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viernes, 24 de marzo de 2017

La Dolores....

Cospedal ya hace negocio con el atentado de Londres
Público
23 Marzo, 2017
La ministra Cospedal, como anteriormente el Señor de la Guerra, Pedro Morenés, como la industria armamentista después de los últimos atentados de Paris (al día siguiente subieron sus acciones), como siempre que se produce un ataque terrorista y mueren personas, ya ha puesto a funcionar la maquinaria mediática y la caja registradora para obtener el mayor rédito posible de los muertos. Objetivo: el 2% del gasto en Defensa del PIB. Hablando en plata: más de 22.000 millones de euros anuales.

 Afirma Cospedal que es necesario fortalecer el vínculo con EEUU por la amenaza terrorista, esto es, plegarse a sus designios y gastar el 2% en Defensa. Claro está, para que cuando lleguemos a los 22.000 millones de euros pensemos en los 35.000, porque los rusos gastan todavía mucho más y una Guerra Fría, una buena Guerra Fría, no la de chichinabo que tenemos ahora y que se le hace escasa a la industria de las armas, supone gastarse un dineral en armas. Por ejemplo, en el cazabombardero más caro del mundo, el F-35, cuya unidad cuesta entre 90 y 110 millones de euros, ese que nos venderán los norteamericanos si llegamos al imprescindible 2% y que ya estudia nuestra cúpula militar.


Es cierto que el F-35 es la hostia, mucho más que la hostia. Y el S-80, el submarino que no flota; y el A400M, el avión cuyos motores fallan; y el Leopard, que tenemos decenas de unidades despiezadas y almacenadas por no poder pagar el combustible; y mucho más. Pero lo que todavía nadie es capaz de aclararme es cómo todo este material bélico de ultimísima tecnología va a conseguir, el día que funcione y tengamos dinero para que opere, que no se produzca un atentado en España o en cualquier otra parte de Europa o del mundo. ¿Hubiera protegido todo ese arsenal a los fallecidos en Londres, Bruselas, Berlín, Niza o París? Parece difícil, por no decir imposible. Mucho imposible, en palabras que nuestro presidente entienda.

Si la guerra ha evolucionado, es innegable que el terrorismo también, pero lo que no ha cambiado ha sido el trasfondo de la partida que estamos jugando en el Oriente Próximo desde hace más de cien años y en el mundo desde hace milenios. Los atentados terroristas favorecen los intereses de las élites porque les permiten justificar lo injustificable, embarcarnos en carreras armamentistas que nada resolverán y en guerras frías que solo beneficiarán a las industrias, las empresas, los poderosos y los políticos.

Resolver la cuestión no es fácil. Tal vez, inclusive, puede que imposible, puede que siempre haya alguien que encuentre la suficiente motivación como para matar a los demás, o intentarlo, pero lo que es irrefutable es que con carros de combate, portaaviones, submarinos, fragatas y todo el arsenal que se comercia a día de hoy el problema no se resolverá. Necesitamos conseguir que el musulmán que se siente marginado en Europa deje de tener este sentimiento, que es una realidad en muchos casos, y que el musulmán que habita en Oriente Próximo deje de convivir entre el hambre, la muerte y la destrucción. Si conseguimos estos dos objetivos, al menos si invertimos el suficiente dinero en lograr estas metas, si conseguimos cambiar la errónea dirección que nos conduce al abismo, solo si hacemos eso tendremos una posibilidad.

Mientras los mayores traficantes de armas se encuentren en nuestros gobiernos, mientras nuestro propio rey le venda armamento a un país que está cometiendo crímenes de guerra y que se encuentra muy cercano al yihadismo no vengan a decirnos que llevarse bien con los norteamericanos sirve para luchar contra el yihadismo. Mucho menos que aumentando el presupuesto en Defensa nuestra vida será más segura. Y mucho menos cuando la tragedia todavía nos mantiene conmocionados.

Es mentira y, además, es de muy mal gusto.

Luis Gonzalo Segura, exteniente del Ejército de Tierra y autor de dos novelas (Un paso al frente en 2014 y Código rojo en 2015).


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