Cómo afronta la derecha la corrupción y cómo lo hace la izquierda

CUANDO LA CORRUPCIÓN ES UN SÍNTOMA Y NO UNA ANÉCDOTA

La política española vuelve a oscilar entre dos maneras de entender la corrupción. A un lado, un modelo que intenta encapsularla como si fuese una infección localizada. Al otro, una tradición que la vive como un engranaje más de su sistema. El caso de José Luis Ábalos y Koldo García ha devuelto a primer plano esa comparación incómoda sobre cómo reaccionan la derecha y la izquierda cuando la podredumbre toca la puerta de sus propias casas.

El ingreso en prisión provisional de Ábalos y García, decretado por el Tribunal Supremo ante el “extremo riesgo de fuga” y la cercanía del juicio que puede costarles hasta veinticuatro y diecinueve años de cárcel, no deja margen para edulcorar nada. El golpe político es evidente. No estamos ante militantes de base. Eran dos pilares de la maquinaria interna del PSOE y, durante años, figuras de absoluta confianza para Pedro Sánchez.

Sin embargo, llama la atención el modo en que han reaccionado ante su caída. Más que defenderse judicialmente, han optado por ruidos y advertencias. Quienes durante años ocuparon sillones estratégicos han decidido, en cuestión de días, deslizar insinuaciones sobre reuniones inexistentes, supuestos pitufeos en unas primarias celebradas hace ocho años, o incluso la posibilidad de que “abrir un melón” afectase a Begoña Gómez. Son recados dirigidos a la dirección socialista que suenan más a amenaza que a intento real de colaborar con la Justicia.

Los responsables de Moncloa insisten en que “no hay nada que esconder”. No sienten el chantaje como algo efectivo. Pero tampoco pueden evitar las ondas expansivas de una pataleta con forma de acusación improvisada. El propio Ábalos, que hace apenas unos meses se mostraba prudente respecto al papel de la esposa del presidente en el rescate de Air Europa —un asunto en el que la UCO y la Audiencia de Madrid no encontraron una sola irregularidad— ha pasado del silencio a la insinuación. Cada mensaje suena a un exministro tratando de salvarse agarrando cualquier hilo, aunque sea ficticio.

No es una situación cómoda para el Gobierno. Y sin embargo, la respuesta institucional ha sido clara. En cuanto las diligencias apuntaron a una trama de corrupción, el PSOE expulsó a los implicados, pidió perdón y trató el caso como lo que es: un delito individual, no una doctrina política. Ese es el punto de fricción histórico entre izquierdas y derechas.

CÓMO REACCIONAN LAS DERECHAS ANTE SUS PROPIOS ESCÁNDALOS

Cuando estallan escándalos en la derecha, el guion suele ser otro. Lo vimos con Gürtel. Con Púnica. Con Lezo. Con los sobresueldos acreditados. Con las cajas B confirmadas por sentencia firme. Con la destrucción de discos duros que un juez calificó de comportamiento ilícito. Y lo vemos cada semana cuando la derecha, lejos de asumir responsabilidades, transforma cada caso en un ataque a la democracia si afecta a los suyos o en una cruzada moral si implica a las y los adversarios.

La derecha convierte su corrupción en relato moral. No dimite. No asume culpas. No pide perdón. Se parapeta en que todo es una conspiración y, cuando las pruebas son irrefutables, desplaza la culpa hacia administraciones anteriores, trabajadoras y trabajadores públicos o supuestos complots invisibles. Es una cultura política que entiende la corrupción como parte consustancial del poder, no como una anomalía.

En la izquierda, por el contrario, la reacción suele ser inmediata y muchas veces traumática. No por ética innata, sino porque su base social exige controles y ejemplaridad. La corrupción duele dentro. Afecta a la narrativa propia. No se metaboliza como un coste de hacer política, sino como una herida en la credibilidad. Eso explica que Sánchez expulsara a Ábalos, Cerdán y García sin matices y que la dirección socialista repita, una y otra vez, que son “comportamientos individuales” que deben enfrentarse a los tribunales sin protección política.

