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miércoles, 31 de octubre de 2018

Las diócesis extremeñas y el Manual del cura pedófilo


Las diócesis extremeñas sugieren instalar cristaleras en los despachos de los sacerdotes

La provincia eclesiástica de Extremadura hace públicos los protocolos propios contra la pederastia que redactó el pasado marzo

El HuffPost


Madrid
Instalar puertas de cristal completamente transparentes y cristale­ras en despachos de sacerdotes, llevar a cabo como norma una política de "puerta nunca cerrada" en las estancias en las que un clérigo se reúna con un menor, examinar a un niño enfermo o herido en presencia de otro adulto, evitar hacer fotos privadas de imágenes de menores y que los padres participen en los grupos de WhatsApp y otras redes sociales que se utilicen para organizar las actividades. Estos son algunos de los puntos del protocolo que la diócesis de Plasencia (Cáceres) puso en marcha a principios de año y que ahora, tras las recientes publicaciones de los casos que la Iglesia silenció, ha hecho público el pasado fin de semana en su revista diocesana. “Queríamos que la gente supiera que desde principios de año nosotros hacíamos las cosas bien”, ha explicado este miércoles una portavoz del obispado placentino.


Tras distribuir el 27 de marzo dicho protocolo a los sacerdotes y a los directores de colegios, las otras dos diócesis de la provincia eclesiástica extremeña —Coria-Cáceres y Mérida-Badajoz— se adhirieron a seguir la norma. “El documento está orientado a prevenir y, en su caso, a detectar y denunciar, así como a actuar con rapidez y firmeza ante el abuso sexual perpetrado en las actividades pastorales llevadas a cabo por la diócesis de Plasencia, informando sobre las leyes civiles y eclesiásticas actualmente vigentes sobre este asunto”, introduce el protocolo. 

Los puntos que componen el documento son idénticos a los que en enero de este mismo año el obispado de Astorga publicó y distribuyó al resto de las 70 diócesis de España. También en esta norma extremeña aparece la obligatoriedad de denunciar los casos ante la fiscalía, como dicta la Ley del Menor de 2015. Además de obligar a presentar un certificado negativo del Registro Central de Delincuentes Sexuales a todos los seminaristas, catequistas y demás personas que vayan a tener un posible contacto con niños, el documento “insiste en el deber de reserva” en las personas que han detectado el supuesto abuso. “[El denunciante] debe ser discreto y guardar la confidencialidad de lo que ha conocido, sin que quepa ningún tipo de difusión, ni pública ni privada. Solo comunicará lo que sabe a los profesionales implicados en la intervención para resolver el problema y, en su caso, a los padres”, recoge el protocolo. 

El protocolo oficial de la Conferencia Episcopal Española, publicado en 2010, solo “invita” a los denunciantes a que notifiquen el hecho a las autoridades competentes. Después de que EL PAÍS publicase hace unas semanas una información sobre el silenciamiento de la Iglesia Española de casos de pederastia, la cúpula eclesiástica española anunció la creación de una comisión reservada para actualizar los protocolos contra los abusos. El papa Francisco se reunirá con los presidentes de las conferencias episcopales de todo el mundo para tratar el tema de la pederastia entre los días 21 y 24 de febrero del próximo año.

EL MANUAL

Tarcísio Sprícigo fue condenado a 15 años de prisión. En su manual, recomendaba “iniciar” sólo a menores recogidos de la calle o de las comisarías, porque en su condición de indefensos era más difícil que los sacerdotes fuesen descubiertos: “hay que presentarse siempre como el que manda. Ser cariñoso. Nunca hacer preguntas, pero sí tener certezas. Hay que conseguir chicos que no tengan padres y que sean pobres y jamás involucrarse con niños ricos”–escribió.

Sprícigo también contaba parte de sus aventuras. Éstas son algunas de las frases más espeluznantes: “me preparo para salir con la certeza de que tengo a mi alcance a todos los chicos que me plazca”; “hacer el acto sexual cuando tengo la certeza absoluta de que el niño mantendrá el secreto”; “desde hace dos días que no me hago ninguno”; “me llueven chicos que son seguros y confiables, que guardan total secreto, que sienten la carencia del padre y viven solamente con la madre, están por todas partes”; “estoy seguro y calmo. No me agito. Soy un seductor y después de haber aplicado correctamente las reglas, el niño caerá en mis manos… y seremos felices para siempre” –escribió en su “recetario”.

Como no hay manual sin reglas, este cura redactó, además, una especie de decálogo del cura pedófilo. Algo así como los 10 mandamientos:

1. Edad: 7, 8, 9, 10.

2. Sexo: masculino.

3. Condiciones sociales: pobres.

4. Condiciones Familia: preferiblemente un niño sin padre, solo con una madre soltera o con su hermana.

5. ¿Dónde encontrar?: en las calles, las escuelas, las familias.

6. ¿Cómo engancharlos? clases de guitarra, coro, acólitos.

7. Lo más importante es mantener a la familia del chico enganchada.

8. Mayores posibilidades: en un niño que es cariñoso, tranquilo, sin inhibiciones, que carecen de padre, sin reparos morales.

9. Su punto de vista: ver lo que el niño disfruta y dárselo a cambio de la retribución de entregarse a mí mismo.

10. ¿Cómo presentarse?: Siempre cierto, grave, que domina la situación, nunca hacer preguntas, siempre tienen certezas.

Ante los jueces, Sprícigo declaró que la idea de este manual había sido espontánea, y que casi había sido una revelación divina porque según él “después de mi debilidad en el campo sexual, aprendí una lección. Y éste es mi solemne descubrimiento: ¡Dios perdona siempre, pero la sociedad nunca!” –declaró.


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