Esa diferencia de tratamiento explica también la estrategia comunicativa ante el escándalo. La derecha exige dimisiones ajenas mientras se aferra a sus propios imputados. La izquierda, cuando toca uno de los suyos, activa un cortafuegos. A veces funciona. A veces no. Pero lo intenta. Esa es la grieta.

La corrupción no es un accidente en la derecha, es un método. En la izquierda, cuando aparece, es un terremoto.

El episodio Ábalos solo confirma una verdad amarga. La democracia española no se parte entre quienes tienen corruptos y quienes no, sino entre quienes los protegen y quienes los expulsan aun sabiendo que el precio es alto. Y es ahí donde se ve a qué proyecto pertenece cada cual.


 



Una frase pronunciada entre risas expone la grieta más profunda del poder judicial.

Los Comuns han presentado una querella contra el presidente de la Sala de lo Penal del Supremo, Andrés Martínez Arrieta, por algo que ningún tribunal serio debería tolerar: revelar públicamente que la sentencia contra el fiscal general ya estaba decidida mientras el tribunal seguía, supuestamente, deliberando.

La escena ocurrió el 18 de noviembre, en un curso organizado por el ICAM, que casualmente era acusación popular en la causa contra Álvaro García Ortiz. Arrieta cerró su charla con una frase que heló (y a la vez provocó carcajadas entre los asistentes):

Concluyo, que tengo que poner la sentencia del fiscal general del Estado”.

Los Comuns sostienen que no fue un chiste. Fue un delito tipificado en el artículo 417 del Código Penal. Porque “poner la sentencia” significa algo técnico: la resolución ya estaba decidida y él era el ponente.

Y eso implica más: la magistrada inicialmente designada había sido desplazada.

De hecho, Susana Polo terminó firmando voto particular defendiendo la absolución.

La querella recuerda además que otros dos jueces del mismo tribunal, Antonio del Moral y Juan Ramón Berdugo, cobraron por participar en ese mismo curso. Y señala que Del Moral codirigió en 2024 la tesis doctoral del abogado de la pareja de Ayuso, generando un conflicto de imparcialidad más que evidente.

Para Los Comuns, esta cadena de vínculos —curso pagado por la acusación, jueces del caso participando, la sentencia anunciada en público— rompe el principio de secreto de las deliberaciones y erosiona la confianza pública en la Justicia.

Por eso piden la imputación de Arrieta, el acceso a la grabación completa del acto, la lista de asistentes y la declaración de los magistrados implicados.

Porque lo que está en juego no es un procedimiento aislado, sino algo mucho más grave: un poder judicial que se ríe de sus propias reglas.

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| La crisis masculina que está reconfigurando la democracia

Por Javier F. Ferrero

MACHOSFERA, VICTIMISMO MASCULINO Y ULTRADERECHA EMOCIONAL

Es una grieta silenciosa. Una fractura que atraviesa a buena parte de los hombres jóvenes y que, sin embargo, se narra como anécdota digital. La crisis masculina no es un meme y tampoco un capricho sociológico. Es un vector político global. Un dispositivo cultural que hoy opera como cantera de votos, captación emocional y fábrica de relatos reaccionarios.

Las plataformas que moldean identidades juveniles funcionan como incubadoras de frustración. Allí donde las y los adolescentes deberían encontrar referencias plurales, encuentran discursos polarizantes. La machosfera ofrece respuestas simples a vidas complejas. Si te sientes perdido la culpa es del feminismo. Si el mercado te aplasta la culpa es de las mujeres. Si fracasas es que alguien te ha robado tu lugar. Un chollo ideológico para quienes llevan décadas viviendo de administrar el resentimiento.

Ese ecosistema forma parte de una arquitectura política mayor. Influencers como UTBH, Gallardo o los gurús de gimnasios emocionales disfrazan de autoayuda un mensaje autoritario. Hablan de libertad, pero venden obediencia. Prometen empoderamiento, pero entregan jerarquía. Una doctrina que afirma que los hombres jóvenes están siendo perseguidos. Que jueces, profesores, periodistas y movimientos sociales organizan un complot para humillarlos. Esa narrativa de victimismo masculino es la gasolina emocional de la extrema derecha internacional.

La ultraderecha ya no necesita uniformes ni marchas marciales. Le basta directos en Twitch o Youtube y un relato de masculinidad asustada que necesita enemigos para sentirse viva. La nueva derecha radical ha entendido algo que la democracia sigue ignorando: no se disputa solo el voto, se disputa la autoestima.

Y quien capture la autoestima de una generación capturará sus urnas.

EL CAPITALISMO PRECARIZA, LA MISOGINIA ORGANIZA

El neoliberalismo ha fabricado la tormenta perfecta. Los salarios se estancan, la vivienda se dispara y las expectativas vitales no son las esperadas. La precariedad económica se ha convertido en precariedad identitaria. Sin estabilidad laboral es más difícil construir autonomía, afectos, proyectos. Y cuando el futuro desaparece del horizonte, alguien aparece para explicar quién tiene la culpa.

La izquierda institucional se ha limitado a gestionar el desastre como buenamente pudo. La socialdemocracia se refugió en el lenguaje tecnocrático y abandonó el terreno simbólico. En ese vacío ha crecido una industria cultural que ofrece pertenencia, comunidad y un relato emocional. La derecha radical ha hecho lo que Gramsci avisaba hace un siglo: disputar el sentido común.

Pero aquí hay un aspecto más incómodo. Mientras el capitalismo precariza, la misoginia organiza. La crisis masculina no surge porque las mujeres avancen. Surge porque el modelo tradicional que garantizaba a los hombres un privilegio automático se ha roto sin que nadie haya construido una alternativa democrática de identidad masculina. Y ahí es donde aparece la ultraderecha emocional. No solo promete orden. Promete devolver privilegios perdidos. Restituir un mundo donde todo estaba claro para ellos. Donde la virilidad era un manual.

Los algoritmos hacen el resto. Una frase de Tik Tok, un clip de Vox, un hilo de Reddit resentido. Cadena de montaje del malestar. La polarización actúa como pegamento identitario. Y la rabia, convertida en mercancía, encuentra salida política.

Del meme a la urna.

Del chiste privado al voto público.

Del victimismo al autoritarismo.

Este fenómeno atraviesa continentes. Trump lo entendió en 2016. Milei lo explota desde entonces. Meloni lo rentabiliza con sonrisa fría. Y España no se libra. El votante joven que se radicaliza en internet no busca ideas. Busca refugio. Busca quién le explique por qué se siente tan pequeño, siendo él un hombre, en un mundo tan grande.

La democracia (y la izquierda) no puede permitirse seguir ignorando este conflicto cultural. No se trata de moralizar ni de ridiculizar. Se trata de disputar el sentido de la masculinidad. De decirles a los hombres jóvenes que su crisis no es culpa de las mujeres, sino de un sistema que los quiere solos, competitivos, agotados y aislados. Un sistema que necesita convertir cada inseguridad en mercado, cada frustración en algoritmo y cada herida en oportunidad de negocio.

La ultraderecha ofrece una salida falsa. La izquierda no ha ofrecido ninguna. Y el vacío, como en política siempre ocurre, se llena con ruido, miedo y caudillos digitales.

El siglo XXI tendrá que enfrentar este conflicto sin paternalismo ni condescendencia. Porque lo que está en juego no es solo el bienestar masculino. Lo que está en juego es el futuro democrático.

No habrá democracia sólida con una masculinidad que necesite destruir para existir.

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